¿A cambio de qué renunció Taddei al INE?
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Guadalupe Taddei debió pensar que se saldría con la suya por lo que sabía y conocía, viendo como menores sus faltas
En política es difícil prever la evolución de los grandes acontecimientos. Nadie, ni el Presidente o funcionario alguno, tiene la capacidad para controlar los efectos de un evento que signifique una ruptura mayor. Este es el caso de la denuncia/renuncia de la consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), Guadalupe Taddei. El gobierno hizo obligatoria su salida a partir de la abundante y convincente información interna sobre la desbordada corrupción de la funcionaria, promovida por el presidente del Consejo Político de Morena, el gobernador Alfonso Durazo. El INE quedaba comprometido en su misión de aportar la legitimidad.
¿Qué sucedió entre el sábado y el domingo por la mañana? La señora Taddei aseguraba que no se iría; la divulgación de información, videos y las palabras presidenciales no le importaron. Sin embargo, la tarde del 25 de octubre anunció que presentaría su renuncia en aras de proteger a la institución.
Mucho de lo que se dice es especulación. No hay manera de saber qué sucedió, pero las conjeturas pueden hilvanarse con lógica. Por ejemplo, ¿por qué la consejera presidenta suponía que sería beneficiaria del pacto de impunidad que ha protegido a muchos en la jerarquía del régimen? ¿Sobreestimó el poder de su promotor Durazo? ¿Cobraban fuerza las palabras del líder moral, quien fue ostensiblemente generoso apoyándola desde su arribo al INE? Difícil saber, pero otras hipótesis más convincentes tienen que ver con la complicidad.
La consejera Taddei, sin duda, gozó de información privilegiada sobre muchos de los pecados de prominentes funcionarios del régimen que le hacían contar con un blindaje por el valor de su silencio. ¿Cuántas cosas sabrá Taddei? Por ejemplo, seguramente tuvo conocimiento del financiamiento ilegal de Morena con los recursos del contrabando de combustible en Sonora en 2021 y en el país en 2024, asunto acreditado por Julio Scherer Ibarra en su libro publicado con el periodista Jorge Fernández Menéndez.
El problema de la mente criminal es doble: primero, no cobrar conciencia de lo que representan sus actos y, segundo, pensar que habrá impunidad, que no existirá sanción ni castigo. Es evidente que Guadalupe Taddei siempre benefició al empresario José Alfredo Hernández, desde sus tiempos de autoridad electoral en Sonora, y se sintió en libertad de beneficiarle ya en el INE. La venalidad en su desempeño no se limitaba solamente al apoyo al régimen obradorista, sino que abarcaba también la información que incriminaba al conjunto del régimen. Como en su momento señalara el gobernador Rubén Rocha Moya: “Si vienen por mí, vienen por todos”.
La señora Taddei subestimó a la presidenta Sheinbaum. La investigación ordenada por ésta tendría que haber sido una llamada de alerta. Sin embargo, debió pensar que se saldría con la suya por lo que sabía y conocía, viendo como menores sus faltas. Es muy probable que el mensaje que le llegó desde las alturas a la señora Taddei el sábado en la noche o el domingo temprano fue en el sentido de separarse del cargo; conforme más pronto, mejor. Su destino estaba resuelto. Ya no se trataba de que las cosas se enfriaran, sino simplemente de presentar su renuncia de inmediato. De ahí el anuncio, la tarde del día anterior, de que el lunes informaría a la Cámara sobre su decisión de retirarse del cargo.
¿Quién pudo ser el emisario? En tiempos del PRI, para esos menesteres, cuando el renunciado se iba a casa, se seleccionaba a un funcionario con poder de intimidación; incluso se llegaba a recurrir al procurador o a un fiscal; en otras ocasiones, al secretario de Gobernación. El mensajero es clave para contener no sólo la resistencia, la amenaza o la infidencia. ¿Quién le dijo a Rocha Moya que debía renunciar? A Gertz Manero se le tuvo que advertir que, si no presentaba su dimisión, el Senado lo removería, con todo lo que eso implicaba.
Los tiempos de ahora son diferentes, no porque existan mejores formas, sino porque la bicefalia implica que quienes reciben encargos de esta naturaleza deben tener presente que la incómoda encomienda cuenta con el acuerdo de las dos voluntades supremas. Así ocurrió con Rocha Moya en las dos ocasiones que tuvo que dejar el cargo de gobernador y con el fiscal Gertz. Seguramente así también sucedió con la exconsejera presidenta.
Un tema adquiere la mayor importancia para saber la suerte del INE y de la señora Taddei. ¿A cambio de qué renunció? El tiempo dirá. Por lo pronto, una consejera afín, Blanca Cruz, ha sido designada presidenta provisional.