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Que los perdone Ciro

Opinión
/ 2 octubre 2015
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En 1997, novel aún CNI Canal 40, una acalorada discusión editorial intramuros concluyó con la decisión de transmitir un programa especial sobre la pederastia del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Un mes duró la preparación de un programa, durante el cual las fuerzas políticas más inimaginables se unieron para presionar, amagar y amenazar al entonces propietario del canal, Javier Moreno Valle, para que no lo difundiera. Miembros del gabinete del presidente Ernesto Zedillo, capitanes de la industria y hasta jerarcas de la Iglesia católica no dudaron en ensuciarse las manos para defender a Maciel, protegido del papa Juan Pablo II, con lo que se escribió uno de los episodios más vergonzosos contra la libertad de expresión en el México de la transición democrática.

Maciel era un hombre muy poderoso en México. Fundó los Legionarios de Cristo en 1941 y durante décadas construyó un mito, erigió escuelas, universidades, compró publicaciones, y desde la Vía Aurelia, una de las calles más viejas de Roma, levantó una orden que hoy tiene a 800 sacerdotes repartidos en 22 países, con una membresía calculada en 70 mil personas. Por las aulas de sus instituciones de educación media y superior pasaron los hijos de los más acaudalados y poderosos mexicanos, quienes como en el circo romano el César, tenían la capacidad de matar o perdonar. Bajo esa cultura, la sola idea del reportaje sobre Maciel desató su furia.

Lo que preparaba el equipo editorial encabezado en ese entonces por el periodista Ciro Gómez Leyva, hoy la figura más prominente del Grupo Milenio, no era un hallazgo. En New Haven, Connecticut, empezó a revelarse la historia negra de Maciel. Molestos los grupos económicos dominantes en la región por la compra las publicaciones católicas estadounidenses The National Catholic Reporter y Twin Circle en 1995, alentaron los rumores de antiguos alumnos del noviciado sobre la pederastia de su fundador, que se convirtieron en un reportaje de primera plana del periódico Hartford Courant en febrero de 1997. Poco después La Jornada publicó los testimonios de los sacerdotes y ex religiosos que habían denunciado al diario estadounidense los abusos sexuales contra ellos cometidos por el padre Maciel.

Nada extraordinario había sucedido con La Jornada. En mayo, dos meses después de la denuncia original, CNI Canal 40 difundió un programa donde varios de los mismos denunciantes aparecieron por primera vez ante una pantalla de televisión para contar su experiencia. La decisión de ponerlo al aire culminó una ola de presiones. En la víspera de la transmisión, el entonces secretario de Comunicaciones y Transportes, Carlos Ruiz Sacristán, le pidió que no lo pasara, porque habría represalias y podría ser acusado de difamación. Antes, en la misma lógica supresora, el entonces rector de la Universidad Iberoamericana, Enrique González Torres, había advertido que "iban a creer que los jesuitas estaban detrás de eso". A cuatro horas de que saliera al aire el programa, el superpoderoso secretario particular del entonces presidente Zedillo, Liébano Sáenz, le dijo a Moreno Valle que por el bien del país no lo transmitiera.

Había amenazas directas de dos empresarios, Roberto Servitje, de Bimbo, y Alfonso Romo, metido en ese entonces en cigarreras y en la bolsa, que si se transmitía el programa, habría un boicot publicitario, por lo que Moreno Valle tuvo una reunión con Gómez Leyva y con su segundo de a bordo, Marcial Ortiz, para decidir qué hacer. La decisión fue seguir adelante con el plan y la venganza fue devastadora: en cuestión de horas, tras la difusión del programa, se cancelaron contratos de publicidad por cuatro millones de pesos. Encabezados por Servitje y Romo, el sector privado realizó el boicot publicitario más agresivo desde que en 1972 hicieron lo mismo con Excélsior, en ese entonces dirigido por Julio Scherer. Excélsior, que tenía 54 años de vida, fue rescatado por el presidente Luis Echeverría; en el Canal 40, que acababa de nacer, Zedillo avaló el boicot. Si Echeverría le salvó la vida a Excélsior, Zedillo contribuyó a que se ahogara al Canal 40, que nunca pudo revertir los efectos del boicot hasta que cambió de dueño.

Desde el primer momento de la denuncia, los Legionarios de Cristo negaron todas las afirmaciones. Maciel dijo que eran "conspiradores" que querían minar su liderazgo. El silencio fue total. Sólo dos periodistas denunciaron lo que había pasado, pero el sol ya no se podía tapar. Casos de pederastia en Estados Unidos sin vinculación a Maciel, volvieron a ponerlo bajo los reflectores del escándalo, y Juan Pablo II ya no pudo seguir defendiéndolo. El cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, lo investigó y cuando asumió la Silla de Pedro, lo forzó a retirarse del ministerio público.

Marcial Maciel murió a principios de 2008 a los 87 años, y hubo quienes pretendían su canonización, pero la historia siguió abriéndose. Apareció una hija hace tiempo, lo cual comenzó a cimbrar a la congregación. Luego vino una denuncia por 26 millones de dólares de otro hijo de Maciel -que los Legionarios ubican como extorsión-. Después llegaron informes a los Legionarios de Cristo de otros supuestos cinco hijos y de dinero que utilizó para su beneficio particular, que tienen partido a los Legionarios.

Hoy viven una convulsión interna agravada por reportes de prensa donde se están ventilando nuevos episodios siniestros de su historia secreta. Hay un sector de los Legionarios que están pidiendo internamente cuentas a los financieros de la congregación, exigiendo que les expliquen el porqué nunca les dijeron nada, porque no les creen que estuvieran ajenos a los malos pasos de Maciel. Los empresarios no han hablado. Al contrario, están tratando de lavar su culpa. El caso más claro es Romo, soporte financiero de la publicación electrónica Reporte Indigo, cuyo director -Ramón Alberto Garza- que ahora flagela a Maciel, nunca quiso oír nada malo en contrade los Legionarios cuando dirigía Reforma. ¿Dónde están aquellos que asesinaron a CNI Canal 40 por un acto de fe? Escondidos, ciertamente. Pero deberían estar avergonzados de sus actos, dispuestos a rectificar la represión cometida, rendir cuentas sobre aquella conspiración del poder y cuando menos, ya que nada es reversible, decirle a Ciro, como cabeza editorial de aquél grupo: usted disculpe.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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