Dos escenas: un destino (recargado)
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Serénate, Gabriel. No le di respuestas porque la decisión le corresponde a él. Sólo le hice preguntas para aclarar su mente
Primera escena. Es la una de la madrugada. De manera subrepticia, Gabriel Elizondo entra a la caballeriza donde duerme Nubecita, la yegua favorita del gobernador Manolo Jiménez. Camina con sigilo. Llega al box individual de la yegua, que duerme recostada sobre una frazada gris estampada con unicornios multicolores.
Elizondo le susurra al oído: Nubecita, Nubecita...
Sorprendida, presiente una amenaza: resopla con fuerza, deja ver el blanco de los ojos, dilata las fosas nasales y se levanta. Gabriel la tranquiliza: Soy Gabrielito, mi Nubecita. El mismo que te trae cada semana esas “baby carrots equinas” que solamente pueden conseguirse en “Juisten, Texsas”, dice imitando el acento tejano para afirmar su identidad vaquera.
Nubecita lo escucha y se relaja. Baja la cabeza, deja de patear el suelo y le dice: ¿Qué horas son estas de venir a verme? Estaba en el quinto sueño, viendo a Manolo surfear en ese amplio proyecto generacional con el que busca posicionarse como figura nacional a partir de 2029. Y ¡pum!, te apareces tú, exactamente en el momento en que iba a conocer su destino final.
Elizondo, atribulado, le responde: Discúlpame, Nubecita. No era mi intención.
Molesta, replica: ¿Me trajiste, al menos, más “baby carrots” o los boosts que me prometiste, con “aminoácidos, vitaminas y minerales” para estar al 100 en el rodeo de este fin de semana?
Gabriel, apenado, le responde: No, Nubecita. En realidad, quería platicar contigo porque, cuando el gobernador te preguntó, la semana pasada, “¿a quién debo elegir como mi sucesor?”, me sentí aludido por tus respuestas.
Serénate, Gabriel. No le di respuestas porque la decisión le corresponde a él. Sólo le hice preguntas para aclarar su mente. Te recuerdo algunas que, al final, tú mismo debes contestar. Le dije a Manolo: “¿Cuáles son los criterios que definirían a tu sucesor? ¿Tendría la lealtad política, la militancia partidista, la experiencia administrativa, la rentabilidad electoral y el liderazgo proactivo que te definen a ti? ¿O sólo quieres una marioneta que, sin esas características, puedas manejar a placer? ¿Elegirás un heredero con cualidades superiores para blindar a Coahuila frente al crimen organizado, impedir la llegada de Morena, enfrentar a un Gobierno Federal plenamente autoritario y sortear una presión económica estadounidense incierta y compleja?”.
Ahora te invito, Gabriel, a hacerte estas preguntas para ubicarte: ¿cumples con esos mismos requisitos que definen a Manolo? ¿Te consideras un títere dispuesto al goce y deleite del gobernador saliente? ¿Estimas, a partir de tu experiencia como funcionario público, que estás capacitado para liderar Coahuila ante los desafíos que enfrentará a partir de 2029?
De la sinceridad con que respondas, desde una perspectiva ética y política, dependerá que te sientas aludido o no. Porque el futuro del legado político de Manolo en Coahuila y su posicionamiento como figura nacional estarán supeditados a quién elija como sucesor.
Un Gabriel “desonrizado” permanece en silencio. Nubecita lo mira y se recuesta sobre su frazada para dejarse abrazar por los unicornios, intentar alcanzar al quinto sueño y conocer el destino final de su Manolo.
Segunda escena. Miguel Riquelme acordó contratar a un consultor milenial si le resolvía este dilema: Dime qué hacer: Javier Lechuga, tesorero municipal, y Roberto Barrios, director de Ingresos, están confrontados; necesito la capacidad y la experiencia de ambos, y no quiero despedir a ninguno.
El consultor los puso a farmear aura en el auditorio del séptimo piso de la presidencia municipal, en presencia de sus subordinados y sin celulares de por medio, para que ambos mostraran un rostro más humano, exento de caprichos personales y menos apegado al poder de sus cargos.
Sin embargo, el evento fue suspendido porque “El Viruta”, uno de los réferis más emblemáticos de la historia de la lucha libre en la Arena Olímpico Laguna, consideró un golpe bajo que Lechuga y Barrios pretendieran utilizar su personalidad therian para alcanzar más aura sin haberlo consultado previamente.
Su comentario fue lapidario: Regresé de mi retiro sólo para ver un golpe tan ruin que jamás se habrían atrevido a dar luchadores como la Mano Negra, Stuka Jr. o la Pimpinela Escarlata.
El consultor no fue contratado.