#11F: La deuda universitaria y social con las mujeres y las niñas

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Opinión
/ 11 febrero 2026

Sin políticas efectivas, presupuestos suficientes y mecanismos de seguimiento, la equidad permanece como una promesa simbólica

Pese a que se impulsan iniciativas para fomentar la equidad de género en la ciencia, los festejos y discursos en México no logran disimular la persistente brecha que enfrentan mujeres y niñas en los ámbitos formales y laborales. En 2015, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, se proclamó el 11 de febrero (11F) como la fecha para conmemorar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, con el objetivo de concientizar y promover la participación plena y equitativa de mujeres y niñas en la ciencia, y eliminar las notorias barreras de género que mostraban los estudios y que, cabe señalar, aún persisten en distintos países en (sub) desarrollo.

En 2024 y 2025, la UNESCO reportó que las mujeres representan entre el 33 y el 35 por ciento de quienes se dedican a la ciencia a nivel mundial, un dato que preocupa por la evidente brecha en el ejercicio científico. En disciplinas tecnológicas y de incidencia actual, como la inteligencia artificial y otras carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), sólo el 22 por ciento de los profesionales son mujeres. El resultado es similar en los liderazgos científicos, pues las cifras revelan que, a pesar de los avances en el acceso educativo, las mujeres están subrepresentadas tanto en investigación como en liderazgo científico, pues sólo el 33 por ciento cumple con funciones de liderazgo y apoyo institucional. Esta desigualdad no sólo limita las oportunidades individuales, sino también el potencial global de la ciencia, que abarca desde las ciencias naturales y de la salud hasta educación y humanidades, campos donde la diversidad de perspectivas enriquece los conocimientos y soluciones a problemas complejos.

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En México, aproximadamente el 37 por ciento de los investigadores registrados en el Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras (SNII, 2024) son mujeres, lo que refleja avances, pero también una brecha persistente. En el nivel Candidato/a (el inferior), la diferencia es relativamente menor: 52 por ciento son hombres y 48 por ciento son mujeres, lo que sugiere una entrada más equilibrada al sistema. Sin embargo, a partir del Nivel 1 la brecha comienza a crecer (60 por ciento hombres frente a 40 por ciento de mujeres). En el Nivel 2, la proporción masculina aumenta a cerca del 65 por ciento, mientras que las mujeres descienden a alrededor del 35 por ciento.

La tendencia se acentúa en el Nivel 3, donde los hombres representan aproximadamente el 72 por ciento y las mujeres el 28 por ciento. Finalmente, en el nivel Emérito/a (el grado más alto), la desigualdad es más notoria, pues el 74 por ciento son hombres y el 26 por ciento mujeres. Estos datos proporcionados por el SNI dan cuenta de algo que se conoce como el efecto de “tubería con fugas” o “techo de cristal”: aunque existe mayor paridad en los niveles iniciales, la representación femenina disminuye progresivamente en los niveles más altos de reconocimiento científico. Esto sugiere barreras estructurales en la promoción, permanencia y acceso a posiciones de mayor prestigio dentro del sistema científico.

En asuntos de liderazgo las cifras decaen, pues la mayoría de los directivos y líderes de facultades, cuerpos académicos y centros de investigación son hombres, lo que representa un obstáculo administrativo para la paridad de género y el acceso a espacios de liderazgo. Recientemente, el caso del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) es un escándalo nacional, que no es ajeno a las prácticas locales.

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Aunque las autoridades presentan una idea fantasiosa de entusiasmo y festejo por considerar tener instituciones “fuertes y seguras”, los datos muestran que el acceso a la ciencia sigue siendo favorable sólo para los hombres y que las mujeres continuamos enfrentando barreras estructurales para el desarrollo profesional. Esta contradicción pone en evidencia que los discursos oficiales no se traducen en condiciones reales de igualdad ni que existe una voluntad de las autoridades por cambiarlo, sino que continúan reproduciendo desigualdades históricas.

Sin políticas efectivas, presupuestos suficientes y mecanismos de seguimiento, la equidad permanece como una promesa simbólica que continúa dejando en desventaja a las mujeres en la ciencia, y a las niñas con la falsa esperanza de creer que este país y estado les dará acceso a un mundo científico de calidad, construido con la voz de mujeres y hombres, y finalmente limitando las aspiraciones científicas de niñas y jóvenes, comprometiendo así el desarrollo científico del país.

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nahayeli.gomez@gmail.com

Doctorante del programa de excelencia y competencia internacional en Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del General San Martin (Argentina), maestría en marketing e innovación social de la UAdeC. Especialista en Procesos de Lectura y Escritura (cátedra UNESCO y la Maestría en Análisis del Discurso) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Lic. en Ciencias de la Comunicación con acentuación en periodismo por la UAdeC.

Actualmente codirige una línea de investigación a nivel nacional sobre la interacción política en las redes sociodigitales. Dirige el Observatorio de Fenómenos en Internet “Diálogos digitales” que pertenece a la Red Nacional de Observatorio de Medios del CONEICC. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Coahuila (unidad Laguna). Autora de libros y textos científicos.

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