‘Caso Rocky’: nos deja múltiples lecciones

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Opinión
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El rechazo a toda forma de violencia es una posición deseable que debemos asumir todos. Pero solamente es un acto virtuoso si al expresarlo abonamos a la cultura de la paz

La violencia, en todas sus manifestaciones, así como la crueldad humana, deben ser condenadas sin fisuras, en todos los casos. Y ello incluye, sin duda alguna, la violencia y la crueldad que se ejerzan en contra de cualquier animal y no solamente contra otras personas.

La condena hacia este tipo de actos implica ejercitar eso que los especialistas en cultura de la legalidad llaman “condena social”, la cual se considera un disuasor mucho más potente que el temor al castigo. Y es que, al menos en torno a ciertas conductas, resulta claro que el ser convertido en “paria social” se teme mucho más que perder la libertad.

https://vanguardia.com.mx/opinion/casarse-esta-pasando-de-moda-en-nuestro-pais-BD22307327

No debe pasarse por alto, sin embargo, que el rechazo a la violencia es una posición que se construye desde la asunción moral de un conjunto de reglas que asumimos como imperativas para normar nuestra conducta en sociedad. Pero también se construye desde la reflexión filosófica más profunda, lo cual implica defender principios fundamentales, que asumimos universales, como la justicia y la libertad.

En otras palabras: plantarse en la posición de rechazo a la violencia y la crueldad nos coloca en el papel de individuos que han evolucionado en su pensamiento y, sólo debido a ello, han concluido que estas conductas resultan dañinas para la construcción de una sociedad justa e igualitaria.

No estamos hablando de poca cosa, sino de un compromiso fundamental de cara al ideal social que decimos perseguir.

Es importante, sin embargo, señalar que el rechazo a la violencia sólo se convierte en virtud colectiva si la forma como ejercemos esta convicción es consecuente con el fondo de la idea, es decir, si al condenarla lo hacemos abonando a la construcción de un clima de paz.

El comentario viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo al caso del perrito “Rocky”, el cual ha desatado una comprensible ola de indignación en Saltillo. Porque si esta mascota ha sido objeto de un episodio de violencia y crueldad, lo deseable, sin duda alguna, es que la condena social sea unánime y se registre sin fisuras.

Sin embargo, es necesario señalar que los actos materiales de algunas de las personas que de manera más visible se han manifestado en torno a este caso, los cuales han sido ampliamente difundidos a través de las redes sociales, no se ubican necesariamente en el deseable territorio de la construcción de una cultura de la paz.

https://vanguardia.com.mx/coahuila/saltillo/saltillo-dejan-en-prision-preventiva-a-liliana-acusada-de-crueldad-animal-contra-rocky-GA22332040

Es relevante, desde luego, que la indignación colectiva haya movilizado de manera eficaz a las autoridades y, a partir de ello, se haya actuado en la forma deseable, esto es, desplegando los protocolos que las normas legales establecen para casos de este tipo.

Haremos bien en reflexionar todos, sin embargo, sobre cuál es la finalidad última de muchas de las manifestaciones expresadas en torno al caso, porque los actos, el lenguaje y las palabras utilizadas para ello no parecen guardar congruencia con el ideal de rechazo absoluto hacia cualquier forma de violencia.

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