Coahuila: El silencio oficial ante el desempleo
El pueblo de Coahuila necesita a su gobernador, aceptando la adversidad y diseñando una ruta, pa’delante, como le gusta decir. No les haga caso a sus asesores, gobernador. Cuando la crisis pega en el bolsillo, no hay estrategia que valga
En Coahuila hay una crisis de desempleo. El triunfalismo oficial es golpeado por el bumerán de la desocupación creciente. La narrativa del Gobierno contrasta con la realidad que atraviesan decenas de miles de trabajadores que han sido desocupados. Familias que no la están pasando bien, mientras el gobierno local festeja sus “logros” efímeros y el circo que, un día sí y otro también, le ofrece a su estructura partidista.
El impacto es proporcional a la avaricia previa, de ahí que la ciudad más golpeada sea Saltillo, pero también Ramos Arizpe y el Sureste entero. Ya lo hemos comentado: el crecimiento previo se canalizó mediante acuerdos cupulares entre gobiernos estatales y sus amigos. Lo que hemos venido llamando Coahuila S.A., una suerte de entidad paralela que toma las decisiones en el estado para beneficio propio. Los trabajadores y la planeación democrática son cosa de otro planeta, no les interesa. Ellos son autoridad y lo son sin contrapesos.
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Lo cierto es que durante años se construyó una burbuja de confort para un grupo muy pequeño, bajo la premisa de que el dinamismo automotriz sería eterno y que las migajas de la mesa serían suficientes para mantener la paz social. No diversificaron, no hicieron un mapa de riesgos, no hicieron planeación democrática, no hicieron labor de contingencia con la pequeña y mediana empresa. Vaya, ni siquiera los han escuchado. Es la soberbia de la cúpula en el poder.
Quien hoy pagan la factura no es Coahuila S.A., sino los trabajadores que ven cómo las plantas bajan sus cortinas. Ante este drama, el Gobierno del Estado guarda un silencio ensordecedor, cuando eran los que más festejaban y hacían propios los éxitos del pasado. Se esconden detrás de la vorágine noticiosa. Envían a la secretaria del Trabajo a emitir declaraciones que son auténticos laberintos de retórica hueca; palabras y tecnicismos para anestesiar la indignación y ganar tiempo. Una burocracia que no sabe cómo reaccionar, porque nunca planeó para la adversidad, únicamente para el festejo.
Ante este vacío, el único actor relevante que ha levantado la voz es Tereso Medina, líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). En la adversidad lo dejaron solo sus compañeros de partido, espero que no los de sector. Resulta que el sindicalismo, tantas veces criticado, hoy lanza un llamado de urgencia exigiendo una reconversión laboral, como si de una conquista sindical se tratara. Eso debieron pensar antes, y le tocaba al Gobierno del Estado. Tocaba actuar cuando la inteligencia artificial empezaba a dar sus primeros pasos, cuando los robots tomaban mayor protagonismo y cuando Donald Trump aventajaba en las encuestas presidenciales en Estados Unidos. Pero estaban muy ocupados contando sus ganancias, no había tiempo que perder.
La crisis en Saltillo ya empieza a impactar en el resto del estado, aunque no con la misma intensidad. El problema no es el estancamiento actual, sino la falta de rumbo hacia delante. Hace falta un golpe de timón; el problema es que ya lo hicieron en 2025 y no jaló. Fue el 29 de mayo pasado, le llamaron Pacto Coahuila, y prometieron muchas cosas. Dijo entonces el gobernador: “Gracias a este trabajo en equipo, en muchos rubros somos una potencia nacional: Coahuila es un ejemplo ante México y el Mundo”.
El pequeño detalle es que Coahuila, en crecimiento económico, cerró el año en el número 27 de 32 entidades federativas. Poco sirve culpar a Trump o a la incertidumbre, porque eso no está afectando en Nuevo León, San Luis Potosí o Tamaulipas. México como país rompió récord en exportaciones en 2025, haya sido como haya sido. ¿Y Coahuila? ¿Qué pasó?
Lo mínimo que esperamos del gobierno es que dé la cara ante la adversidad, que diga algo. No dudo de la sensibilidad del gobernador, al menos eso quiero creer. El problema, creo yo, es que a todos los gobernantes los suele rodear un séquito de asesores que suelen anteponer la estrategia fría por encima del sentido común, que en este caso es el sentido de justicia. Como ellos, los asesores, no pagan los platos rotos del reclamo social, sino su jefe, el gobernador, les es fácil mal asesorar desde la soberbia y el desconocimiento.
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El pueblo de Coahuila necesita a su gobernador, aceptando la adversidad y diseñando una ruta pa’delante, como le gusta decir. No les haga caso a sus asesores, gobernador. Cuando la crisis pega en el bolsillo, no hay estrategia que valga. “Es la economía, estúpido”, fue el mensaje de cabecera que le dejó James Carville a Bill Clinton en su oficina de la Casa Blanca, cuando asumió la Presidencia de Estados Unidos, para que nunca se le olvidara.
La soberbia de callar es preludio de derrota. El tiempo de las fotos y del corte de listón ya terminó, ahora toca arremangarse y entrarle a los problemas. Toca hacer oídos sordos a los aduladores y acercarse al pueblo que batalla ante el desempleo. Uno nunca sabe, igual y hasta le va mejor al gobernador y a su equipo. Mejor aún, al pueblo de Coahuila, que es el que importa.
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