Por qué yo sí festejo el Bicentenario

+ Seguir en Seguir en Google
Opinión
/ 14 septiembre 2010

No entiendo el por qué de la discusión sobre celebrar o no el Bicentenario. Bueno, la comprendo pero no justifico a los que se oponen. Sé que el país está hecho pedazos y por ello no critico el desánimo de los que dejarán pasar 15 y 16 de septiembre y 20 de noviembre como días equis o como los más amargos. No soy un patriotero, pero la fecha de los 200 años de la Nación mexicana no es sólo eso: una fecha. Lleva sangre y empeño; dolor, entrega, dichas y sinsabores. Lleva los cielos de Chihuahua y los de Chiapas, los desiertos de Sinaloa y las lluvias de Veracruz. Lleva norte, sur.
Me lleva a mí y los lleva a ustedes. Lleva nuestros muertos, también. Nos recuerda, sí, un país adolorido; también uno luchador que sobrevive a pesar de la plaga que nos azota desde siempre: los políticos. Ellos, para que vea, no merecen festejar un carajo. Menos con nuestro dinero.
Mis abuelos rascaron vetas de mina en estos 200 años y por lo menos uno murió de silicosis. Tengo familia que fue hacendada y perdió propiedades con la Revolución; otros que hicieron comercio, que pasaron hambres y todos nos formamos en la fila de las tortillas. Algunos de mis parientes se inscribieron en el programa bracero y otros vivieron en la frontera norte la Gran Depresión de 1929, me cuenta mi madre, sembrando hasta en las azoteas y empujando con sus fuerzas carros de mulas con mercaderías que vendían de pueblo en pueblo entre las sierras de Chihuahua, Coahuila y Durango. En estos años las mujeres secaron chiles y carne hasta de burro; envasaron tomates, cebollas, chiles, manzanas y membrillos; protegieron a sus hijos con furia de leonas, sin hospitales y sin medicamentos; hicieron sopas con un puño de maíz seco y quebrado, labraron tierras, partieron leña, hicieron empresa y pagaron el gas con monedas fraccionarias que sacaron -clásico- del bolsito guardado en el pecho. Se hicieron maestras, enfermeras, contadoras, amas de casa y administradoras; se emplearon en la industria y lavaron sin jabón la ropa con el agua que extrajeron con sus callos de las norias. Mi madre levantó niños de la calle durante 40 años (lo hace hoy, a sus 70 y varios); mi padre fundió toneladas de plomo para linotipos y prensas y llevó una vida honesta como periodista, alejada de la corrupción en un país corrupto y priísta. Y hoy, muy a su pesar, aún cuando ellos y mis hermanos ya no viven en la Ciudad Juárez que Felipe Calderón y su terrible guerra desolaron (se refugiaron en el sur de Texas) (con un nudo en la garganta) regresan tres, cuatro veces a la semana para atender a los chavitos que, he contado aquí, antes eran hijos de drogadictos y ahora son huérfanos. Eso y más sucedió en los últimos 200 años, ¿cómo no festejarlo si nos ha costado sudor, sangre?
Usted tiene historias similares en su casa. Búsquelas y razone conmigo esta fecha. Y muchos tendrán otras más amargas en este país a veces ingrato que se empeña en expulsarnos. Se darán cuenta que la Nación no está en la voz del individuo que da "El Grito" cada año o en el presidente en turno o en los criminales que minan la esperanza. Nuestra Nación no está en los abarroteros que especulan con la leche o en los periodistas corruptos. Mi país, nuestro país, no son los líderes sindicales, los empresarios abusones, los policías en nóminas de narcos. Mi país, el que cumple 200 años, no está representado por las lacras que cobran en las cortes o en las cámaras alta y baja.
Mi Nación es mucho más. Mi Nación son los que resisten, los que reniegan, los que no se dan por vencidos aunque a veces se tiren al piso a reposar. Son las sierras sin pinos y sin agua, los valles sembrados y los de piedras. Son los ciudadanos comunes. Mi Nación no son sus juegos pirotécnicos y sus festivales de miles de millones. Mi Nación somos usted y yo, los que estamos aquí porque queremos un país mejor y no compartimos las ideas de los vulgares saqueadores del bienestar del otro.
El festejo del Bicentenario es un festejo de resistencia. Usted y yo lo merecemos. Quédese en casa (que esa lacra política ni siquiera seguridad nos puede garantizar) y encuentre razones para recordar con gusto 200 años de sabor a Patria.
El festejo del Bicentenario es la medalla que recibe aquél que cumple con llegar a la meta. Aunque no haya ganado el maratón.

Somos un medio de comunicación digital e impreso con cinco décadas de historia; nos hemos consolidando como uno de los sitios de noticias más visitados del Noreste de México.

Como medio multiplataforma, nos distinguimos por ofrecer contenidos confiables y de alta calidad, abarcando una amplia gama de temas, desde política y estilo de vida hasta artes y cultura. Además, ofrecemos artículos de análisis, entretenimiento y recursos útiles a través de formatos innovadores en texto, fotografía y video, que permiten a nuestros lectores estar siempre bien informados con las noticias más relevantes del día.

Nos enorgullece tener un equipo editorial compuesto por periodistas especializados en Derechos Humanos, Deportes y Artes.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM