Acuaférico, una obra prioritaria para Saltillo
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Todo mundo tendría que estar empujando para que, a la brevedad posible, se concrete la gestión de los recursos necesarios para financiar la construcción de ‘acuaférico’
El crecimiento de la mancha urbana de cualquier ciudad genera, de forma inevitable, retos de carácter material para las autoridades. Algunos de estos, como la necesidad de pavimentar calles, ampliar la cobertura del alumbrado público o construir nuevas escuelas, resultan evidentes para cualquier persona. Otros no son tan evidentes, aunque resulten vitales.
Uno de estos aspectos tiene que ver con la cobertura de los servicios de agua potable y drenaje. Y es que la ampliación de sus redes no necesariamente se realiza a partir de los mejores estándares, ni siguiendo las reglas deseables.
Esto último ocurre, sobre todo, en las zonas residenciales de carácter “popular” caracterizadas por el crecimiento más o menos desordenado. Y por desordenado debe entenderse una sola cosa: que el surgimiento de nuevos asentamientos rara vez implica la realización de las inversiones necesarias en materia de servicios públicos.
Con el tiempo, los “parches” que se van añadiendo a la red terminan por ser disfuncionales para convertirse en fuente recurrente de problemas. Eso es justamente lo que está ocurriendo hoy con la red de agua potable de Saltillo y es el problema al cual pretende darse solución mediante la construcción del denominado “acuaférico”.
Este proyecto implica construir una línea que conduzca el agua directamente desde el Acuífero Saltillo Sur hasta las colonias del poniente de la ciudad, las cuales se ubican en la parte más alta de la mancha urbana y sufren desabasto cada vez que se interrumpe el servicio eléctrico.
La razón del problema, que puede dejar a cientos de familias sin suministro durante varios días, es simple: para llevar el agua a cada uno de estos hogares, el líquido es empujado hacia arriba y, cuando el servicio se interrumpe, la gravedad provoca que la tubería se vacíe.
El denominado Acuaférico pretende invertir la realidad actual, es decir, llevar el agua hasta la parte alta, a través de una línea proveniente directamente del acuífero, y que la distribución se realice por efecto de la gravedad. Se trata, sin duda, de una solución necesaria que debe impulsarse sin reticencias.
Por ello, es una buena noticia que, como lo consignamos en el reporte que se publica en esta edición, el alcalde Javier Díaz se encuentre ya en el proceso de gestión de los recursos para costear dicho proyecto ante el Banco de Desarrollo de América del Norte y el Banco Mundial, dos fuentes de financiamiento que apoyan el desarrollo de este tipo de proyectos.
Cabría esperar que las gestiones tengan éxito y que éste se registre de forma rápida, a fin de que el desarrollo de la nueva línea pueda ejecutarse en el menor tiempo posible. Porque proyectos de este tipo no deberían encontrar sino apoyo decidido por parte de todos los actores de la vida pública a quienes, se supone, interesa el desarrollo ordenado de nuestra ciudad.