Block de Notas 120: Don Toño de la Cruz
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Fui a su sepelio. Sólo un rato. Prefiero recordar a la gente querida, como don Antonio de la Cruz Rodríguez, en vida, no en su ataúd
La verdad, no hay ningún problema, pero duelen los huesos y eso llamado alma. De existir, claro. Lo dejó por escrito en su momento el inmortal novelista inglés Malcolm Lowry. Yo, en lo personal, no creo en eso. Si muy a regañadientes de mi propia persona creo en Dios, pues eso del alma, usted lo sabe, es un resabio platónico (él la inventó y luego la retomaron los católicos y cristianos); no, no creo en eso llamado “alma inmortal”.
Pero, de existir, hay dos seres humanos desgraciadamente muertos cuyas almas deben ser inmortales: don Oliverio del Ángel (†), el cual en días recientes se unió a la perpetuidad, y ahora, para dolor nuestro, don Antonio de la Cruz Rodríguez (†), extraordinario reportero y fotógrafo, quien murió el pasado martes 29 de septiembre.
Insisto, no hay ningún problema en lo siguiente: si se nace, pues se va a fallecer. Así de sencillo y de complicado. Pero pocos o nadie está preparado para ello: morir. Y no bien me estaba reponiendo y digiriendo la muerte de don “Oliver”, cuando el popular y querido “Toño” de la Cruz, a sus 72 años bien vividos y siendo protagonista y no espectador, nos dejó con un portazo en la cara: partió y hoy ya descansa.
Don Toño de la Cruz ha sido uno de los mejores cronistas deportivos jamás nacidos en este norte bravo y seco. Es famoso por sí mismo, pero su vida se ató invariablemente a una tragedia: el tremendo “Trenazo de Puente Moreno”, con cientos de peregrinos muertos, los cuales quedaron entre hierros retorcidos luego de un fatal accidente ferroviario el 5 de octubre de 1972. Hay una fotografía que le dio la vuelta a México y al mundo: don Toño, apenas un joven de 19 años, sacando de entre aquel mastodonte metálico el cuerpo de una niña, quien desgraciadamente murió. Un héroe. Siempre.
A últimas fechas y antes de su muerte, platicaba seguido con el maestro. Nuestro punto de reunión era el “Guevara Business Center” (su nombre legal es “Conexión Digital”), bajo el mando del joven ingeniero y empresario don Jorge Guevara. Aquí lo mismo se venden equipos de gran calidad, se rescatan archivos, se protege contra hackers o se asiste como cliente a negociaciones de alto calado.
No pocas veces, sino casi a diario, aquí convivía con don Toño de la Cruz. Pero además es parada obligada para una batería de abogados, los cuales desde aquí ofician: don Francisco Javier Mata, don José Luis Arredondo, ni se diga don Arturo Sandoval o la guapa abogada trotamundos, doña Juana María López. Pero también se dan cita para hacer negocios vendedores de seguros o melómanos que buscan grabar las mejores canciones en diversos formatos. O bien, van periodistas bajo un sólo motivo o palio: don Jorge les arregla sus publicaciones, se las diseña, las imprime y les hace recomendaciones para darle mayor lucimiento a las letras de los compañeros.
Fui a su sepelio. Sólo un rato. Prefiero recordar a la gente querida, como don Toño de la Cruz, en vida, no en su ataúd. Su familia tuvo a bien presentar en la sala una pequeña colección de fotografías de su larga trayectoria periodística (más de 50 años en la tecla y en la foto). Caray, me solacé y me dio tanto gusto ver al gran maestro junto a Hugo Sánchez y “La Tota” Carbajal, sonrientes, como amigos; o junto al cantante José José... en fin.
ESQUINA-BAJAN
Al “Guevara Business Center” se va a ver y ser visto. Si antes el punto de encuentro eran las cafeterías urbanas, hoy lo son estos modernos centros de inteligencia artificial donde bulle la vida. Aquí se despelleja al prójimo, pero también se le tiende la mano al necesitado o al ama de casa que pide “fiado” para imprimir la tarea escolar de su joven vástago. El negocio de don Jorge Guevara tiene asentada ya la friolera de 21 años en pleno centro urbano de Saltillo.
Y como aquello funciona mejor que un club, no pocas veces al año, todos los clientes de don Jorge (él incluido) enderezamos los pasos en comunidad y fraternidad a comer tamales, merendar y refrescarnos con nuestra bebida alcohólica preferida. ¿Cometo una infidencia? Absolutamente no. En la gran camaradería y cofradía de los verdaderos amigos, chocar un vaso de fría cerveza y decir “salud” es signo de valores y amistad compartida. Nada más. Por lo anterior, y no otra cosa, aquí tuve el mejor encuentro de charla disipada y de alto octanaje periodístico con el maestro De la Cruz.
Una cosa importante: por el “Guevara Business Center” (un cibercafé, pues) han desfilado muchos, hartos de mis compañeros de la tecla y la fotografía: el inolvidable Dámaso, don José Santana, don José González Pico, don Ángel Sánchez, don Javier Palomo... y un largo etcétera. ¿Por qué van con don Jorge Guevara? Pues por eso, es un mago de la tecnología, no hay detalle el cual no solucione. Gentil y galante, en el barrio donde está su negocio lo estiman y respetan. Todos los anteriores periodistas y fotógrafos, mejores a quien esto escribe. Pero don Jorge, como todo ser humano, tiene errores. Uno de ellos, el más grande: es fanático de los Giants de Nueva York, y por nada del mundo lo hago cambiarse a la religión verdadera: mis Pittsburgh Steelers. ¡Puf!
LETRAS MINÚSCULAS
Don Toño de la Cruz Rodríguez ya entrevista en la eternidad a sus grandes ídolos deportivos. Así sea.