Agenda política (15)

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Opinión
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Rojo infierno. Este y no otro es nuestro color como país a los ojos del mundo en materia sanitaria y epidemiológica. Rojo infierno. Peor que en los textos del divino Dante Alighieri. Días y semanas negras nos abaten. No es cuestión de tener bola de cristal a la mano para visualizarlo, insisto, es sólo cuestión de ver cómo caen las hojas de los árboles en el jardín de la plaza, usted toma las piezas y cuadra su puzle. Así de sencillo. Muchos, hartos comentarios me siguen llegando merced a su lectura y apostillas señor lector. Usted me habla de mi sentido de oportunidad periodística y de que mis tiradas de naipes siempre se cumplen, gracias por sus palabras.

En la pretérita “Agenda social 7” le comentaba de días negros en materia de contagios en México. Ante el nulo control, mano dura y sobre todo, falta de estrategia del gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador, los infectados se habían disparado de 6 mil a 11 mil diarios. Al parecer, eso era juego de niños y hasta había que presumir del “control” al respecto. Escribo estas líneas el jueves 5 de agosto, justo un día antes de la celebración a nuestro patrono local, el Santo Cristo de la Capilla. Patrono al cual se le reza con fervor y denuedo, pero éste no va hacer milagros, el milagro de terminar con la pandemia apocalíptica. No lo va hacer por un motivo: el señor no cumple caprichos. ¿Por qué habría de hacerlo, si el maldito bicho fue creado por humanos en China y ahora se nutre y se alimenta de vacunados los cuales le ofrecen sangre fresca y adulterada?

Usted ya lo notó, el bacilo se ha vuelto más letal y fiero que nunca. Pero bueno, le decía que escribo este texto el día 5 de agosto y llevamos días, al menos seis, con más de 20 mil contagiados diarios. Las cifras del día 4: 20 mil 685 infectados y 611 muertes. Es decir, igual que siempre. Se habla de un “certificado de vacunación” o bien, de pruebas negativas de Covid, en un futuro, para poder entrar a restaurantes y clubs sociales. Una flagrante violación a los derechos humanos consagrados en nuestra Constitución. Se habla de un “pasaporte” dentro de México cuando la vacunación completa es de apenas 26 millones 152 mil 992 mexicanos. En el país somos más de 132 millones. ¿A qué jugamos, a qué juega el gobierno? Puf.

Mientras esto sucede en materia sanitaria, la política doméstica y exterior de México, se hace pedazos. Pero caramba, no solo la política, sino que dicha política tiene incidencia directa en nuestra vida social, cultural, económica, mental e incluso, amorosa. Siempre hemos querido entrar al primer mundo. Bien o mal, a trompicones si usted quiere, pero íbamos en ese camino. Con López Obrador regresamos a ser un país pobre en el cual la exportación se reduce a “pieles de camello, utensilios de barro, estampas devotas y diccionarios de bolsillo”, para decirlo en letras del maestro Julio Torri. AMLO, de filiación primitiva y comunista, ofrece ayuda, cooperación a países con dictaduras sobre sus ciudadanos, como Cuba, Venezuela y Corea del Norte. Se exportan relicarios con la efigie de AMLO; se importan violaciones y regímenes de la delación en derechos humanos...

ESQUINA-BAJAN

Punto uno: somos un país pobre que exporta estampas divinas, pieles de zorros viejos y perros apaleados. Hemos vuelto a exportar vasijas de barro... mientras el mundo automotriz el cual vale millones de dólares, se colapsa porque no hay chips a la mano. No hay chips de 2 centímetros de medida, pero potentes para hacer funcionar a autos y camionetas de toneladas. No hay chips, no hay producción, no hay proveedores, no hay pagos, no hay dinero; nada...

Punto dos: México, como país pobre y primitivo, vive casi por completo de géneros, utensilios y efectos traídos de otras naciones donde las materias primas ahora ya fueron relegadas en la producción. Es decir, es más barato comprar dichas materias primas a los países pobres, que perder tiempo, dinero y horas-hombre en producirlas. Ellos van a utilizar dichas materias primas en productos sofisticados y se los regresarán 10 o 18 veces más en sus costos a dichos países pobres que habrán de pagarlos por un motivo: ellos no producen ni tienen tecnología (como México).

Punto tres: hay muchas ollas en la lumbre y es poco el espacio, como siempre. La materia de salud la cual enfrentamos desde hace más de año y medio (hoy mutada en un serio problema de salud mental), aun nos tiene con la soga al cuello. Es literal. Pero no hay solución a la vista. ¿Vacunas? La población no cree en ellas. Aún vacunados cientos de personas se siguen infectando. Es el caso de una joven enfermera quien convalece por la mordedura del bacilo chino, Erica Ramos. Aún vacunados, la gente se infecta y muere. Algo serio pasa al respecto. En Estados Unidos, por ejemplo, sólo hay tres vacunas autorizadas: la Pfizer, Moderna y la Johnson & Johnson.

Punto cuatro: es decir, las restantes, tanto europeas como rusas y chinas, no son confiables y vaya usted que caldo de cultivo traigan aparejado para eso, para que el bacilo mute y se vuelva más letal y pernicioso que nunca. En algunos países ya de plano, ni les importa. Esto ya es una ruleta rusa de proporciones apocalípticas. En Argentina, por ejemplo, la segunda dosis de vacunas se las van a poner a los ciudadanos... a lo pendejo y al azar.

Punto cinco: lea, la Sputnik V será combinada con el agua de horchata de la AstraZeneca. O bien la AstraZeneca será combinada con La Moderna. La desesperación y mala administración de los gobernantes están llevando a los ciudadanos a la morgue.

LETRAS MINÚSCULAS

Rojo infierno es nuestro color epidemiológico. Nadie hace caso.

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