Lecciones de la lucha estudiantil

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Opinión
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Si en uno de los países con mayor tradición de educación pública una generación sale a exigir profesores, sillas y techos sin goteras, ¿con qué cara le pedimos paciencia a la nuestra?

El 17 de septiembre, docentes del liceo Saint-Exupéry, en Créteil, se fueron a huelga porque faltaban profesores de matemáticas, francés e historia. Esa misma tarde se les sumó el alumnado, con una consigna modesta: “Estamos pidiendo lo mínimo”. Desde entonces, las movilizaciones llegaron a bloquear más de mil planteles, llevaron a cientos de miles de personas a las calles y tienen bajo presión a los gobiernos de Lecornu y de Macron. Lo que parece una protesta escolar es, en realidad, la factura de décadas de desfinanciamiento de la educación pública.

Los datos lo dicen sin adjetivos. 1) Al comenzar el ciclo, en 53% de los colegios e institutos públicos faltaba al menos un profesor. 2) El promedio de alumnos por aula pasó de 27 en 2010 a 30 en 2025. 3) Hay escuelas con goteras y plagas, y aulas que llegaron a 38 grados en verano. Y según las cifras oficiales, el gasto educativo, que en 1995 equivalía a 7.8% del PIB, fue de 6.7% en 2025. En la universidad, el estudiantado reclama 250,000 plazas nuevas y becas dignas, y cuestiona a Parcoursup, la plataforma de acceso, por opaca y por ampliar las brechas entre escuelas de distinto nivel socioeconómico.

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Lo que se dice menos es de dónde viene la estrechez. Desde 2018, el gobierno de Macron sustituyó el impuesto a la fortuna por uno que solo grava inmuebles, fijó una tasa única de 30% a las rentas del capital y bajó el impuesto a las sociedades de 33% a 25%. El comité oficial de evaluación estima que lo primero cuesta más de 4,000 millones de euros al año; el Tesoro calcula que lo segundo, unos 11,000. Ambas rebajas, a las grandes fortunas y a las empresas, suman cerca de 15,000 millones al año según esas estimaciones de 2022: más de los 10,000 que piden las juventudes. No ignoro que la deuda ronda 119% del PIB ni que hay que cuadrar cuentas. Pero el presupuesto 2027 revela las prioridades: los intereses de la deuda suben unos 9,600 millones; la educación, 1,200, con 1,588 plazas de profesores suprimidas, que el gobierno atribuye a la caída demográfica. Se renunció a recaudar arriba y ahora se recorta abajo.

La respuesta del Estado, además, ha tenido costo humano: el gobierno suspendió las granadas aturdidoras después de que un adolescente de 15 años perdiera una mano. Reprimir a quien exige un pizarrón es la forma más cara de no escuchar. Y no es un reclamo marginal: 72% de la población considera legítimas las demandas.

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La historia enseña qué pasa cuando las juventudes se plantan. En mayo de 1968, la protesta estudiantil detonó una huelga general de entre 7 y 10 millones de trabajadores y arrancó un aumento de 35% al salario mínimo. En 2006, estudiantes y sindicatos lograron que el gobierno abandonara el contrato de primer empleo, una ley ya promulgada. Y América Latina conoce el guion: el movimiento chileno de 2011 puso la gratuidad en el centro del debate, y hoy cubre al 60% de menores ingresos. Tras dos meses de paro en 2018, Colombia sumó más de 4.5 billones de pesos colombianos a sus universidades públicas. En México, la huelga de la UNAM de 1999 frenó el alza de cuotas, pero terminó con la policía en Ciudad Universitaria: también eso es memoria.

¿Qué sigue? El lunes 26, el ministro de Educación presentará a sindicatos, regiones y estudiantes un primer paquete (tamaño de grupos, reemplazos, Parcoursup y horarios), que se traducirá en enmiendas al presupuesto. Entretanto, Lecornu anunció toques de queda parciales tras la violencia del 17 de octubre y Macron anunció que, donde se pueda, se prohibirán las marchas no convocadas por sindicatos; para el 5 de noviembre se perfila una huelga general. A medio año de las presidenciales, falta saber si el Estado responderá con presupuesto o con prohibiciones.

Si en uno de los países con mayor tradición de educación pública una generación sale a exigir profesores, sillas y techos sin goteras, ¿con qué cara le pedimos paciencia a la nuestra? En una región donde la cuna sigue definiendo qué escuela te toca, sobran razones para entenderlo. Afortunadamente, las juventudes del mundo están despiertas y listas para reventar a cualquier gobierno que pretenda ignorarlo.

A los gobiernos y élites de nuestro país: aprendan de esto. La lección es sencilla, la educación no la están recortando, la están hipotecando. No lo vamos a permitir.

Coahuilense Futuro Secretario de Educación de México. Apasionado de la educación y los estudios de género. Profesor en la Facultad de Sistemas de la Universidad Autónoma de Coahuila, Director Adjunto de Innovación y Conocimiento en INFOTEC y Director General de MEJORES Hombres. Ing. en Sistemas Computacionales por UAdeC, Mtro. en Administración y Liderazgo por UANE, Mtro. en Educación por Harvard, y estudiante de Doctorado en Ciencias de la Educación en UAdeC.

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