Coahuila: el valor de mantener la seguridad
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En Coahuila fueron bien asumidas las lecciones de la época de violencia vivida en todo el país y por ello la estadística muestra una baja incidencia en delitos de alto impacto
La seguridad pública y, sobre todo, la percepción de la ciudadanía en relación con esta, se ha dicho en múltiples ocasiones, constituyen uno de los elementos más relevantes de la competitividad de cualquier región o país. La razón es simple: nadie va a llevar su dinero a un lugar donde no existe certeza de que la inversión podrá desarrollarse de forma adecuada.
Como queda claro también para cualquiera, la percepción de seguridad no se construye con discursos ni con campañas publicitarias. Si la seguridad no existe, cualquier esfuerzo propagandístico es inútil para concitar la confianza de la ciudadanía y, por ende, de los inversionistas.
Las ideas anteriores forman parte de las lecciones que en México hemos aprendido por las malas. La realidad de violencia generalizada que todos padecimos largamente durante la denominada “guerra contra el narco” dejó cicatrices imborrables en el tejido social del país.
Pero las lecciones que esta época dejó no han sido necesariamente asumidas de forma simétrica en todas las regiones del país. En algunas zonas geográficas, por desgracia, el denominado Estado de Derecho simple y sencillamente no se ha recobrado, o se volvió a perder.
En este contexto, Coahuila representa una excepción, pues, aunque también padecimos los estragos de la violencia y fuimos obligados a vivir con miedo durante varios años, la verdad es que a nivel local se construyó y consolidó un modelo que devolvió a los coahuilenses la tranquilidad.
No es casual, por ello, que las estadísticas, sobre todo las de carácter oficial, muestren de forma consistente a nuestra entidad como un lugar donde los delitos de alto impacto se encuentran en un nivel bajo y que esta circunstancia sea reconocida de forma constante a nivel nacional e internacional.
El reporte que publicamos en esta edición, relativo al más reciente informe que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha presentado en relación con la incidencia de homicidios, es una muestra de lo anterior, pues revela una consistente disminución en dicho indicador desde el año 2019, cuando se registró el último repunte en la cifra de personas asesinadas en nuestra entidad.
Ya antes, en 2013, comenzó a registrarse una disminución desde el pico histórico registrado en 2012, cuando se contabilizaron mil 160 asesinatos en la entidad. Para 2018, la crisis había sido claramente contenida, pues la incidencia de este delito había caído a 244 casos.
Desde entonces, es decir, desde hace casi una década, la cifra ha seguido disminuyendo y en 2025, aunque se trata de una cifra preliminar que aún debe depurarse, el conteo se ubicó en 109.
Un sólo asesinato es demasiado, desde luego. Pero poca duda cabe de que la crisis de seguridad que una vez padecimos ha sido contenida con éxito en nuestra entidad y que los resultados de ello podemos percibirlos todos en las calles de nuestras ciudades.