Coahuila: La masacre de Allende
A nosotros nos faltan más de mil 700: 300 de Allende, 150 de Piedras Negras, 430 de Torreón y otros en los 38 municipios. ¿Por qué Coahuila no atrae las miradas de periodistas, políticos, organismos de derechos humanos? Fui el primer mexicano en denunciar la masacre de Allende
Antes de la denuncia de la ONU, me pidieron el artículo que publiqué en VANGUARDIA a días de la masacre de Allende. No lo encuentro. Lo comenté a varios amigos y me enviaron lo que tenían sobre mi denuncia. Hay referencias en VANGUARDIA, Aristegui, El País y El Colegio de México.
“La masacre de Allende, Coahuila, no tiene nombre, es mucho peor que lo que pasó en Ayotzinapa y nadie ha dicho una palabra y no hay una rebelión en Coahuila, ni siquiera una posibilidad”, dijo para el diario VANGUARDIA el docente de la asignatura Rebeliones Indígenas. Opinó que casos como el de Ayotzinapa son una muestra clara de que la violencia se ha hecho parte del Estado mexicano, que permite que la gente sea violenta. Coahuila está siendo apático; poca gente expresa lo que sucede y termina cuidando los intereses individuales. “El PRD guarda silencio, el PAN no dice nada, el PRI está comprometido con sus intereses”: “Aristegui Noticias”, 5 de noviembre de 2014. También me entrevistó El País, de Madrid.
¿Podemos nombrar holocausto a acontecimientos del noreste mexicano? Las noticias conducen a temas que no creímos que podrían ocurrir. Se habla de genocidio, concepto interesante y peligroso. Publiqué un libro sobre el genocidio en el noreste novohispano. Los indígenas sufrieron esclavitud, deportaciones y maltrato en la región, lo que acabó con los aborígenes que habían vivido ahí al menos 11 mil años. No murieron por causas naturales, sino por el maltrato, la guerra y el hambre propiciados por un sistema de explotación brutal. Genocidio es referencia a destruir, asesinar a un grupo étnico, un pueblo con características particulares. Proviene de los términos latinos gens y occidere, que significan matar un linaje.
Puedo afirmar que en Nuevo León hubo genocidio porque la intención fue extinguir a sus indios. ¿Y Coahuila? Un gobernador del siglo 19 presentó su programa de trabajo: “La tarea más importante es acabar con los indígenas”. ¿Aplicaríamos el concepto a la masacre de Allende, Piedras Negras, Torreón, San Pedro, San Fernando? Desde la semiótica, no. No se mató a un grupo cultural, a una sociedad étnica. Se habla de holocausto a partir de los hornos de Hitler porque quemaban prisioneros. De manera incorrecta se dice “holocausto del pueblo judío”; no fueron los únicos. Hitler acabó con un millón de gitanos. A eso se nombra holocausto, que viene de dos palabras griegas: olon (total) y kaustos (quemado): “todo quemado”.
Si no podemos hablar de genocidio, sí podemos nombrar holocausto a hechos de Piedras Negras, Patrocinio (San Pedro) y otros. La soledad de Coahuila es dato, idea, reflexión, resultado. Al secuestrar y asesinar a los estudiantes de Ayotzinapa, tuvo lugar un movimiento mundial de condena. La periodista canadiense Dawn Paley dedicó su libro “Drug War Capitalism” a los 43, con sus nombres. Hubo manifestaciones en Madrid, París, Nueva York, Bruselas, Buenos Aires: al grito “¡Nos faltan 43!”.
A nosotros nos faltan más de mil 700: 300 de Allende, 150 de Piedras Negras, 430 de Torreón y otros en los 38 municipios. ¿Por qué Coahuila no atrae las miradas de periodistas, políticos, organismos de derechos humanos? Fui el primer mexicano en denunciar la masacre de Allende: lo dice el Dr. Luis Aboites, de El Colegio de México, en su libro “El Norte sin Algodones”: “El primero en denunciar la masacre fue Carlos Manuel Valdés”. En ese Colegio se ha criticado al sociólogo Sergio Aguayo, contratado por Rubén Moreira para hacer una historia maquillada de la masacre de Allende.
Estamos llegando al momento en que no debemos esperar nada de nadie (gobierno, diputado, presidente, candidato o religioso). Hay que buscar soluciones a los problemas. Las mujeres de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos de Coahuila: Saltillo, La Laguna, Piedras Negras, Monclova y Allende han roto su tristeza personal para convertirla en parentesco y lucha. Pasaron del llanto a la decisión de no dejar que los crímenes dicten su existencia. Están en contacto, crearon grupos solidarios entre quienes no existía una amistad: las unió la desgracia. También la soledad del hogar: me falta Pepe, no está Chachis, no ha llegado papi, estoy esperando el regreso de Ángel... Esa soledad inherente al humano se llena de fuerza y cariño. ¿Hay algo que debamos hacer? Sí, unirnos, atacar nuestras carencias sociales y no tener miedo.
El poeta Alfredo García Valdés me dedicó su último poema publicado en vida: “La masacre de Allende” (es mi orgullo).