Real de Catorce: la minería versus el área protegida
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Una de las joyas nacionales a custodiar
Contando números gruesos, hace 30 años que se cerró la actividad minera en Real de Catorce y los turistas somos peregrinos ávidos de ser satisfechos, sin importar a veces los ritmos locales, sus voces, sus tiempos y sus formas.
Real de Catorce, en San Luis Potosí, es un territorio que se reparte entre el imaginario y la memoria de los huachichiles y pames, la presencia de la comunidad Wixárika y, posteriormente, de los grupos mineros y colonizadores españoles con su carga católica, quienes darían paso a la fundación oficial, fechada entre 1772 y 1774, luego de encontrar inmensos yacimientos de plata.
Real de Catorce o Real de Nuestra Señora de la Concepción de Guadalupe de Álamos –como se llamaba anteriormente– pertenece al municipio de Catorce y forma parte de los Pueblos Mágicos de la República Mexicana que se mantienen de la actividad turística.
En conversación con uno de los ejidatarios de Real de Catorce, comparte que lo único que detiene la avidez de empresas mineras, que anteriormente tuvieron concesiones en la zona, es la defensa del Gobierno Federal, porque sin ese apoyo –dice– ya hubieran llegado a volver a explotar la zona, como el proyecto de megaminería a cielo abierto para extraer metales como plata y oro, iniciativa impulsada también por la minera canadiense First Majestic Silver, empresa que ya ha tenido concesiones de extracción en Wirikuta, un área considerada sagrada para la comunidad Wixárika y conformada por seis municipios de San Luis Potosí: Catorce, Charcas, Matehuala, Villa de Guadalupe, Villa de la Paz y Villa de Ramos.
Las empresas mineras no se cansan de inyectar recursos económicos para estar presentes en el cabildeo necesario. Por fortuna, el Gobierno Federal ha recuperado, al día de hoy, mil 126 concesiones mineras, lo que permitió a la vez rescatar casi 890 mil hectáreas del territorio nacional.
Por tanto, mantener a raya a las mineras en México implica impedir que se remuevan grandes capas de superficie y roca para evitar la destrucción de ecosistemas y especies únicas o endémicas. Por fortuna, Wirikuta ostenta la categoría de Área Natural Protegida.
También, detener esta iniciativa minera implica proteger a la población y su histórico derecho al agua, pues la minería requiere ingentes cantidades de agua que despojarían literalmente a los núcleos poblacionales de su sobrevivencia y de la posibilidad de realizar sus aprovechamientos agrícolas y ganaderos.
Que se mantenga la negativa a la minería en Áreas Naturales Protegidas implica que no deberá existir más la explotación minera. A su vez, organizaciones de la sociedad civil que han arropado la petición de la nación Wixárika para proteger el territorio sagrado, seguramente incidieron en el reconocimiento de la UNESCO (apenas en 2025) a la Ruta de peregrinación Wixárika a Wirikuta como Patrimonio Mundial, lo que ha reforzado desde el exterior la protección de este territorio.
Sin embargo, el emblemático Pueblo Mágico de Real de Catorce enfrenta la falta de un correcto manejo de residuos, tanto por parte de sus habitantes como del turismo copioso que acude a conocer o reconocer la arquitectura, los trayectos a elevaciones orográficas como El Quemado y El Cerro Grande, o visitar las ruinas de edificaciones mineras en el Pueblo Fantasma.
Real de Catorce es una de las joyas nacionales a custodiar. Allí se entreveran o hibridan las prácticas religiosas wixárikas y católicas. Tan importante es el cerro de El Quemado como una iglesia católica, pues es en este cerro donde sale el sol, lo que para la nación Wixárika marca el origen del mundo todo.
El vocablo “real” proviene del latín regalis, que deriva de rex o regis, lo que significa rey o regio. También hay una acepción que le otorga la etimología árabe rahál, que significa campamento o lugar de feria.