Autismo y derechos humanos: El 2 de abril es en cuatro días

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Opinión
/ 28 marzo 2026

Cuando alguien procesa la información de forma diferente, ese mundo se vuelve más difícil. Eso no es culpa de las personas autistas; es un problema del diseño del mundo

Faltan cuatro días para el 2 de abril. Ese dato es un hecho. El 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. La palabra concienciación significa que las personas que no saben algo aprenden sobre ese tema. En este caso, el tema es el trastorno del espectro autista.

Antes de continuar, es importante aclarar algo sobre las palabras. Existen varios términos para hablar de esta condición y no todos significan lo mismo ni se usan en los mismos contextos. El término oficial en medicina es Trastorno del Espectro Autista, que se abrevia TEA. Ese nombre aparece en los manuales de diagnóstico que usan los médicos y psicólogos. Es útil cuando se habla de un diagnóstico o un tratamiento o leyes de salud. Sin embargo, la palabra trastorno ha sido cuestionada. En 2025, la Real Academia Nacional de Medicina de España publicó un comunicado donde dice que ese término no es el más adecuado para hablar de todas las personas autistas en general. Propone que, fuera del contexto médico, se use mejor condición de espectro autista o identidad autista.

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El término autismo a secas es la forma abreviada que usan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y muchas guías clínicas actuales. Es ampliamente aceptado. También existe un debate sobre cómo nombrar a las personas. Algunos dicen persona con autismo. Otros dicen persona autista. Decir “persona con autismo” sugiere que el autismo es algo separado de quien eres. Decir “persona autista” reconoce que el autismo es parte de la identidad. Muchas personas autistas y organizaciones lideradas por ellas prefieren este segundo término. En esta columna se usará persona autista por esa razón.

Ahora bien, yo voy a explicar qué es el autismo y por qué es importante hablar de ello. Voy a usar palabras claras. Si uso una palabra difícil, voy a explicarla. El autismo es una condición neurológica. Eso quiere decir que el cerebro de una persona autista funciona de una manera diferente al cerebro de la mayoría de las personas. Ni es mejor ni es peor, es diferente.

Existen muchas formas de ser autista. Algunas personas autistas hablan mucho. Otras no usan palabras para comunicarse. Algunas necesitan silencio porque los ruidos fuertes les molestan. Otras pueden recordar fechas o datos con mucha precisión. No todas las personas autistas son iguales. Eso es importante saberlo.

Lo que sí tienen en común muchas personas autistas es esto: viven en un mundo que no fue pensado para ellas. Las escuelas, los trabajos, los hospitales y los lugares públicos fueron diseñados para personas que procesan la información de una manera específica. Cuando alguien procesa la información de forma diferente, ese mundo se vuelve más difícil. Eso no es culpa de las personas autistas; es un problema del diseño del mundo.

Ahora voy a hablar de derechos humanos. Un derecho humano es algo que todas las personas tienen por el simple hecho de existir. No hay que ganarlo. No hay que merecerlo. Existe. Las personas autistas tienen los mismos derechos que todas las demás personas. Eso incluye el derecho a ir a la escuela, a tener trabajo, a recibir atención médica, a tomar decisiones sobre su propia vida y a participar en la sociedad.

Pero en la realidad, muchas veces esos derechos no se respetan. Hay niños autistas que no pueden entrar a escuelas regulares porque no hay personas capacitadas para apoyarlos. Hay adultos autistas que no consiguen trabajo porque los procesos de selección no están diseñados para ellos. Hay personas autistas que reciben tratamientos que les generan sufrimiento, sin que nadie les pregunte cómo se sienten. Eso está mal. No como opinión. Está mal porque viola derechos que existen y que se encuentran reconocidos en compromisos internacionales de los que nuestro país forma parte.

Uno de estos compromisos se llama “Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad”. México firmó ese documento. Eso significa que México prometió respetar esos derechos. En ese documento dice que las personas con discapacidad tienen derecho a vivir de forma independiente, a que el entorno se adapte a ellas y a participar en las decisiones que las afectan.

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Esa última parte es muy importante. Las personas autistas deben participar en las decisiones sobre educación, salud y leyes relacionadas con el autismo. No basta con que otras personas decidan por ellas con buenas intenciones.

Entonces, el 2 de abril no debería ser un día en que la sociedad se pregunte: ¿estamos respetando los derechos de las personas autistas? ¿Están participando en las decisiones que las afectan? ¿Son accesibles los espacios donde viven?

Si la respuesta es no, hay que cambiar eso. No el 2 de abril. Ahora.

El autor es investigador en la Academia Interamericana de Derechos Humanos

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH

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