Academia de violación y silencio masculino
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La mayoría de los hombres normaliza la violencia contra las mujeres, es decir, la vulneración a un ser humano, porque no la ven como a un ser humano, sino como un elemento de uso o presea
“Cómo decirle a este hombre que él no está vivo, que nunca lo ha estado”.
Forough Farrokhzad, poeta iraní
Ante una pregunta trivial: ¿Te sentirías seguro caminando de noche cuando más adelante se encuentra un grupo de mujeres en una calle solitaria? La respuesta de los hombres es “sí”, arrolladoramente. Ahora intentemos la siguiente: ¿Te sentirías segura caminando de noche cuando más adelante se encuentra un grupo de hombres en una calle solitaria? La respuesta de las mujeres es “no”, arrolladoramente. Intercambiemos géneros ante esta pregunta y la respuesta tiene un elemento en común: el miedo a un grupo de hombres.
Lo que resulta de este ejercicio hipotético es que tanto hombres como mujeres tienen miedo de ser robados, violados y/o asesinados por un grupo de hombres. Aquí planteo una pregunta sobre el asunto de la violación: ¿qué es lo que le causa placer a un grupo de hombres que viola en grupo? Es espeluznante la cantidad de posibles respuestas.
Por cierto, no son muchos los hombres que se pronuncian en contra del porno, porque acceder a páginas y productos de este tipo les causa “placer” o les “prende” y es parte de su “intimidad”. Ya en una columna anterior abordé algo sobre el tema, por lo que hoy sólo refiero a un hecho: de acuerdo con el Departamento de Hacienda de Estados Unidos, han existido más de 100 mil páginas de internet que ofrecen pornografía infantil alrededor del mundo –lo cual es ilegal, pero representa un mercado millonario–, mientras que Hollywood, la más poderosa en capacidad de producción, ha filmado 11 mil películas para adultos por año, lo que representa más de 20 veces la producción que destina a la realización de películas para todo público.
Si hablamos de pornografía en línea, predomina cierto tipo de mirada sobre la mujer y un enmarcado popular: cuerpos a disposición, encuadres casi ginecológicos. A ello se suma la tétrica “academia de violación” con cuerpos inconscientes, ya que sin el conocimiento de las mujeres les dieron –o dan– sustancias para dormirlas. Esto, al parecer, provoca “deseo” en hombres que consumen estos contenidos al igual que una galleta procesada o una cerveza; así acceden a cuerpos sin voluntad. El agravante es que los videos en estos portales son subidos por las parejas sentimentales de dichas mujeres, con o sin vínculos legales.
Pero, ¿qué creen? En lugar de provocar una reflexión en la comunidad masculina heterosexual, ahora resulta que los más indignados con el destape de este sitio prefieren centrarse en si fueron miles o millones de usuarios en estos chats y sitios, en discutir si fueron miles los inscritos, pero las visualizaciones alcanzaban millones en videos y consejos sobre cómo violar. De esta horrenda situación se sabe gracias a un reportaje de CNN titulado Global Rape Academy.
Este silencio masculino es sólo un ejemplo de cómo la mayoría normaliza la violencia contra las mujeres, es decir, la vulneración a un ser humano, porque no la ven como a un ser humano, sino como un elemento de uso o una presea. Sí, la mayoría considera esto como algo que habitualmente pasa, cosa de un “mundo que es así”; por lo tanto, a seguir y a desplazar los dedos por tales o cuales portales de noticias sobre política, guerras y deportes.
Inicié con unos versos del poema de Forough, porque encaja perfecto aquí, precisamente porque fue una poeta y cineasta que produjo discursos lingüísticos y visuales que alteraron el orden de este mundo, que es absurdamente considerado “normal” porque así ha sido. Ella fue traducida por el músico venezolano Zorian Ramírez Espinoza, quien posee estudios en creación y reflexión poética; la versión de Ramírez fue publicada en la página virtual Círculo de Poesía.
El ser una mujer libre como creadora y ciudadana, es decir, al resistirse a ser parte de este aparador de mujeres-objeto, convirtió a Forough –de acuerdo con Ramírez– en “blanco de ataques y menosprecios de la sociedad en la que vivió, empezando por su propio padre y extendiéndose a los medios culturales e intelectuales” de su país.
Cuánta semejanza hay en el cómo se juzga raudamente a una mujer por este sistema heteropatriarcal en Oriente y Occidente, y cuántos silencios, justificaciones o lagunas legales hay para actos tan repugnantes como Global Rape Academy.
El vocablo silencio proviene del latín silentium, derivado del verbo silēre, que significa “estar callado” o “no hacer ruido”. Y sí, en este país siguen los hombres callados, sin hacer ruido sobre este espinoso tema.