Aprendiz: La coartada favorita del que no quiere dar la cara

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Opinión
/ 5 febrero 2026

Aprender siempre es sensato, pero permanecer siempre en el aprendizaje puede ser una forma elegante de esconderse

¿Ha escuchado alguna vez el término “Shoshin” (初心)? Es una palabra japonesa que significa “mente de principiante”. Y no, no significa ser pendejo ni novato, ni vivir en la eterna adolescencia intelectual. Pero así la usan muchos: como permiso espiritual para no volverse competentes nunca.

Hoy escuchar “soy un eterno aprendiz” suena bonito, humilde, casi iluminado.

Huele a incienso, a pódcast de autoayuda y a LinkedIn lleno de sonrisas falsas.

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Pero rasca tantito... y muchas veces eso no es virtud: es refugio. Porque si todos somos eternos aprendices... ¿Quién chingados sabe algo? ¿Quién toma decisiones? ¿Quién responde cuando hay que responder? ¿Quién se pone al frente cuando se acaba la poesía y empieza la realidad?

El eterno aprendiz, hoy en día, es el humilde de Instagram, pero el inútil en la vida real. La consigna es correcta, suena bien, queda preciosa en frases con fondo beige. Pero llevada al extremo es una mamada peligrosa. “El eterno aprendiz” muchas veces es: el que nunca se compromete, el que nunca se equivoca porque nunca decide, el que siempre está “en proceso”, el que jamás se examina, el que nunca carga con las consecuencias. Vive en el umbral. No entra, no sale, no se moja. Observa, opina, pero no responde. Es como el güey que siempre anda “conociendo gente” pero nunca se enamora, “emprendiendo ideas” pero nunca construye, “aprendiendo liderazgo”, pero nunca lidera a nadie, ni siquiera su pinche vida.

Shoshin no es identidad; es una postura mental, cabrón. Y aquí empieza la confusión gorda. Shoshin no dice: “sé principiante toda tu vida”. Dice: “mira como principiante, aunque ya sepas”. Principiante no es estatus. Es calidad de atención. Sin cinismo, sin comparar, sin “esto ya me lo sé”. Eso es shoshin. No la ignorancia... la presencia. La mente fresca del que no da nada por sentado, aunque lleve años en el camino.

El pedo empieza cuando ser “aprendiz” se vuelve excusa, porque aprender siempre es sensato, pero permanecer siempre en el aprendizaje puede ser una forma elegante de esconderse.

El mundo no se sostiene con aprendices eternos. Se sostiene con: médicos que saben operar, policías que saben responder, instructores que saben guiar, maestros que saben enseñar, líderes que saben decidir, gente que sabe algo y responde por eso. El eterno aprendiz evita la cima, porque en la cima ya no hay a quién culpar. Ahí no vale decir: “estoy aprendiendo”, “estoy en proceso”, “todavía no me siento listo”. Ahí o sabes... o se te cae el teatro.

Pero la falsa humildad, esa que se está poniendo tanto de moda, es la que nos enseña a que hay que agacharse cuando todavía no hay altura. Y aquí viene una de las trampas más finas. Muchos confunden humildad con hacerse chiquitos. Con no destacar, con no asumir autoridad, pero humildad no es encogerse.

Humildad viene de humus: tierra, suelo. Es recordar de dónde venimos. La verdadera prueba de humildad no es al inicio. Al inicio todos son humildes porque no tienen nada. La prueba real llega cuando: Ya sabes, ya puedes, ya tienes técnica, ya hay reconocimiento y aun así no te mareas, no te inflas, no te crees elegido por los dioses.

Antes de eso, lo urgente no es humildad: es construir base, disciplina, repetición, fuerza, inteligencia, capacidad. Sin base, la humildad es puro teatro. Es como pedir respeto sin haber hecho nada respetable.

Shoshin bien entendido es filo, no colchón. No es para acostarte, es para afilarte. Es mirar lo que haces todos los días y preguntarte: ¿qué no estoy viendo? ¿Dónde me acomodé? ¿En qué ya opero en automático? Es volver a preguntar incluso cuando ya sabes. Es escuchar incluso cuando podrías imponer. Es observar incluso cuando tienes razón. Pero ojo: no te exime de ser competente.

Es mantenerse con la mente abierta porque la responsabilidad exige resultados. Una sin la otra es desequilibrio: apertura sin competencia es igual a ingenuidad. Competencia sin shoshin es igual a soberbia.

Debemos dejar de ser el experto cerrado y empezar a convertirnos en el competente despierto. En el zen dicen algo precioso y brutal: “En la mente del principiante hay muchas posibilidades. En la del experto, pocas”. Cuando nos creemos expertos, nos blindamos, nos defendemos, nos justificamos, reaccionamos. Cuando mantienes shoshin: escuchamos antes de imponer, preguntamos antes de asumir, corregimos sin drama, aprendemos sin humillarnos. Eso en liderazgo es oro, en relaciones es madurez, en aprendizaje es evolución real.

Pero, repito, por si alguien anda lento: eso no quita la obligación de saber lo que haces.

Porque el eterno aprendiz vive siempre con el miedo a responder. Y aquí está el núcleo incómodo. Muchos no quieren dejar de ser aprendices porque eso implicaría: elegir un camino, defenderlo, equivocarse en público, corregir, sostener consecuencias. El eterno aprendiz se siente seguro porque nadie le exige. Nadie le reclama, nadie le pide cuentas, pero también nadie lo sigue, nadie confía del todo, nadie se apoya en él cuando la cosa se pone seria. Porque cuando todo arde, no buscas al que “está aprendiendo”. Buscas al que sabe qué hacer.

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Lo que importa en todo esto no es quedarse chiquito, es no volverse rígido cuando creces, no es vivir aprendiendo para siempre, es seguir aprendiendo aun cuando ya sabes.

La pregunta incómoda y necesaria es esta: ¿Ser o decirte “eterno aprendiz” te mantiene despierto... o te mantiene a salvo de convertirte en alguien que tenga que responder por su vida? Porque el mundo no necesita más gente “en proceso”. Necesita gente competente con la mente abierta. Aprende, sí, cuestiona, sí, escucha, sí, pero también: decide, actúa, responde, enseña, sostén. Shoshin no es esconderse en la ignorancia, es caminar con ojos nuevos... mientras cargas lo que ya sabes.

Y eso, queridos lectores, eso no es cómodo. Pero es lo que hace que un camino valga la pena. Pero al fin y al cabo, esta es solamente mi siempre y nunca jamás humilde opinión. Y usted... ¿Qué opina?

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Oriundo de Matamoros, Tamaulipas, México, estudió la carrera de Licenciatura en Comercio Exterior, pero debido a su gran pasión e interés por la cocina, decide estudiar posteriormente la carrera de Profesional Gastronómico, la cual ejerce actualmente. Se ha desarrollado como Chef de distintos restaurantes. Es miembro de distintas organizaciones gastronómicas como: La Sociedad Mexicana de Gastronomía, Embajadores Gourmet sede México, así como además de estar certificado ante la WACS (World Association of Chefs Societies/ Asociación Mundial deSociedades de Cocineros) de París, Francia. Y Master Pizzaiolo ante la AVPN (The True Neapolitan Pizza Association (Associazione Verace Pizza napoletana,AVPN). Actualmente, se dedica a impartir cursos, talleres, masterclass y conferencias, así como brindar servicios de asesoría y consultoría gastronómica a distintas empresas y restaurantes.

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