Block de Notas (54): Depresión, el mal del siglo 20 y 21, una bestia apocalíptica

Opinión
/ 20 abril 2025

Si usted escucha que alguien a su lado se siente triste o deprimido, no lo deje solo y busque ayuda. Nunca se burle de ello

Muchas ollas tenemos usted y yo en la lumbre, señor lector. Para desgracia de todos, las ollas están hirviendo. Ninguna está a fuego lento. Todo aprieta en la vida. Este país, llamado México, arde en su propia vestidura. ¿Coahuila y Saltillo son un edén? No, pero es lo más cercano a ello. Tenemos graves y tremendos problemas en la región, pero son menores (no los disminuyo, para nada) en comparación con las otras entidades del país, especialmente los estados gobernados por Morena.

“El Cowboy Urbano”, Manolo Jiménez Salinas (gobernador), Tomás Gutiérrez Merino (alcalde de Ramos Arizpe y anexas) y Javier “El tritón” Díaz (alcalde de Saltillo) no sólo han sabido capotear con los problemas recurrentes y comunes en la región, sino que han establecido planes, estructuras y jerarquía de prioridades para salir de ellos. Insisto, tenemos buenos y hartos problemas, pero no han estallado como en otros lugares, donde ya es imposible pensar en un Estado de derecho y de leyes a respetar.

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Gracias por leerme y atender estas letras redondas sobre papel. Siempre lo agradeceré porque usted es el que manda y me debo a usted, cada vez que me felicita (o polemiza y me critica) por mis textos. Gracias de nueva cuenta. Comenzamos estas notas garabateadas en mis cuadernos de fibra italiana: Es el mal del siglo 20 y 21. Es una bestia apocalíptica sin brida ni bozal. Es la melancolía, la tristeza, la temida ictericia.

Lo que hoy se conoce con un término domesticado, “depresión”. Como si fuese algo climático (parte lo es, aquí se lo he contado y probado ya), como una “depresión tropical”, advierten y dicen los locutores que le previenen del clima mañanero en la televisión. Pero lo bien cierto es lo siguiente: para los atiriciados de alma y corazón, la emperrada tristeza sólo se cura de una manera posible: suicidándose. Lamentablemente. Es tal y tanta su congoja que no les duelen los músculos, los tendones, los huesos, no; les duele eso llamado alma, como bien lo dijo un alcohólico y deprimido, el escritor inglés Malcolm Lowry en su novela “Bajo el Volcán”.

Cada vez que ocurre lo anterior, cosa ya muy seguido y recurrente, para desgracia de todos, recibo hartas llamadas y comentarios. Todo mundo sabe y recuerda de mis textos al respecto, desde hace años a la fecha. Un secretario de Salud del estado, en un sexenio anterior, dijo en una entrevista: “el maestro Cedillo fue el primero en tocar la campana de alerta en tan delicado tema de salud mental”.

Usted lo sabe, padezco melancolía, tristeza, estoy atiriciado desde niño a la fecha. Pero gracias a Dios tengo años controlado al respecto. Pero no siempre ha sido así. La muy maldita y perra tristeza se afeita conmigo, se acomoda en mi cama a mi lado. Si viajo, la muy ladina no tarda en localizarme. Si estoy en soledad, se acomoda codo con codo conmigo. Si estoy acompañado en un restaurante, pues igual, me coquetea, me sonríe desde su silla cárdena. Pero la veo de reojo y la tengo controlada a la muy desgraciada. No todos pueden con ella, desgraciadamente.

ESQUINA-BAJAN

Nota 1: El pasado día 13 de abril, mi celular no cesaba de sonar y recibir mensajes. Todo mundo me contaba de un día negro (casi todos los días lo son ya, por uno u otro motivo: suicidios, muertes de tránsito por alcoholismo, guerras de pandillas, venganzas, violencia urbana...). El día 12 de abril, tres colgados. Tres suicidios en la región. Un joven de 23 años, una mujer de 32 y una niña de 15. ¡Caray!

Nota 2: ¿Qué hacer? Pues tratar de ayudarlos. Acompañarlos. Guiarlos. Caminar con ellos de la mano. Ofrecerles, a los tristes de ojos y corazón, una mano firme y amigable, sin juzgarlos. Dice un poeta atormentado, lo fue Gérard de Nerval: “Yo soy el tenebroso –el viudo– el desconsolado/ Príncipe de Aquitania de la torre abolida, / murió mi sola estrella, mi laúd constelado/ ostenta el negro sol de la melancolía...”.

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Nota 3: Pues sí, este tono crepuscular y adolorido es el sino característico de estos humanos (muy jóvenes, cada vez más jóvenes) melancólicos, los cuales ven al final del túnel un sol negro de melancolía. No escapan por la puerta falsa (al suicidarse). ¡Patrañas! Hay que borrar del lenguaje lo anterior. Es una puerta que ellos visualizan como salida y salvación a tanta y tanta congoja.

Nota 4: El suicidio no es un problema para ellos, sino su solución. Solución extrema, pero para esta gente, la única. Y lo repito, si usted escucha que alguien a su lado se siente triste o deprimido, no lo deje solo y busque ayuda. Nunca se burle de ello. Si usted escucha que alguien tiene ideas suicidas, no lo deje solo, busque ayuda inmediata. Lo anterior fue lo que pasó en la ciudad de Ramos Arizpe, cuando una joven de apenas 15 años se colgó en su domicilio. Sus padres salieron de compras, ella no los quiso acompañar y se colgó. Le repito: nunca deje usted solo a los tristes y deprimidos.

Nota 5: ¿Cuánto contribuyen los celulares “inteligentes” y las redes sociales a ello en la actualidad? Hoy hay mucha información y poca reflexión. Los atiriciados que dormitan con el negro sol de la melancolía de Nerval sobre sus vidas y espaldas son legión y, por lo general, sólo esperan el momento más atinado del día y la noche para ponerle solución a su vida: morir.

LETRAS MINÚSCULAS

¿Lo ha notado? De un tiempo a la fecha ya hay tres suicidios diarios en etapas. Y sí, tiene que ver el calor que de a poco nos va secando los huesos.

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