Las 'mises'
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En las últimas semanas, Coahuila fue un territorio un poco más bello, a decir de las crónicas periodísticas.
Nuestra tierra, cuyo signo distintivo es la aridez del semidesierto, vivió jornadas de luz y color inundada por los encantos de las más hermosas doncellas mexicanas, por las portadoras de la gracia y el candor que el creador mandó a este planeta en embase de mujer.
En Coahuila estuvieron, y por el territorio de nuestra entidad se pasearon, las "mises", las señoritas, Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Chihuahua... Y así, hasta Zacatecas.
El motivo de su visita, todo mundo lo sabe, fue la realización, en esta nuestra ciudad de Saltillo, de la edición 2010 del certamen denominado "Nuestra Belleza", el cual tiene como propósito designar a la moza que representará a nuestro país en esa pasarela global denominada Miss Universo.
El marco del certamen no pudo ser más esplendoroso: apenas unos días antes -o semanas, la verdad no lo tengo muy claro y mientras escribía estás líneas no tuve tiempo de buscar en Google-, una compatriota nuestra, tapatía para mejores señas, había conquistado el cetro que lustros atrás -tampoco recuerdo cuantos- trajera Lupita Jones por primera vez a tierras aztecas.
¡Vaya forma de festejar el Bicentenario de la Independencia!
Bueno... Eh... Creo que el cetro de Miss Universo no formaba parte de los festejos que le encomendaron organizar -tras múltiples renuncias- al joven Lujambio, pero nos vino muy bien que el "evento" ocurriera este año.
Pero volvamos a lo nuestro: las "mises" estuvieron en Coahuila desde varios días antes de llevarse a cabo la pasarela final, el desfile en traje de baño y de noche, así como la prueba de talento.
Recorrieron las zonas de interés turístico de la entidad, grabaron cápsulas y videos para la televisión, concedieron entrevistas, accedieron a posar para interminables sesiones de fotos...
¡Y finalmente llegó el día! El fin de semana anterior, si la memoria no me falla, tuvo lugar el punto culminante del concurso. Escenografía, vestuario, luces, cámaras, micrófonos, unidades de control remoto... El Parque Las Maravillas fue literalmente "tomado" por la producción televisiva del certamen.
Alguien me dijo... ¿Quién sería?... Me dijo que tenía boletos para ir a ver a las "mises" de cerca. Pero no le hice mucho caso. Estaba terriblemente ocupado con la resolución de sesudos problemas de una materia virtual que estoy cursando en la... Bueno, eso en realidad a ustedes ha de importarles muy poco (o nada), así que no perdamos el tiempo con historias vanas.
¿En qué estábamos?... ¡Ya!: el concurso se transmitió por la telera y en un "inter" , entre problema y problema, me di una vuelta por la sala. Allí estaba mi compadre Juan Carlos, de quien les he hablado en otras ocasiones, haciendo lo que los hombres mejor sabemos hacer con un control remoto en la mano: cambiándole interminablemente de canal a la tele.
¡Y que aparecen las "mises" en la pantalla! ¡Y que nos acordamos que el dichoso concurso era en Saltillo!... ¡Y que le deja ahí mi compadre!
Tardó sólo dos minutos... 120 segundos le tomó llegar a una de esas conjeturas geniales con las cuales siempre me asombra.
-Compadre -dijo con el tono circunspecto que usa para anunciar que está a punto de parir una genialidad-: estos concursos, la mera verdad, son un fraude...
-Sí, claro -añadí, en el intento que siempre hago de adelantarme a su pensamiento-: ¿Por qué no hay un grupo de feministas exigiendo la proscripción de este tipo de certámenes que sólo convierten a la mujer en objeto sexual?
-¡No'mbre! -terció de inmediato-: ¿Quién se está quejando de que pongan una pasarela que nos permita admirar la belleza femenina?
-¿Entonces? -Pregunté ya con la certeza de que me había atrapado nuevamente con una de sus teorías improbables.
-¿Pues qué no ves? -dijo, apuntando a la pantalla, como señalando algo que a sus ojos era evidente pero que para los míos nomás no existía.
-Pues si me explicas -concedí con la mayor naturalidad que me fue posible.
-Pos está muy claro compadre: todas las señoritas que participan en estos concursos son producto, en menor o mayor medida, del bisturí. Deberían darle el premio a los cirujanos plásticos...
El apunte me sonó razonable aunque, según entiendo, en los concursos de belleza no existe restricción alguna en relación con las "ayudaditas" que las damas pueden darse por medios artificiales, así que le dije a mi compadre que eso no era razón suficiente para calificar de fraude al concurso.
-¡Pero cómo no! -me corrigió de inmediato-: ¿A poco es lo mismo tener medidas perfectas de forma natural que con base en el bisturí?
Y al cuestionamiento añadió enseguida la solución para el problema: "Lo que debe hacerse", me dijo con tono severo, "es crear un nuevo concurso: Nuestra Belleza orgánica: todo al natural".
Me convenció.
¡Feliz fin de semana!
carredondo@vanguardia.com.mx
Twitter: @sibaja3