¿Adoptará Latinoamérica una ‘geopolítica de guerrillas’?
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La guerra de guerrillas puede ser una respuesta defensiva frente a ataques o incursiones, pero también la usaron grupos revolucionarios que buscaban el derrocamiento de un régimen o la expulsión de una potencia colonial
Por Jorge G. Castañeda y Carlos Ominami, Project Syndicate.
CIUDAD DE MÉXICO- Las guerras en Irán y Ucrania han vuelto a poner la guerra de guerrillas en primer plano. Los conflictos en los que grupos, fuerzas o países pequeños resisten o derrotan a adversarios mucho más fuertes apelando a tácticas, armas y estrategias no convencionales se remontan a la resistencia de los escitas contra el emperador persa Darío I. Pero es más común asociar este tipo de combate con la insurgencia española tras la invasión napoleónica en 1808 (es entonces cuando surgió el término “guerrilla”).
La guerra de guerrillas puede ser una respuesta defensiva frente a ataques o incursiones (como en la España del siglo XIX), pero también la usaron grupos revolucionarios que buscaban el derrocamiento de un régimen o la expulsión de una potencia colonial, como en Argelia, Cuba y Vietnam en los años cincuenta y sesenta. Poco después del triunfo de la Revolución Cubana, el Che Guevara (el aventurero argentino que lideró la revuelta junto con Fidel Castro) escribió La guerra de guerrillas. Este breve manual práctico (que incluye consejos sencillos y afirmaciones teóricas dudosas) sirvió de guía para los grupos armados latinoamericanos en la década de 1960. Guevara también intentó poner en práctica estas enseñanzas (sin éxito) en el Congo y Bolivia.
Muchos en Occidente vieron la guerra de guerrillas (en particular la lucha del Frente de Liberación Nacional Argelino/FLN contra los franceses en Argelia y la del Viet Cong en Vietnam del Sur) a través del prisma del terrorismo. De allí que expertos en derecho internacional y bélico como Richard Falk y el difunto Charles Chaumont buscaran establecer una base jurídica para este tipo de actividad militar.
Resultaron de ello argumentos legales contradictorios. Chaumont sostenía que los combatientes más débiles estaban obligados a idear formas de lucha adaptadas a su inferioridad militar y a sus circunstancias especiales. Eso tal vez implicara atacar objetivos civiles (por ejemplo, un café en Argel). La idea, aunque dudosa, reflejaba un dilema real: lo que para unos es un terrorista, para otros es un combatiente por la libertad.
Hoy el arsenal guerrillero incluye drones autónomos y puntos de estrangulamiento marítimos, que ahora definen las guerras asimétricas en Ucrania e Irán. Ambos casos son la prueba de que países más pequeños y débiles (no sólo facciones rebeldes o grupos armados) pueden usar estas tácticas para resistir a adversarios más grandes y poderosos y generar un empate técnico.
Con armas, inteligencia y apoyo logístico de Estados Unidos y la Unión Europea, Ucrania ha logrado contener la invasión rusa e incluso recuperar una parte del territorio perdido al inicio de la guerra. También provocó numerosas bajas al ejército del Kremlin y atacó objetivos estratégicos en lo profundo del territorio ruso, gracias a sus impresionantes avances en diseño, producción y despliegue de drones. Pero todavía no es seguro que eso le baste para obligar al presidente ruso, Vladímir Putin, a aceptar una paz negociada.
Igual de incierto es el desenlace de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Con el cierre del estrecho de Ormuz (obtenido con la amenaza de ataques más que con ataques reales contra buques de carga) y arrastrando a los países del Golfo a la contienda, Irán logró situarse en una posición de fuerza. Además, la República Islámica parece más paciente que el presidente estadounidense Donald Trump, que está desesperado por obtener algún tipo de victoria y ya cometió graves errores de cálculo. Bien podría ser que Irán se alce con la victoria.
Como ya hemos visto, una interpretación errónea de los hechos reales (tanto en el campo de batalla como en el frente interno) conduce casi siempre a la derrota. Vietnam resultó vencedor en la guerra contra Estados Unidos gracias a su disposición a soportar padecimientos, a los suministros aparentemente ilimitados de armas chinas y soviéticas y a la oposición interna al conflicto en Estados Unidos. Las victorias militares del FLN, unidas al creciente rechazo del pueblo francés a las guerras coloniales, obligaron a Francia a aceptar la independencia de Argelia. Incluso el derrocamiento del régimen de Fulgencio Batista por Castro y Guevara se debió en parte a que la opinión pública y el sentimiento político en La Habana se habían vuelto contra el dictador.
El resurgimiento de la guerra de guerrillas pone de manifiesto los beneficios potenciales de la guerra asimétrica en la creciente multipolaridad del mundo actual, lo cual ofrece a países y regiones un incentivo para evaluar cómo hacer un uso eficaz de sus respectivas fortalezas.
América Latina, por ejemplo, es un actor secundario en la escena internacional, con el 8 % de la población mundial y el 6 % del PIB mundial. Pero podría compensar su debilidad relativa poniendo el acento en sus numerosas ventajas. Estas incluyen ser el mayor exportador neto de alimentos, poseer las mayores reservas de agua dulce y contar con los niveles de biodiversidad más altos. También alberga los mayores yacimientos de cobre y litio del mundo, así como vastas reservas de otros minerales estratégicos y tierras raras.
A pesar de ser la región más violenta del mundo en términos de homicidios per cápita, hace mucho que en América Latina no ha habido una guerra convencional entre países: el último conflicto de este tipo tuvo lugar en 1995 entre Ecuador y Perú. Además, la región es una zona libre de armas nucleares desde que en 1967 se firmó el Tratado de Tlatelolco (tal vez haya que exceptuar a Cuba durante los ochenta y a la Zona del Canal de Panamá, abolida en 1999).
Lamentablemente, las recientes victorias de candidatos de derecha en Chile, Ecuador, Perú y Colombia hacen pensar que algunos países de la región adoptarán una postura favorable a los Estados Unidos en vez de una política activa de no alineación. Brasil celebrará en octubre unas reñidas elecciones presidenciales, en las que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva deberá lidiar con un contendiente ultraconservador y con un ligero descenso de su popularidad (el octogenario Lula se presentó por primera vez a la presidencia en 1989). La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, mantiene altos niveles de aceptación, pero gobierna en un contexto de economía estancada y violencia generalizada, lo que la somete a la presión constante de Estados Unidos (a la que siempre termina cediendo).
El primer ministro canadiense, Mark Carney, describió a la perfección en Davos esta cambiante situación: si las potencias medias no están en la mesa, están en el menú. América Latina hoy no está en la mesa, pero a juzgar por la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, parece que será el plato principal. En semejante contexto, no sería de extrañar que el libro de Guevara encuentre nuevos lectores. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Jorge G. Castañeda, ex ministro de asuntos exteriores de México, es profesor visitante en el Institut d’études politiques de Paris (Sciences Po) y autor de America Through Foreign Eyes (Oxford University Press, 2020).
Carlos Ominami es exministro de economía de Chile y coautor de The Non-Aligned World: Striking Out in an Era of Great Power Competition (Polity, 2025).