Apartheid sexual
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Imagino que el flamante Alcalde de Saltillo no es muy aficionado al cine.
Quizás porque ha estado muy ocupado los últimos años construyéndose una carrera política, pero se me hace que al señor Jericó la última vez que se le vio en alguna de las salas de la ciudad fue en su modalidad de "Furcio", es decir, como monigote digital publicitario para su campaña electoral.
Claro que puedo estar equivocado y resulte ser que el tal Jericó o Yericó sea todo un amante y experto del arte sobre celuloide, en cuyo caso considero que mi error sería perfectamente excusable.
Lo digo porque de ser un cinéfilo -al menos promedio-, el Alcalde habría asimilado algunas de las valiosas lecciones que suelen dejarnos las historias en la pantalla.
Quiero aclarar que no pienso que la última finalidad del séptimo arte sea moralizante, sin embargo es bien frecuente que en cine la experiencia estética se complemente con una enseñanza humanística.
Digo, como si la Historia no nos hubiera enseñado ya con sobrados ejemplos sobre las inconveniencias de separar a los miembros de una misma sociedad debido a su sexo, creencias religiosas u origen étnico, allí está el cine para refrendarnos esta misma idea de tanto en tanto. Por ejemplo, en "Invictus" -actualmente en cartelera- el Nelson Mandela que interpreta Morgan Freeman, tras asumir la presidencia de Sudáfrica, en vez de erradicar las instituciones que simbolizaban al abominable apartheid, decide no sólo mantenerlas, sino de hecho utilizarlas a favor de su plan de unificación.
La tesis de este Mandela cinematográfico es que destruir una Sudáfrica blanca para construir una Sudáfrica negra sólo alimentaría el ciclo separatista y nada bueno en realidad conseguiría con ello para su país. Él quiere una nueva sociedad, sí, pero hecha con todos los ladrillos que tenga disponibles. De allí que me asombre tanto la refulgente idea del Alcalde de crear un servicio de transporte para uso exclusivo del sector femenino. Admito que quizás -sólo quizás- sea cierto que una dama enfrente graves inconvenientes o dificultades como usuaria del transporte público.
Pero aún y si ese fuera el caso, el enfoque con que el Alcalde está enfrentando el problema es completamente erróneo, a todas luces equivocado (¿O seré el único que lo percibe de esta manera? Espero que no).
Destinar una línea de transporte exclusiva para mujeres es en principio discriminatorio, además de definirnos como una sociedad incapaz para la convivencia.
Las acciones de un Gobierno jamás deben estar encaminadas hacia la segregación, sino al mejoramiento de la coexistencia.
Una política de apartheid sexual sólo entraña retroceso, es retrógrada aunque se nos intente vender como una iniciativa vanguardista. Quizás para el Alcalde su idea hasta peque de inocente y forme parte de una bella utopía radicada en su cabeza en la que lindos camiones rosas transportan a niñas, madres, mamacitas y no tan niñas por toda la ciudad.
Pero comenzamos por usar autobuses diferenciados y más tarde terminamos sin poder utilizar la misma banqueta.
Insisto: una sociedad no puede encaminar jamás sus pasos hacia la segregación, al contrario debe seguir siempre la ruta de la integración, de la convivencia pacífica.
Claro, como todas las cosas que valen la pena, es ésta última una senda más ardua y larga, sin embargo es tremendamente simplón salir con una política discriminatoria como propuesta de solución.
Entiendo que sería mucho más difícil y costoso en todos los sentidos tener todas las unidades de transporte en óptimas condiciones para uso y disfrute de todos los ciudadanos sin distinción de sexo, así como educar a todos los operadores para que den indistintamente un buen servicio. Claro que es mucho más difícil trabajar en el fomento de los valores, de la educación cívica, de la educación sencillamente, así sin más epítetos. Es más complicado pero allí estarían las verdaderas soluciones, no en el separarnos en niños y niñas como si la sociedad estuviese formada por puros chiquillos incorregibles.
El Alcalde prometió una revolución total al sistema de transporte de la ciudad, pero la calidad de esta propuesta en particular me pone a pensar seriamente en sus esquemas mentales. Reitero: ojalá el Alcalde viera más cine, algunas moralejas le podrían resultar útiles. Me pregunto si sabrá que los miércoles hay precios especiales.
petatiux@hotmail.com