CNTE: El aliado imposible
La escena es la misma desde los años 80: una mesa de negociaciones en la que el núcleo más duro de la disidencia magisterial -la Sección 22 de Oaxaca- presenta un pliego de demandas con medio centenar de puntos, los más importantes al final, y aplica en los trabajos una exasperante lentitud. La diferencia es que, en paralelo, moviliza a contingentes que dislocan carreteras, pueblos o ciudades, con metódica, calculada violencia.
La historia del presente amago de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), de subvertir los festejos por el Mundial de futbol en la capital del país, incluye algo más complejo que casos de vandalismo. Encarna un drama político y social: 13 presidentes, casi una veintena de secretarios de Gobernación y otros tantos de Educación han acometido la hasta ahora imposible tarea de someter a esta organización que en diciembre cumplirá 47 años.
Sólo por lo que toca a Oaxaca, su flanco más aguerrido, esa agrupación engloba a cerca de 80 mil maestros que laboran en 11 mil escuelas (desde preescolar hasta secundaria), a cargo de 800 mil alumnos. Según los resultados que obtengan, sus líderes son electos o relevados en asambleas públicas, al menos cada año.
Según especialistas, no es posible descartar que dirigentes de la CNTE reclamen dinero o beneficios personales, pero saben que dependen de obtener beneficios para sus representados. Su fuerza es producto de una verdadera base social en muchos casos sujeta a privaciones, al aislamiento y, por ello, apegada a la cultura política de sobrevivir a partir de lo que pueda arrancar al Estado mediante una presión permanente.
Los expertos destacan que la fuerza gremial de la CNTE se consolidó al desmantelarse, también bajo Peña Nieto, la dirigencia del sindicato oficial (SNTE), que ejercía de contrapeso, al tiempo que se implantaba una reforma educativa bajo señalamientos de haberse realizado en oficinas públicas sin conocer al sector al que afectaría, en particular en las zonas donde la Coordinadora es más confrontativa. Es destacable que en otras secciones de la propia CNTE, como la 11, asentada en la Ciudad de México, el activismo y la confrontación son mucho menores, lo que se explica por un mayor nivel socioeconómico de los sus integrantes y por virtualmente no requerir intermediación ante la autoridad,
El gobierno de López Obrador prometió a la CNTE cosas que nunca cumpliría: en la esencial, prestaciones laborales pendientes (incidencias) por mil millones de pesos, y eliminación de la reforma en materia de pensiones (Ley del ISSSTE) establecida bajo la administración Peña Nieto. Lo llamaron el “Pacto de Guelatao”, firmado en 2018 en el emblemático pueblo natal de Benito Juárez.
De acuerdo con reportes de la Secretaría de Hacienda confiados a este espacio, el pago de los mil millones de pesos se atoró. Los estados con presencia de la CNTE -Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Guerrero, CDMX- debían acreditar los adeudos respectivos. El único que lo hizo fue Oaxaca, y se le hizo un depósito de 250 millones de pesos..., que en su mayor parte debió regresar pues muchos reclamos eran improcedentes a raíz de la llamada reforma educativa peñista. Según cifras oficiales, en 2020 el balance alcanzó apenas 100 millones de pesos cubiertos a mil 418 trabajadores de la educación, avalados por la SEP y la entidad educativa oaxaqueña. Los huecos fueron llenados por López Obrador con discursos contra las pensiones y la promesa de que el gobierno de la presidenta Sheinbaum conservaría el compromiso.
Ello ha derivado en que la CNTE siga reclamando como “pendientes” 900 millones de pesos, la muerte de la “Ley del ISSSTE”, y decenas de nuevas exigencias en la actual mesa de negociaciones, ante los secretarios de Gobernación y de Educación, respectivamente Rosa Icela Rodríguez y Mario Delgado. Una nueva etapa de la misma historia, pero ahora bajo la lupa de quienes asistirán al Mundial.