Me declaro adicto compulsivo

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Opinión
/ 12 septiembre 2010

A las personas que por ellos mismos sé que de manera regular consumen drogas y alcohol, les he preguntado la razón por la cual lo hacen. "Me hace sentir muy bien" -me responden-, "Me hace olvidar mis problemas" -me contestan otros", "Me gusta la sensación de volar alto, con las drogas lo consigo" -me comentan-.

Parte de mi oficio como escritor y conferencista de la filosofía de mi libro "La Vida, mi Amante" es escuchar a las personas al finalizar mi presentación, gente que de manera gentil me ofrece su atención una o dos horas, y a la cual a manera de correspondencia, con gusto escucho lo que me tengan que decir. Uno de esos grupos que con cierta regularidad me invitan, es precisamente "El Grupo Amor y Esperanza de Occidente", que agrupa a alcohólicos, depresivos, drogadictos y neuróticos.

Conozco el deterioro físico, mental y espiritual que el vicio cobra -les comento-. La factura a pagar es demasiado alta, se atrofian las neuronas del cerebro de manera irreversible, se contamina la sangre, los pulmones, se deteriora la imagen y el prestigio de la persona, a la que se le suelen cerrar las puertas de la vida, desperdiciando así oportunidades de oro. Lamentablemente hay varios artistas, deportistas y figuras públicas que avalan esto. Sé también de casos de papás que poco a poco se van separando de la familia, de los amigos, de sus compañeros y vecinos para terminar su existencia de manera desoladora, triste, mendigando en una calle maloliente y sucia.

Es cuando recuerdo las supuestas razones que los llevan a convertirse en adictos:

- Me hace sentir bien, olvido mis problemas, que son muchos, siento que vuelo.

Entonces les comento lo siguiente:

- Hacer eso es tanto como alejarse de casa, y corren el riesgo de que un día la distancia sea tal, que no encuentren más el camino de regreso. En mi vida nunca he padecido esas adicciones, es decir reconozco que no soy alguien que haya pasado por eso, y mis palabras no son las de un adicto regenerado. Sin embargo, conozco perfectamente las sensaciones a las que se refieren ustedes como justificantes para drogarse o alcoholizarse, es decir, yo también me considero un adicto, pues lo que hago me hace sentir bastante bien, de hecho al hacerlo olvido cualquier preocupación que como empresario y padre de familia nunca me faltan, y aunque les resulte difícil de creer, también al hacerlo siento que vuelo. La única diferencia con el vicio de ustedes es que el mío, no provoca daño alguno a mi cuerpo, tampoco a mi mente mucho menos a mi espíritu, al contrario, mi adicción enaltece, es motivo de orgullo, no deteriora mi imagen y hace que las puertas de las oportunidades permanezcan siempre abiertas. Soy un amante de la vida, mi vicio es el servicio, y mi adicción es el profundo amor que siento por la vida misma. Mi droga es bendecir y agradecer todo lo que me ocurra, también perdonar. Me dedico a fabricarme sueños y a perseguirlos hasta alcanzarlos. Cuandolo consigo, sueño con otro más grande. Amar todo lo que me rodea, es mi más grande misión. Soy el único responsable de mi dicha o de mi desdicha, de mi salud o de mi enfermedad, de mi pobreza o de mi abundancia. Jamás busco culpables, como no sea yo mismo del amor o de desamor que pueda profesar. Evito alejarme de casa, y si lo hago, busco siempre regresar. Mi casa es donde encuentro paz, salud, felicidad y abundancia. Mi casa es donde amo y me aman. Estoy plenamente convencido de que para una persona con conocimiento de sí mismo y de la vida en su cabeza, y genuino amor en su corazón, sencillamente no existen las crisis.

Por mis brazos perfectos, cuando hay tantos mutilados; por mis ojos perfectos, cuando hay tantos sin luz; por mi voz que canta cuando tantos enmudecen; por mis manos que trabajan cuando tantos mendigan. Gracias Dios, por tener un hogar para regresar, cuando hay tanta gente que no tiene a dónde siquiera ir; Sonreír, cuando hay tantos que lloran; Amar, cuando hay tantos que odian; Soñar cuando hay tantos que se revuelcan en pesadillas; Vivir cuando hay tantos que mueren incluso antes de nacer, pero sobre todo, tener poco que pedirte, y tanto que agradecerte.

Leonardo del Cío.

leonardodelcio@hotmail.com

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