¿Qué es la pax narca?... López Obrador exalta a Sinaloa por bajos índices de homicidios en tierras del narco
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En Sinaloa se vive una pax narca, sin embargo, eso no significa que la violencia esté erradicada, pues puede hacerse presente en cualquier momento
Sinaloa es oasis donde las entidades de alrededor viven bajo el yugo del crimen organizado, donde el “pan de cada día” son las extorsiones, cobros de piso, secuestros, asesinatos y desapariciones.
La ‘tranquilidad’ es gracias a la supremacía de un grupo criminal, el Cártel de Sinaloa.
Andrés Manuel López Obrador presumió que el dominio del Cártel de Sinaloa en sus bastiones históricos permite mantener bajos índices en asesinatos, contrario a estados donde más células se disputan el territorio, pero esas disminuciones derivan de la llamada pax narca.
“Hay lugares en donde predomina una banda fuerte y no hay enfrentamientos entre grupos y por eso no hay homicidios”, argumentó el mandatario en su conferencia al poner como ejemplos los casos de Sinaloa y Durango.
Una realidad inocultable es el hecho de que durante mucho tiempo en México se toleró el narcotráfico con la muy equivocada idea de que eso no era nuestro problema, que nosotros, México, éramos simplemente un “país de paso”.
El problema del narcotráfico en México tiene decenios, mínimo desde mediados del siglo pasado. Pero en alguno momento se rompió el delicado equilibrio entre autoridades y crimen organizado y la cosa se complicó terriblemente.
En el sexenio del Presidente Felipe Calderón México entró a la lucha en contra en narcotráfico usando básicamente la fuerza del Estado, pero viendo los resultados tal parece que eso no fue suficiente; faltó abrir frentes en otros aspectos. Viendo las cosas hacia atrás resulta fácil ver que falló; simplemente no tenemos un aparato judicial honesto y eficiente y nunca se atacó a fondo el problema del lavado de dinero, los prestanombres del narcotráfico, esos individuos ligados al poder político y económico del país. Sabían quienes eran, pero nada se hizo para contenerlos.
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Pero las cosas cambiaron, y mucho, con la llegada a la Presidencia de López Obrador. Se hace a un lado la persecución y el combate al crimen organizado, se proclama a los cuatro vientos la rendición del Estado con la política de “Abrazos, no balazos”, los decomisos de narcóticos que antes eran por toneladas, caen a niveles ridículos y lo mas grave, las muertes por la violencia se incrementan, los criminales ahora tiene la seguridad de que poco se hará por combatirlos, y si acaso, por mero accidente, coinciden el Ejercito con los delincuentes las instrucciones son huir, no ofrecer resistencia, pisar el acelerador para retirarse y no molestarlos.
Algo que llama la atención es que el discurso de López Obrador siempre ha sido muy agresivo con sus adversarios políticos y sus críticos, pero muy consecuente con los jefes de los cárteles de las drogas.
Es más que evidente que su gobierno usa toda la fuerza del Estado para amenazar a todo critico de su gobierno usando y divulgando ilegalmente información del SAT y otras instancias para desacreditar e intimidar, mientras es nula su actuación contra los criminales, a quienes jamás critica, les otorga impunidad y en el colmo del cinismo, los trata como víctimas, “son humanos” dice lastimeramente.
Y de hecho, ayer durante la mañanera, López Obrador omitió responder cuando se le planteó que los bajos índices de asesinatos podrían derivar de una paz pactada. Pero especialistas en temas de seguridad han señalado a este medio que el Cártel de Sinaloa no quiere atraer la atención del gobierno y justificar presencia de fuerzas de seguridad. De ahí que buscan mantener todo en orden.
Pues a menudo, el Ejército, la policía o la Marina intervienen con operativos al ver focos de violencia. Además, los sinaloenses procuran evitar disputas internas, pues la guerra no es conveniente a sus intereses en su principal bastión y eso conllevaría el arribo de agentes con el envío de tropas que justifiquen atender la inseguridad.
De enero hasta el mes de abril de este año, el presidente destacó que Sinaloa ha registrado solamente 151 asesinatos y en Durango, han sido apenas 40 homicidios dolosos, ubicados en el lugar 21 y 28 respectivamente, de las 32 entidades del país. Mientras que la Ciudad de México se ubica a la mitad de la lista con 226 víctimas de este delito.
“¿Dónde está Sinaloa? Miren, la media pues debe de estar por acá. Hay otras, a ver si Ese es de enero a abril, eso es lo que les estoy planteando. Pero voy a poner otro ejemplo, Durango”, precisó el presidente.
No es la primera vez que López Obrador exalta a Sinaloa. El 13 de marzo del año pasado, por ejemplo, dijo que la entidad debía ser reconocida, porque se mantenía sin tantos episodios violentos como en Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Zacatecas y Sonora.
“No tenemos los problemas lamentables, graves de violencia sobre todo de homicidios, como está sucediendo en otros estados y esto hay que subrayarlo, porque a veces se tiene la imagen de que hay mucha inseguridad en Sinaloa y esto no corresponde a la realidad”.
En su conferencia de este 15 de junio, el mandatario volvió a explicar que el 49% de los 4,850 asesinatos cometidos en el país hasta el mes de abril se concentra en seis estados: Michoacán (1,000), Guanajuato (993), Estado de México (830), Baja California (805), Jalisco (642) y Sonora (580).
La mayor parte de los homicidios, 75 por ciento, tiene que ver con enfrentamientos entre grupos de las bandas “¿Qué pasa aquí? Aquí no hay un solo grupo, aquí son como 10 distintos, entonces los enfrentamientos aquí entre las bandas son mayores, para ir entendiendo el fenómeno”, indicó sobre el caso de Michoacán.
Sinaloa ha sido cuna del narcotráfico en México cuando menos en el último medio siglo. De ahí han provenido los capos más poderosos. En esas montañas se sintetizan fentanilo y metanfetaminas en narcolaboratorios. Tan sólo del 3 al 14 de junio recientes, el Ejército desmanteló 50 centros de producción de drogas en municipios como Badiraguato, Cosalá, Elota y Culiacán.