Bistró ‘République’
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Una copa de Chianti Ruffino, un vaso con agua simple, otro con hielos a discreción. Luego, focacccia, unos ravioles de carne con salsa carbonara. Queso parmesano en su pocito y claro, aceite de oliva y vinagre. Sí, lo anterior por años, por lustros tal vez, fue mi comida o cena en la mítica “Terraza Romana” (feudo de la familia Gentiloni-Arizpe) en la calle Victoria en el centro de Saltillo. Lustros, por lustros pedí siempre lo anterior. ¿Variarle al menú? Claro, pero pocas veces. En el invierno de mi vida (y desde siempre), no tengo duda en saber lo que quiero y apetezco.
¿Peco de escasa lengua y poco paladar? No lo sé. No me importa. El verano es siempre un instrumento del destino cambiante. Lo contrario es el buen otoño y mi invierno añorado: no espejismo sino fiesta de los sentidos. El otoño y el invierno me van bien. Como el anterior menú deletreado líneas arriba. ¿Lo sigo disfrutando? Mmh, en ocasiones. La nueva “Terraza Romana” en el bello edificio del Parque Centro en honor a la verdad, no es lo mío. Aquello es un buen complejo gastronómico con ventanales amplios en una especie de nave industrial y techos inmensos. Una maravilla de arquitectura... que a mí no se me da aún. Hay demasiado sol y luz.
Sí, prefiero lo íntimo; incluso, lo oscuro. Todo a media luz. Casi penumbras. Escojo aquel viejo verso de Virgilio en “La Eneida”: “(en) el silencio cómplice de la luna”. Prefiero la luna o la noche cerrada, a la luz asfixiante del sol estival. Y pues sí, extraño mi “Terraza Romana” del centro de Saltillo. Pero, he encontrado un nuevo lugar, mágico y con magia: Bistró “République”. (Calle Reynosa 212, esquina con Tamaulipas, en pleno corazón de la colonia República).
El proyecto culinario es propuesta del empresario Luis Felipe Hernández. Aunque había ido al lugar un par de ocasiones cuando recién se fundó (hace alrededor de 8 años, creo), la pandemia del virus chino todo lo tiró al traste del olvido y la verdad, no recordaba del todo tan bello lugar en mi itinerario de café o restaurantes los cuales frecuento para leer a trompicones y merendar algo lo cual halague mi paladar seco.
Un día y a mitad de esta maldita pandemia, pasé caminado por el Bistró francés y sí, estaba perfectamente engalanado e iluminado. Decidí entrar a explorar... y desde entonces, no he dejado de ir al “République” al menos una vez por semana (si mis finanzas lo permiten). Lugar atávico: decorado de manera minimalista y una cocina francesa sin exotismos ni pretensiones. Pero, de una exquisitez como poesía francesa, por supuesto.
Si usted me ha leído con cierta frecuencia, hace algunas lunas le conté aquí de mi encuentro con el académico de la UAdeC, Martín Martínez Avalos. Esa vez escogimos como sitio de tertulia el Bistró. He coincidido en este mismo lugar con el jefe Reyes Flores Hurtado (el único candidato demoledor que tiene Morena en sus filas), también coincidí con el director de Jurisprudencia, Alfonso Yáñez Arreola. Ni se diga con el profesor Orlando Rodríguez (mago de las redes digitales en el Ayuntamiento local) Pero, con quien siempre coincido es conmigo mismo. El lugar lo disfruto mucho. Llego y me apoltrono en la misma mesa. Luego, a leer. Disfrutar el ambiente y los bastimentos de rigor. En fin.
Esquina-bajan
El Bistró abre sus puertas diariamente desde las nueve de la mañana. Usted a esa hora puede encontrar el clásico “Brunch français”. O bien, la carta de desayunos es un deslumbramiento: “Fromage au salsa” (queso panela a la plancha sobre una penca de nopal asado, salsa de tomate con rajas y un toque de crema). Otro: los clásicos “Bénédictine” (huevos escalfados sobre muffin tostado, bañados con salsa holandesa, espinacas y un toque de maravilla: salmón ahumado). El café siempre es recién hecho, reconfortante y sin él, nadie puede amanecer decentemente.
Aquí oficia como gerente y alquimista (su pasión secreta es preparar tragos, coctelería de manera milimétrica) Roberto Hinojosa. Por las mañanas atiende un joven camarero el cual y por regla, anda mejor vestido a uno como cliente; es el filiforme joven Leo (Leonardo). Por la tarde y noche se incorpora una señorita la cual levita entre las mesas, la bella Jimena. Estudiante de idiomas y de Turismo, la calidad en el servicio se siente desde la entrada.
El gran poeta francés Alfred de Vigny (1797-1863) lo dijo y al hacerlo, condensó el gozo y el placer en dos versos poderosos y perfectos: “En la espuma de Aï hay fulgores de dicha;/ en el fondo del vaso todos ven a la Francia...” Y esta región nombrada por el poeta, es famosa por su champagne y sus vinos espumosos. Ya me acabé el espacio (como siempre) y no le hablé de la batería completa de platos mañaneros y ni siquiera he comenzado a deletrearle a usted la carta de la comida y cena.
Y de nuevo, ni siquiera le he platicado del gran ambiente con su selección de jazz. Buen jazz clásico y moderno, amén de jazz inglés y norteamericano. En ocasiones, algo de indie. Aquí tengo ya dos o tres platillos favoritos: “Penne au pesto”, “Steake tartare” y claro, “Coq au vin”. Todo rociado con copas de un gran “Louis Latour Valmoissine”- Un pinot noir para volar.
Letras minúsculas
¿Tertulia en el Bistró “République” para celebrar la vida y los placeres, mi maestro Martínez Avalos? Urge arreglar este mundo.