Coahuila: +25 años de una Economía Saltillo-Céntrica

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Opinión
/ 27 enero 2026

Los primeros efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o TLCAN, que se firmó en 1994, se empezaron a sentir en México conforme nos acercábamos al año 2000. Era la etapa final del México predemocrático, no mandaba el mercado como tal, sino una economía de mercado muy particular, impulsada desde las élites. Aun así, las clases medias se vieron beneficiadas, muchos salieron de la pobreza extrema, muchos otros no. El mercado solo no puede, requiere orden, transparencia y la corrupción no ayuda.

Esta realidad impulsó la llegada de las primeras inversiones a Coahuila, desde arriba, tocando las puertas gubernamentales, en específico la de los gobernadores. Siendo ellos quienes tenían el control político y legal del Estado, facilitaba a las empresas su arribo e instalación. Además de garantizar un ambiente laboral amigable, derivado del control político que ha tenido la CTM, se buscaban diversos incentivos, acceso al agua, calles, interconexión y condonación de impuestos.

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Un poder concentrado y la creciente demanda de empresas que buscaban tener un lugar en el Estado, por su ubicación estratégica en América del Norte, dio vida y rienda suelta a Coahuila S.A. que no es otra cosa más que los gobiernos del PRI y sus cuates en Saltillo. Así arrancó el boom económico de Coahuila, fue intencionalmente Saltillo-Céntrico, que incluye Ramos Arizpe y también Arteaga. No fue producto de planeación alguna, sino de la ambición desmedida de vender tierras, a costa de los recursos naturales de la Región Sureste del Estado, en particular el agua, y apoyados por una mano de obra barata.

Desde principios de siglo, el eje Saltillo–Ramos Arizpe–Arteaga concentró incentivos, parques industriales, obra pública y promoción internacional. Pero se hizo sin planeación democrática, hubo mucha corrupción, unos cuantos tomaban las decisiones, y pusieron todos los huevos en la misma canasta de la industria automotriz. No había tiempo de pensar, debatir, prevenir, diversificar, había urgencia de empacharse y llenarse los bolsillos. Hoy Saltillo y la Región Sureste son un caos, crecimiento desordenado, tráfico desmedido, transporte público colapsado, problemas de agua y desempleo creciente. Pero los de Coahuila S.A. son ya muy ricos.

Mientras el desarrollo Saltillo-Céntrico crecía con gran impulso, en La Laguna el enfoque era garantizar los derechos de agua para la industria lechera. Ser orgullo internacional, aunque el impacto social en casa fuera mínimo y el ambiental dramático. En lo industrial les dejaban las sobras y subsistían con inversiones añejas. A los demás, simplemente los ignoraron.

Monclova quedó atrapada en una dependencia absoluta del acero. No hubo una política seria de reconversión, pese a que la fragilidad de AHMSA era conocida desde hace más de una década. Se prefirió postergar el problema antes que enfrentarlo. Cuando la empresa colapsó, el Estado ya había renunciado a Monclova. Hoy se sostiene por la iniciativa de empresas locales y de otras que se escaparon de la preferencia gubernamental por el Sureste.

En la Región Carbonífera, el abandono es todavía más crudo. Ninguna administración estatal impulsó un plan de transición económica real. Se mantuvo la explotación del carbón como si el tiempo no existiera. Se ignoraron los llamados de un mundo que cambiaba. Aquí no hubo estrategia: hubo negligencia. Las tragedias humanas no fueron advertencias; fueron costos criminales. Hoy la cosa está peor, la corrupción en el carbón es grotesca.

La frontera norte nunca fue prioridad, fue tratada como periferia. A diferencia de Chihuahua o Tamaulipas, donde la frontera es el eje del desarrollo logístico y comercial, en Coahuila se optó por una segunda generación de maquila. Hubo dinero para una infraestructura logística ordenada e innovadora, pero fueron omisos. El Estado de Coahuila ha tenido la concesión del Puente Internacional II desde que arrancó y ni así. No apostaron ni por lo que era de ellos. Hoy, más del 70 por ciento de la carga comercial del sureste de Coahuila usa la ruta de Nuevo Laredo. Vaya, ni ante la saturación de Nuevo Laredo y siendo concesionarios del Puente II, hacen algo. En medio de esta inacción, el Gobernador de Nuevo León conectó Monterrey con Colombia y ahora promueve agresivamente su cruce internacional, la nueva joya de la corona.

Este no es un problema técnico ni coyuntural. Es el resultado de decisiones políticas sostenidas en el tiempo, derivadas de la ambición de los gobiernos y sus cuates, los de Coahuila S.A. El desarrollo que se concentra excluye. Y el que excluye durante demasiado tiempo, termina por cobrarse la factura. En el pecado llevan la penitencia. Concluyo con dos lecciones para las regiones Centro, Carbonífera y Norte. Primero, lo que no hagan por ustedes mismos, no lo van a hacer por ustedes desde el Gobierno de Coahuila, desde Saltillo, hay +25 años de evidencia que lo confirman. Segundo, la ambición mata ciudades, si quieren una economía sana y sustentable, hay que planear en democracia, comparar con las experiencias exitosas alrededor del mundo y evitar los horrores que ya han cometido otros, no quieren ser ellos, apuesten por ustedes mismos.

Facebook: Chuy Ramirez

Columna: Regresando a las Fuentes

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