Coahuila: Contaminación acústica, es urgente combatirla
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Coahuila destaca a nivel nacional por sus altos reportes de ruido; y el Centro Histórico de Saltillo es un claro ejemplo del impacto negativo de este fenómeno
“El ruido es considerado uno de los contaminantes más agresivos; constituye un problema medioambiental y social que afecta la calidad de vida y salud de la población, causa trastornos físicos, pérdida de audición y desequilibrios psicológicos”.
El señalamiento anterior forma parte de la entrada que el Gobierno de la República dedica, en su portal web, al problema que representa en nuestras comunidades el ruido citadino. El tono enérgico del señalamiento sin duda refleja la gravedad del fenómeno.
Y no es para menos porque, de acuerdo con la misma entrada, “la exposición prolongada al ruido provoca efectos negativos a la salud como disminución de la capacidad auditiva o sordera, trastornos psicológicos como paranoia, irritabilidad, estrés, mal humor, alteraciones en el rendimiento intelectual”.
Tener claros los efectos negativos que el ruido excesivo tiene en la vida de las personas es relevante porque no estamos hablando de un asunto trivial y ello nos permite dimensionar de forma adecuada el reporte que publicamos en esta edición, relativo al hecho de que nuestra entidad se encuentra entre las que registran el mayor número de reportes por ruido.
Las cifras provienen de la más reciente edición del Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), y deberían provocar una reacción por parte de todas las autoridades involucradas.
Los datos del Censo del Inegi son relevantes no solamente en términos de las preocupaciones que en materia de salud pública implica este fenómeno, sino también en términos de convivencia social. Porque el ruido excesivo también es motivo de conflictos.
El Centro Histórico de Saltillo es un buen ejemplo de cómo la contaminación auditiva provoca malestar ciudadano y una constante exigencia para que las autoridades intervengan y corrijan la forma como operan establecimientos que, literalmente, no dejan dormir a los vecinos casi la mitad de los días de la semana.
No es la única área en la cual se registran este tipo de hechos, pero sí es una de carácter emblemático que sirve bien de ejemplo para señalar la necesidad de que la autoridad actúe para modificar los usos y costumbres largamente normalizados en nuestra sociedad, pero que son claramente indeseables.
Y como ocurre con cualquier problema, el primer paso para proceder a su resolución es reconocer la existencia del mismo. Porque sin duda el desarrollo del fenómeno deriva de un hecho puntual: se le ha ignorado o minimizado y, en consecuencia, no se ha actuado para corregirlo.
Cabría esperar que, ante la evidencia, la actitud de las autoridades se modifique y eso se traduzca en un hecho concreto: el establecimiento de metas específicas en materia de reducción de la contaminación auditiva que hoy nos aqueja y afecta a todos, sin excepción.