Cierre de la Copa Mundial

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Opinión
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La presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la final proyectó una imagen de estabilidad, continuidad y confianza en el rumbo del país

Eduardo Galeano escribió en “El Futbol a sol y Sombra” que ese deporte es, ante todo, música del cuerpo y fiesta de los ojos. Un fenómeno capaz de convocar multitudes con una fuerza que pocas expresiones culturales alcanzan. El escritor uruguayo lo entendía como algo mucho más allá de un negocio o un simple juego; lo veía como un arte popular y como una manifestación cultural en la que una nación también aprende a contarse a sí misma.

Quizá por eso la pasión termina convirtiéndose en identidad, porque un gol, una derrota o un triunfo dejan de pertenecer únicamente a quienes están en la cancha y pasan a formar parte de la memoria colectiva.

https://vanguardia.com.mx/opinion/mundial-2026-se-acabo-la-vacacion-colectiva-AK22281634

El Mundial de 2026, con México como anfitrión, junto a Estados Unidos y Canadá, fue más que una competencia deportiva, pues durante semanas se convirtió en un escaparate de lo que somos y, sobre todo, de la nación que hemos decidido construir.

La organización compartida con los vecinos del norte también permitió observar distintas maneras de entender un mismo acontecimiento. Mientras allá predominó la lógica del gran espectáculo, aquí, en México, el Mundial se vivió como una celebración profundamente popular.

Pero quizá el dato más relevante fue que México dejó de aparecer únicamente como un mercado atractivo, para convertirse en un actor con capacidad de organizar, coordinar y conducir un proyecto de alcance mundial.

Además, la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la final proyectó una imagen de estabilidad, continuidad y confianza en el rumbo del país, mostrando, asimismo, a una jefa de Estado cercana, orgullosa de representar a México en uno de los escenarios con mayor atención internacional.

https://vanguardia.com.mx/opinion/paso-el-mundial-BK22280881

En un contexto mundial marcado por tensiones geopolíticas, competencia tecnológica y nuevos equilibrios económicos, esa imagen tuvo un peso simbólico evidente. México apareció con voz propia y con la disposición de participar en las grandes conversaciones globales desde la dignidad y el respeto. Hacia la frontera norte también se envió un mensaje claro de que la cooperación entre socios puede construirse desde el respeto mutuo y la igualdad.

El futbol volvió a recordarnos que la esperanza compartida mueve voluntades, que la unidad multiplica capacidades y que la transformación deja de ser una aspiración cuando millones de personas deciden convertirla en una tarea común. México volvió a presentarse ante el mundo con dignidad, alegría y confianza en su futuro.

@RicardoMonrealA

Coordinador de los diputados de Morena

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