Autodeportacion masiva
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Los granjeros se quedan sin mano de obra. Las construcciones se paralizan. Muchos trabajadores, ya bien capacitados, prefieren volver a su tierra
Ya no es aquello.
El sueño se ha convertido en pesadilla. Los que estaban allá y los que entraron indocumentados, con la misma brújula, han decidido rumbo contrario. No es ya del sur problemático al norte deslumbrante. Ya no es huida del peso racionado al dólar, que paga más y por hora.
Ahora, en ese terreno extranjero, todo se ha vuelto expulsivo, presionante, agresivo y deshumanizante. Se vuelven a su tierra practicando una autodeportación masiva y simultánea. Los granjeros se quedan sin mano de obra. Las construcciones se paralizan. Muchos trabajadores, ya bien capacitados, prefieren volver a su tierra.
CORTE EN PROPIA RAMA Y TIRO EN EL PIE
La situación se vuelve crítica porque es vista como delincuencia el trabajo que los de allá no quieren hacer.
Y si lo hacen, es a cambio de salarios onerosos que provocan inflación. Se ha desatado la migración al revés. Se conecta la reversa como velocidad prioritaria. Vienen al solar patrio a aprovechar oportunidades y con una capacidad y entrenamiento que resultan magníficamente aceptables.
Un absurdo y anglosajón racismo discriminador y un chauvinismo miope han causado pies balanceados y corte en la misma rama, que ahora los disloca al caer.
El recíproco tiroteo de intereses ha agujereado los tratados de comercio, que dejaron de ser libres, entre los Estados ya no tan unidos y las dos naciones vecinas: México y Canadá.
LAS DOS CIUDADES
El papa León habla en su encíclica “Magnífica Humanidad” de Babel y Jerusalén como ciudades posibles. Una ciudad de soberbia y otra de solidaridad fraterna.
Lo presenta como un camino en disyuntiva. Se abre la encrucijada para ese artificio que se adjetiva inteligente. Y que ya no quiere ser sólo informativo, como Siri, sino suplantador, sustitutivo, usurpador. No sólo ya proporcionar datos para el empleo humano, sino quitarle las herramientas para trabajar, desplazándolo. Es el titubeo ante los rumbos.
LOS DOS PROYECTOS
Un proyecto sofoca la creatividad, la iniciativa, la imaginación, la originalidad para alienar con una erudición exhaustiva y monopolizadora. Es el camino de soberbia hacia Babel. Construye una torre tan alta por pura autoidolatría. Desde su cúspide puede arrojarse a la humanidad magnífica, ya inoperante y frustrada.
El otro plano regulador es de una ciudad de sobriedad, de moderación, de templanza, de dosis sanadora y no tóxica. Se descubre y se respeta la medida que impide deformidades e intoxicaciones.
Babel es técnica sin ética. Cantidad sin calidad. Velocidad sin rumbo. Artificio desbocado que promete inteligencia y acaba otorgando saturación, hartazgo e indigestión. Y confusión de lenguajes intraducibles. Jerusalén es la ciudad auténtica, con la humildad gozosa de aceptar sus límites y la magnificencia de la humanidad transitoria de sus habitantes.
La humildad de no querer tener, en la vida temporal, lo que es propio de lo trascendente y glorioso. Y tampoco intentar dar a la máquina la conciencia y la libertad, peculiares del alma humana.
TÉ CON FE
-¿Y puede un robot llegar a tener conciencia y libertad?
-Puede fingirlas, como una marioneta o un títere. Un robot humanoide no tiene hilos, sino controles electromagnéticos. El mono del ventrílocuo no habla con voz propia. El artificio no puede ser inteligente, consciente, libre, sólo simularlo por sus baterías agotables.