Caso Armando Castilla: la confabulación Coahuila-Nuevo León
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La historia del arresto de Armando Castilla constituye un ejemplo contundente de la degradación institucional existen en Coahuila y Nuevo León, provocada por el arribo al poder, en ambas entidades, de individuos profundamente deshonestos
No fue un hecho fortuito, ni un momento de “mala suerte”. No fue una casualidad de esas cuya explicación consiste en referir, simplemente, el haber estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Muy por el contrario, se trató de un episodio perfectamente premeditado; el producto necesario de una confabulación en la cual concurrieron, sobre todo, servidores públicos desleales a sus deberes.
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La última semana ha servido para tenerlo claro: quienes urdieron la trama para encarcelar al director General de Vanguardia, Armando Castilla Galindo, perseguían objetivos precisos. El más importante de ellos era mantenerlo en prisión durante el mayor tiempo posible.
Para lograrlo, en primer lugar fabricaron un acusación sin mayor sofisticación: un individuo -cuyo nombre, de acuerdo con la “carpeta de investigación” es Marco Antonio Fuentes Garza, pero podría ser cualquier otro, incluso uno ficticio- “acude” al Ministerio Público (MP) a “denunciar” un delito presuntamente cometido en tierras neolonesas, lo cual les permitió activar las instituciones de esa entidad.
Una precisión: entrecomillar la palabra “acude” es obligatorio, por una razón puntual: el denunciante nunca acudió ante el MP, es decir, jamás se presentó ante dicha autoridad. La “denuncia” se maquiló en un despacho -De la Garza Vega Abogados-, con sede en San Pedro Garza García, cuyos socios, todo mundo lo asegura en Nuevo León, forman parte de una auténtica red delincuencial desde la cual han institucionalizado un “negocio” de extorsión.
Enseguida, como el MP forma parte de la red de corrupción, procede a fabricar la evidencia necesaria para justificar ante un juez -igualmente integrante del esquema delincuencial- la necesidad de librar una orden de aprehensión merced a la cual es posible montar un peliculesco operativo de captura, como si se tratara de apresar a un peligrosísimo criminal.
El guion concebido por los autores intelectuales tenía un siguiente episodio, el cual ya no se materializó por completo: un juez de control habría de “comprar” el argumento según el cual, aun cuando el presunto delito (fraude) cometido por Castilla Galindo no está clasificado como grave, razón por la cual no amerita prisión preventiva oficiosa, era necesario mantenerlo en prisión debido a la existencia de “riesgo de fuga”, pues él tiene su domicilio en Coahuila y no en Nuevo León.
Así, el juez habría de dictar, en la audiencia del sábado 10 de enero, primero la vinculación a proceso y, enseguida, la medida cautelar de prisión. Eso implicaría mantener al imputado tres, cinco, seis meses en la cárcel, en espera de la audiencia de juicio oral.
Cualquier abogado con mínima experiencia intentaría refutar señalando la posibilidad de tramitar un amparo en contra de la medida cautelar de prisión y con ello lograr la excarcelación para seguir el proceso en libertad. Pero quienes conocen bien el esquema montado en Nuevo León advierten cómo hasta los juzgados federales han sido infiltrados por esta mafia.
Y para este caso, todo indica, todo mundo habían sido sincronizado para actuar como una unidad.
No lograron su propósito, aquel para el cual les pagaron -así, literal- quienes les contrataron. No lo consiguieron debido a la abrumadora reacción del gremio periodístico del cual Armando Castilla forma parte y entre cuyos miembros goza de gran estima. Y porque cometieron un error garrafal a la hora de establecer la fecha en la cual habrían ocurrido los hechos.
En el proceso, sin embargo, cometieron una colección de delitos, estos sí muy reales, por los cuales deben ahora ser perseguidos y castigados. La evidencia de tales conductas obra en el propio expediente del caso y los rastros se encuentran dispersos en Coahuila y en Nuevo León. En ambos estados, por cierto, hay “servidores públicos” involucrados en la trama.
Seguiremos en el tema, desde luego, porque la parte relevante de esta historia no ha hecho sino comenzar.
¡Feliz fin de semana!
@sibaja3
carredondo@vanguardia.com.mx
En esta ocasión exponemos el caso de una persona de Vanguardia que fue víctima de esta red; sin embargo, nuestro fin es poner luz en una situación que viven a diario decenas de personas y cuyas voces, lamentablemente, todavía no han sido escuchadas.
¿Conoces a alguien que haya vivido algo similar? Cuéntanos en este post.