Coahuila: Los candidatos a las alcaldías, su capacidad y su honestidad para conducirlas
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Morena es un partido sin fuerza en Coahuila; de eso no hay duda. Sus pocos alineados caminan por la ruta que les traza su dirigente sin una certeza establecida, pues la línea que le deben marcar sus superiores no les llega debido a lo desorbitado que andan en la dirigencia nacional, donde ahora mismo sus jefes se ocupan en definir a quiénes lanzarán para las gubernaturas que tienen en su poder. Este anticipo obedece a que las cosas dentro de ese partido nacional andan a tientas, con la probabilidad de perder algunos estados.
Por otro lado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), desde que tomó posesión el actual dirigente, trazó un esquema organizacional integrando a miembros experimentados para alcanzar un reforzamiento. Con ello, empezó a recobrar fuerza, imprimiéndole directrices que lograron promover una homogeneidad de pensamiento basada en su doctrina. Asimismo, conminó a la militancia a mantenerse bien alineada, con un sentido de democracia y con ideas fundamentales relacionadas con la asistencia social.
Cuando los nuevos alcaldes entren en funciones, al gobernador le faltará por consumir un tercio de su administración, etapa que irá cerrando con una fortaleza bien consolidada, la cual le servirá para catapultar a quien continúe en el siguiente periodo gubernamental.
La democracia debe ser reflejo de una madurez política que transparente la actividad de un régimen de gobierno electo popularmente. Con base en ello, el gobernador Jiménez Salinas implementó estrategias claras para la conducción de su periodo constitucional, al tiempo que ha sabido articular su gestión con la parte política como líder moral que es de su partido, en donde le han salido las cosas con sabor a triunfo.
Por lo tanto, el PRI deberá saber elegir a sus pretendientes a las presidencias municipales, dejando atrás el amiguismo y postulando a verdaderos candidatos con divisa de ganadores, los cuales se identifiquen con los electores y, además, sostengan y demuestren que la unidad partidista es el valor político que le da vida al Revolucionario Institucional.
Para demostrar una verdadera democracia interna, es conveniente abandonar ese viejo sistema de seleccionar a los aspirantes privilegiando a los compadres y a los amigos, que en algunos casos se ha seguido manteniendo. Existen argumentos para sostener que, como consecuencia de seguir ese sistema, el pueblo se ha hartado de candidatos a modo. Lo que realmente se necesita son amigos, pero de la ciudadanía, con la seguridad de sacarlos con éxito.
Sin embargo, al parecer las cosas han cambiado. Hoy empieza a percibirse, para bien, que los partidos intentan enviar a la línea de fuego a candidatos que realmente son idóneos para el puesto, de manera que triunfen y que, ya instalados, le den decoro a la instancia municipal trabajando denodadamente por el bien de la ciudadanía.
Previo a la selección de candidatos debe abundar la unidad partidista. Para tal propósito, es necesaria la existencia de cohesión entre los miembros del partido, de modo que prevalezca la voluntad de ganar en las contiendas y no sea ajena a la realidad que políticamente se está dando, en el sentido de que el trabajo se dé con calidad y honestidad, pues algunos militantes partidistas que han ocupado esos puestos se han servido de ellos. Como consecuencia, la ciudadanía ve con recelo ese sistema de selección y opta por inclinarse a favor de contendientes de otros partidos.
Resulta notorio cuando se pasa de un estatus económico aceptablemente bueno a otro que les representa una prosperidad evidente. Los signos externos de riqueza suelen delatarlos como ricos improvisados y con cinismo lo justifican como adquisiciones legales, afirmando que han sido producto de años de un trabajo honesto.
Se debe demostrar que los candidatos escogidos ofrecen la certidumbre de que van a gobernar bien y que, una vez concluido su periodo, pueden ser calificados como alcaldes que aprobaron la selección porque fue la adecuada. Y si no...
Se lo digo EN SERIO.