AMLO-Sheinbaum: la esquizofrenia discursiva
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Por un lado el morenismo se desgañita señalando la ‘inexistencia’ de pruebas en contra de Rocha Moya pero, por el otro, y haciendo alarde de su capacidad para imitar a La Chimoltrufia, lo condena por la ‘imprudencia’ de regresar a ostentar su cargo
La maroma ha sido, desde siempre, el signo distintivo del discurso amlista. Y me refiero, desde luego, al pronunciado por el Hijo Pródigo de Macuspana, nuestro Perseo de Pantano, por todas las figuras visibles del obradorato y por sus acólitos y aplaudidores autómatas.
No hay -y no la buscan- congruencia alguna. Y no la necesitan; de hecho la desprecian. Seguramente será porque su éxito en las urnas no depende -y eso está muy claro- de la coherencia discursiva, de la consistencia retórica.
Por ello pueden darse el lujo de imitar, un día sí y al otro también, a ese mítico personaje de la televisión mexicana encarnado por Florinda Meza y cuyo signo distintivo era la contradicción. “Yo como digo una cosa digo otra” fue el grito de batalla con el cual se reveló acaso precursora del morenismo.
A nadie debe extrañar entonces la esquizofrenia discursiva con la cual se han posicionado, desde la Presidenta de la República hasta los jilgueros del morenismo, en torno al caso Rocha Moya.
Porque, por un lado, lo tundieron a críticas. Imprudente fue el calificativo más suave con el cual le reprocharon su ambición vulgar y falta de congruencia con los valores “del movimiento” al regresar a ocupar el cargo de Gobernador de Sinaloa del cual se había separado en mayo pasado, luego de las acusaciones difundidas en su contra por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, en las cuales se le vincula con el crimen organizado.
Pero, por el otro, se le sigue defendiendo y ni siquiera se establece un deslinde absoluto, claro, definitivo con él.
La pregunta realizada por el corresponsal de la AFP, Javier Tovar, en la mañanera del lunes pasado, y la respuesta de Claudia Sheinbaum evidencian la bipolaridad argumentativa.
-En el tema político, más allá del tema jurídico... ¿sí existe una ruptura política con el gobernador Rocha, de su parte? -preguntó el periodista.
La presidenta tardó más de seis segundos en articular una respuesta. La mitad de ese tiempo, la producción de la mañanera colocó el primer plano de la mandataria en la pantalla y su lenguaje no verbal -realizó una mueca de disgusto con la comisura izquierda de la boca- deja clara la incomodidad con la cual contesta. Y entonces se aventó la maroma:
-No estoy de acuerdo con lo que hizo... de regresar... al Gobierno. Lo manifesté... me pareció, lo menos, por decir, imprudente... porque no es un asunto personal... por eso... es un asunto... del Gobierno de Sinaloa, de las y los sinaloenses... pero... ¿qué necesidad?.. y, eh... y que genera... ¿qué necesidad pues de regresar?... ¿que... nada personal puede estar encima por los intereses del pueblo de Sinaloa y del Pueblo de México. Entonces, me pareció imprudente su decisión... y hasta ahí”.
En total, 81 palabras. La Presidenta consumió 59 segundos en pronunciarlas. Pero fueron 81 palabras con las cuales no dijo prácticamente nada. Lo único claro es su desacuerdo con la decisión de Rocha Moya. Pero ¿cuál es la razón de su desacuerdo?
No hay argumento alguno. No hay explicación a la cual adherirse o con la cual entrar en contradicción. No hay espacio para debatir o señalamiento para desentrañar. Apenas la mítica frase del filosofo de Juárez, el inmortal Juan Gabriel: “¿pero qué necesidad?”.
¡Pero si no hay pruebas en su contra! Y esa posición fue refrendada, una vez más, por la propia presidenta Sheinbaum en la misma conferencia.
Entonces, si Rocha Moya es un individuo inocente, si el Gobierno de Estados Unidos no ha presentado evidencia alguna en su contra y si aquí tampoco se le considera siquiera sospechoso de haber cometido un delito... ¿dónde está la imprudencia en su decisión de reasumir un cargo para el cual fue electo por “el pueblo”?
No le busque usted la coherencia a lo dicho, porque en la cuatroté, como se dice una cosa, se dice la otra... ¡y hasta ahí!
@sibaja3
carredondo@vanguardia.com.mx