Alcohol y volante: hay que combatir esa combinación
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Las ‘megamultas’ son una herramienta útil en el proceso de combatir la incidencia de conductores ebrios en la ciudad. Pero, para lograr la meta, las multas no bastan
Los accidentes viales causados por conductores ebrios o drogados constituyen uno de los mayores riesgos para todos al circular por las calles de las ciudades o las carreteras del país. La estadística no deja lugar a dudas: de acuerdo con el Inegi, en México casi el 10 por ciento de los percances viales y el 23 por ciento de las muertes que estos provocan se encuentran asociados al consumo de alcohol.
No hace falta, pues, argumentar mucho para tener claro que combatir el fenómeno constituye una asignatura relevante y que a dicha tarea se encuentran convocadas las autoridades de todos los órdenes de gobierno. En ese proceso, todas las acciones que se emprendan son relevantes.
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Uno de los mecanismos a través de los cuales se ha intentado desalentar la conducta es la imposición de altas multas a los conductores ebrios o bajo los influjos de alguna droga. Este año, a partir del incremento registrado en el valor de la Unidad de Medida y Actualización (UMA), la cual sirve de base para calcular las multas de tránsito, el monto de la sanción por conducir en estado de ebriedad, en Saltillo, supera los 23 mil pesos.
¿Es esta una medida de disuasión eficaz?
Una vez más, la mejor forma de responder al cuestionamiento anterior es recurrir a la estadística. La ecuación es simple: hay que comparar el nivel de incidencia de la infracción en periodos de tiempo específicos para concluir si basta con elevar el monto de la sanción.
A primera vista, desde luego, cualquiera podrá decir que se trata de una sanción altísima y que, ante la posibilidad de ser castigado con la misma, no habrá quien se atreva a incurrir en la falta.
Pero bastará el primer accidente vial provocado por un conductor ebrio para tener claro que no es así. Y cuando ello ocurra –porque, por desgracia, ocurrirá– habrá que discutir con seriedad la necesidad de incrementar la sanción... y hacer algo más.
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Porque de lo que se trata, es necesario decirlo con toda claridad, no es de garantizar una mayor recaudación para las arcas municipales a partir de la imposición de las conocidas como “megamultas”. De lo que se trata es de dejar claro que el alcohol y el volante no deben combinarse jamás.
De lo que se trata es de evitar que la estadística, constituida por las muchas personas que han perdido la vida o, en el mejor de los casos, deben cargar con secuelas permanentes a causa de un accidente provocado por un conductor ebrio, se incremente en una sola persona más.
Y para lograr eso, la historia lo ha demostrado con claridad en múltiples ocasiones, no es suficiente que la autoridad establezca sanciones económicas elevadas, sino que es indispensable acompañar tal medida con campañas permanentes de concientización y con operativos de revisión en los cuales exista cero tolerancia.