Claudia Sheinbaum: España, China, el futuro
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La tarde de este jueves Sheinbaum recibirá al rey de España, Felipe VI, en el plazo programado de sesenta minutos
Cuando la tarde de este jueves Claudia Sheinbaum reciba al rey de España, Felipe VI, en el breve plazo programado de sesenta minutos, lo que ahí ocurra (incluso la química entre dos personajes disímbolos y que nunca se han visto) podría determinar no sólo el cierre simbólico de un diferendo iniciado hace ya siete años, o la asistencia de la Presidenta a la 30 Cumbre Iberoamericana de noviembre en Madrid, con el monarca ibérico como anfitrión. Quizá sea sellada una apuesta de futuro.
Fuentes consultadas por este columnista en ambos países aseguraron que sobre ese encuentro flotará la búsqueda de México de un tratado comercial con Europa, así como la posibilidad de fortalecer el rol del país y el de Sheinbaum hacia Latinoamérica y la propia España, que tiene 7,000 empresas, 76,000 millones de dólares de inversión y un cuarto millón de ciudadanos instalados en nuestro país.
La cumbre en Madrid referida celebrará 35 años de su primera edición, y ocurrirá unos días antes, en noviembre mismo, del encuentro en China de la APEC, el puente transpacífico para 21 países que dominan 60% de la economía mundial. La presencia de Sheinbaum ha sido confirmada. Está previsto que México sea la sede en 2028.
En suma, se trata de un momento singular para el gobierno Sheinbaum, una oportunidad relevante para tomar distancia del “mundo Trump”, inclinado a zonas de influencias cerradas y bajo presión en cada vez mayor número de frentes.
El contexto es ineludible. La Presidenta ya advirtió que en el encuentro con Felipe VI hablará de la dignidad de los pueblos, en particular los originarios, en alusión indirecta al diferendo iniciado en marzo de 2019 con la carta privada del expresidente López Obrador al propio Felipe VI pidiendo disculpas al Estado español por los excesos sangrientos que acompañaron a la Conquista.
La carta presidencial – redactada en tono respetuoso- fue filtrada a la prensa madrileña atrayendo una ola de escarnio a ambos lados del Atlántico en contra de López Obrador. Este reaccionaría hablando de “saqueo” por parte de las empresas españolas y aludiendo reiteradamente a Repsol, pero en especial a la corporación eléctrica Iberdrola. En un ambiente hostil, esta última firma llegó a encarar el riesgo de una expropiación que proponía Manuel Bartlett, entonces director de CFE, y acabó vendiendo sus activos al propio gobierno.
Desde entonces, ambos países han tejido una fina diplomacia para superar la más simbólica que real “pausa”, como la bautizó el tabasqueño. La presidenta Sheinbaum ha impulsado sin aspavientos varias iniciativas de carácter cultural, y en abril acudió a una suerte de cumbre de mandatarios progresistas en Barcelona, que representó viento fresco para el alicaído presidente español Pedro Sánchez, acosado desde la derecha y con elecciones el próximo año.
Antes, el 16 de marzo, Felipe VI había visitado fuera de agenda en Madrid la exposición “La mujer en el México indígena”. Emitió ahí diversas frases aceptando “abusos” y “conflictos éticos que no nos pueden hacer sentir orgullosos”, en alusión a la propia Conquista. Debido a estas expresiones debió pagar un alto costo político por críticas en redes sociales y en espacios periodísticos y políticos, incluido el Parlamento español.
Los escenarios para esta historia están abiertos. Felipe VI acudirá a la reunión con Sheinbaum en un nuevo gesto clave, casi con un pie en el avión que deberá trasladarlo a Guadalajara para presenciar, en el Mundial de futbol, un partido de la selección española. Sin duda invitará a la Presidenta a acudir a la citada cumbre iberoamericana. Ella seguramente aludirá la complicación de agenda por su viaje a China.
Al final todo podría quedar en manos de la incierta simpatía entre una mujer de izquierda orgullosa de su formación ideológica y un monarca de carismática sencillez.