Claudia, ‘farmea tu aura’

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Opinión
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Este es el momento para demostrar que la lealtad no significa subordinación perpetua; que reconocer el liderazgo histórico de López Obrador no la obliga a gobernar con sus prejuicios, rencores ni cuentas pendientes

En el lenguaje de las redes sociales, “farmear aura” significa realizar acciones que aumenten el prestigio, la admiración o el respeto de una persona ante los demás. No basta con que Claudia Sheinbaum inaugure una carretera, un puente o un viaducto; tampoco con llenar las mañaneras de gráficas multicolores que, mediante fórmulas mágicas, reducen la inseguridad sobre el papel, ni con arrojar listas de corte “hitleriano” que amenazan la libertad de expresión.

Claudia está obligada a mostrar carácter en un momento decisivo para el futuro del país y de su movimiento.

https://vanguardia.com.mx/opinion/mexico-entre-la-tragedia-y-la-farsa-HA23018960

El caso Rocha Moya exhibió una profunda división entre las corrientes claudista y obradorista. La complicidad impuesta desde Palenque quedó fracturada. La marioneta se soltó y el titiritero, sorprendido, se quedó con los hilos en la mano. Muchos aliados tradicionales del obradorismo –gobernadores, senadores y diputados federales– brincaron al bando de Sheinbaum y dejaron solos a Rocha Moya y al tlatoani de Palenque, con un Andy asustado bajo su regazo.

Es probable que algunos hayan sido presionados desde Palacio Nacional por sus presuntos vínculos con el crimen organizado y obligados a reconocer que su único escudo se encuentra precisamente ahí, en Palacio, y tiene el rostro de Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana.

Para “farmear su aura”, Sheinbaum debe actuar en consecuencia y utilizar la fuerza del Estado para romper con la línea dura obradorista, hoy herida de muerte. Pues, finalmente, ella tiene la fuerza política para hacerlo, porque ya no puede limitarse a ser la continuadora obediente del obradorismo. Le corresponde convertirse plenamente en la Presidenta constitucional de México.

El primer paso sería entregar a Rocha Moya y a los nueve políticos sinaloenses reclamados por las autoridades estadounidenses. El segundo, atender las exigencias del Departamento de Estado y de la DEA para detener y extraditar a políticos de Morena y de otros partidos presuntamente ligados al crimen organizado. Llegado el momento, estas acciones podrían alcanzar a personajes cercanos, familiares e incluso al propio López Obrador.

Este es el momento de Claudia para demostrar que la lealtad no significa subordinación perpetua; que reconocer el liderazgo histórico de López Obrador no la obliga a gobernar con sus prejuicios, sus rencores ni sus cuentas pendientes.

Pero el tiempo político es despiadado.

Cada día que Claudia posterga la construcción de un liderazgo autónomo, fortalece la impresión de que México cambió de Presidenta, pero no necesariamente de centro de mando, porque Andrés Manuel todavía habitaría en la conciencia de Sheinbaum.

Romper con esa tutela no sería una traición, sino asumir plenamente el mandato que recibió.

Claudia Sheinbaum no necesita renegar de su origen, pero sí trascenderlo. Los grandes liderazgos no siempre destruyen el legado heredado: lo corrigen, lo depuran y, cuando es necesario, lo envían discretamente al archivo muerto.

Gobernar exige gratitud, pero también distancia. Continuidad, pero no obediencia ciega. Memoria, pero no sometimiento.

La Presidenta tiene frente a sí una oportunidad que quizá no vuelva a presentarse con la misma fuerza: dejar de ser solamente la heredera del obradorismo y convertirse en una jefa de Estado con autoridad propia, capaz de unir a un país fracturado, colocar la ley por encima de las lealtades personales y, de paso, salvar, quizá, a Morena de sus propios demonios.

https://vanguardia.com.mx/opinion/apoyar-a-la-presidenta-aunque-no-lo-entienda-MH23062781

Puede seguir administrando hasta agotar el capital político que recibió de López Obrador o puede invertirlo en construir el suyo.

Claudia: este es tu momento para “farmear tu aura”. Pon límites. Corrige errores. Escucha a quienes piensan distinto. Abraza a los familiares de las personas desaparecidas. Limita la presencia de los militares. Enfrenta al crimen organizado. Defiende las instituciones. Dibuja de colores la libertad de expresión. Respeta la autonomía de los tres poderes. Investiga a los tuyos. Gobierna para todos.

En pocas palabras: deja de cuidar el aura ajena.

Es hora de “farmear” la tuya propia sin obediencia y dogma.

Porque no hay más: es hoy o nunca.

Columna: Panóptico

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