Guadalupe Taddei: la ruta infausta de hacer historia
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La hoja de servicios de Taddei ha quedado manchada, acaso de forma irremediable. Y ella es la única responsable
El 31 de marzo de 2023, la sonorense Guadalupe Taddei Zavala inscribió su nombre en la historia electoral de México: se convirtió en la primera mujer en presidir el órgano responsable de organizar los comicios presidenciales. Y el título valía para toda la historia democrática del país; tanto la correspondiente a la existencia de los órganos autónomos como la previa.
Habían transcurrido 27 años desde que una mujer apareciera por primera vez en la mesa del Consejo General del órgano ciudadanizado, surgido de la reforma electoral de 1996. Jacqueline Peschard Mariscal fue la primera consejera ciudadana en ser designada para el cargo y la única representante del género femenino en la primera generación de la era de la ciudadanización.
Ayer, tras difundirse el comunicado mediante el cual anunció que hoy presentará su renuncia al cargo, Taddei añadió un segundo hito a su biografía personal: se ha convertido en la primera persona en presidir el máximo órgano electoral del país que se ve obligada a dimitir en medio de un escándalo que implica presuntos actos de corrupción.
No es poca cosa; no es un simple hecho anecdótico; no se trata de una página trivial de la historia del país.
Estamos ante un hecho particularmente grave. Porque aun cuando se trate de señalamientos que no han sido probados, los elementos que han circulado en los últimos días alcanzan para construir una idea clara en el imaginario colectivo: la Consejera Presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE) ha sostenido relaciones indebidas con proveedores de dicho órgano.
No importa por ello cuál sea la conclusión a la cual se llegue en la investigación que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) anunció recién. La hoja de servicios de Taddei ha quedado manchada, acaso de forma irremediable. Y ella es la única responsable.
Pero no sólo eso: también se ha dañado la reputación de una institución pública cuyo principal activo es la confianza ciudadana. De hecho, una de las cosas que es preciso recordar siempre es que los órganos ciudadanizados que hoy organizan las elecciones en nuestro país surgieron justamente como una respuesta al descreimiento colectivo en los resultados electorales.
El IFE primero y el INE después constituyeron la salida a una crisis institucional que volvió imposible el sostenimiento del modelo anterior, el cual implicaba que el titular de la Secretaría de Gobernación presidiera el organismo temporal encargado de organizar los comicios.
La única respuesta para recuperar la confianza en el resultado de los comicios, se argumentó durante el largo proceso de transición que condujo a la ciudadanización comicial, era la sustitución de los burócratas por ciudadanos neutrales. Y las primeras generaciones de consejeros electorales probaron el acierto.
Hoy, con la salida de Guadalupe Taddei por la puerta de atrás, no solamente ha ganado ella un lugar infausto en la historia de los órganos electorales autónomos; también se ha propinado un golpe muy fuerte a un paradigma que había servido largamente para reconstruir la democracia mexicana.