Las Cariñosas... morbosa curiosidad

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Opinión
/ 21 septiembre 2015

Jamás las vi, más que en algunas borrosas fotografías, pero, quién sabe por qué morbosa curiosidad, cómo llamaban mi atención, quería saber quiénes eran y cómo las movían, se movían, perdón.

Todo lo que sabía de ellas era que las apodaban Las Cariñosas, ignoro quién les daría el mote, que eran tres o cuatro, tres o dos feas y una muy buenita, digo bonita, y que se dedicaban a asaltar viejitos taxistas o pensionados a base de eso, de cariño, de caricias.

Lo supe por la prensa roja, que al rato las convirtió en famosas y en sus clientes favoritas.

Pero yo quería conocerlas en persona, en vivo y a todo color, verlas de carca, soy algo cegatón, se habrá usted enterado.

Y me fui a buscarlas por los cruceros donde, según los periódicos, hacían sitio para atrapar y asaltar, con caricias, a sus víctimas.

Jamás las encontré.

Fui entonces con los taxistas, necesitaba que me dijeran cómo eran, cómo actuaban, cómo se vestían, a qué olían, etcétera, y de ser posible que me llevaran a buscarlas.

Nada, pos que les decían Las Cariñosas, que te hacían la parada o te pedían raid y después que las levantabas, te empezaban a agarrar la entrepierna, y que ¿apoco no te gustan las mujeres papito?, mira, se subían las faldas, se levantaban las blusas, al rato se bajaban del taxi como si nada y al rato el chofer ya no traía cartera.

Que eran dos gordas, prietas oxigenadas, y una aperlalita, con tetas y nalgas de ensueño, el anzuelo, la carnada, para los choferes despistados, despistados, despistados, pero calientes.

Que las morras olían a pescado, a sobacos y humo de automóvil y que siempre andaban comiendo fritangas, ya sabe, chicharrines con salsa y otras chatarras,.

En síntesis, me dijeron los taxistas, que eran unas hijas de la chingada.

Les pedí entonces que me llevaran en su busca y me llevaron, por aquí y por allá y más allá, pero nada.

No las encontramos.

Se me escondieron, el destino, la suerte, se las tragó la tierra... no sé.

Pero hoy no pierdo la esperanza de encontrármelas, de conocerlas.

He sabido por la prensa policiaca que han vuelto a la carga, a sus andadas, y no sé por qué me ha vuelto a mí esa como curiosidad morbosa, esas como ganas de encontrarlas, de verlas, de conocerlas, saber quiénes realmente son.

Reportero del Semanario Vanguardia. Ha incursionado en el género del reportaje, la crónica y el perfil, en el abordaje de distintos temas, sobre todo con un enfoque social. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila

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