Breve reflexión sobre los usos del colchón
COMPARTIR
Al crecer, adquirió otra función: la de convertirse en ring para desfogar nuestras energías, jugando a la lucha libre con hermanos y primos
El colchón tiene una variedad de usos de acuerdo con las circunstancias de las personas; por ejemplo, en nuestra niñez servía primordialmente para conciliar sin dificultad el sueño reparador. Al crecer, adquirió otra función: la de convertirse en ring para desfogar nuestras energías, jugando a la lucha libre con hermanos y primos.
Lo del pancracio tiene su historia, que se originó cuando nuestro padre nos introdujo en ese mundo mágico al llevarnos a las funciones que entonces tenían lugar en el Estadio Saltillo, frente al lago de la Alameda. Quedamos impactados por las proezas de aquellos gladiadores que se partían el espinazo en cada lance. Ante nuestros ojos atónitos desfilaron las figuras de: “El Cavernario Galindo” —que era una sedita en su casa—, “Blue Demon”, Dorrell Dixon, “El Médico Asesino”, “Black Shadow”, “La Tonina Jackson”, “El Rayo de Jalisco” y René “Copetes” Guajardo, entre otros.
Eran nuestros héroes y pretendíamos imitarlos jugando “luchitas” en las camas de la casa, hasta que un día se esfumó el encanto, cuando observamos, para nuestro desengaño, que esos personajes que peleaban a muerte en el cuadrilátero abordaban una vagoneta verde, estacionada afuera del estadio, departiendo entre ellos en franca camaradería. En la edad adulta, el colchón adquiere una función más placentera, ofreciendo cómodo soporte a los encuentros corporales, pero nada es para siempre, “...porque mueren los deseos por la carne y por el beso”, como cantaba José José con aquella voz prodigiosa.
El tiempo no se detiene y, en el umbral de la vejez, el insomnio se vuelve un compañero de viaje incómodo y no deseado. Se recurre al uso de pastillas y sustancias para conciliar el sueño; incluso han surgido clínicas especializadas que tienen una buena demanda.
Recientemente viene cobrando fuerza otra función del colchón; se trata de una vertiente que parecía sepultada en el pasado, cuando la gente, en sus casas, guardaba las monedas de oro y plata en cofres o recipientes diversos, para sepultarlos en el corral o empalarlos en las paredes; eran las famosas “relaciones” que dieron lugar a leyendas y al surgimiento de los buscadores de tesoros en las casas viejas, como sucedió en Saltillo.
Esto tuvo lugar durante la Revolución mexicana, una época de violencia e inseguridad extremas, en la cual no había confianza en los bancos y cuando cada fracción revolucionaria emitía su propia moneda, los llamados “bilimbiques”. Una vez pacificado el país, la confianza en las instituciones financieras se recobró gradualmente, hasta normalizarse.
Pasa el tiempo, el cambio tecnológico cobra impulso y aparece la banca digital, la que en un principio prometía abrir nuevas y mejores posibilidades a los usuarios; sin embargo, como sucede siempre, los inventos sirven tanto para el bien como para el mal.
En fechas recientes han repuntado los delitos relacionados con la banca por internet, afectando el patrimonio de la gente, en especial entre quienes desconocen total o parcialmente el uso de estas herramientas, quedando expuestas a la delincuencia: los hackers, quienes se han vuelto más sofisticados, rebasando los sistemas de seguridad de los bancos.
Ante ello, se estima que un 40% de los ahorradores estafados recurre a los abogados para demandar a los bancos. Tengo amigos y conocidos que, desconfiando de los sistemas modernos de la banca, han vuelto al camino tradicional, efectuando sus operaciones como lo hacíamos en la era previa a internet. En estos días, en que se realizó otra edición de la Convención Bancaria, el fantasma del fraude y el robo rondó los pasillos de la reunión. Por eso, ahora el versátil colchón se pone de moda como lugar para guardar el dinero.