Coahuila S.A.
“Un Estado que no procura la justicia no es más que una banda de malhechores”. León Tolstói
Usted lo conoce como Estado o entidad federativa, es una de esas 32 provincias que señala la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Es lo que se entiende por ese pedazo de tierra ubicado al sur de Texas, al norte de Zacatecas y San Luis Potosí, el poniente de Nuevo León y al este de Chihuahua, se compone de 38 municipios y en los papeles, el poder se divide en tres: uno Legislativo, otro Judicial y un tercero, Ejecutivo. Eso que llamamos Coahuila, nuestra casa, nuestra tierra, tiene dos realidades.
Tenemos al Coahuila de los ciudadanos, ricos, pobres o clasemedieros que, alejados del quehacer político, se dedican a lo suyo, y si llegan a interactuar con el gobierno, es para pagar impuestos, derechos y obligaciones. Eso les permite vivir dentro de sus límites geográficos; se trata de la gran mayoría de los coahuilenses, son una especie de “accionistas pasivos”, pagan sus acciones, y tienen derecho a algunas cosas: Calles, “seguridad”, escuelas y hospitales, todo ello bastante limitado y deficiente.
Existe también una minoría ciudadana, supera el 40%. De igual forma, sus integrantes provienen de distintas clases sociales, pero ellos sí se involucran en el quehacer político. Los divido en dos categorías: los que participan y legitiman al sistema, y a cambio de ello reciben un poco más que los accionistas pasivos: algún favor gubernamental cuando se les ofrece y algún extra. Los más necesitados, dentro de este subgrupo, pueden obtener una compensación económica por votar el día de la elección, y algunos apoyos extraordinarios cuyo valor depende de su ubicación en la pirámide corporativa, en su colonia popular, en su sindicato, etc., en cuya cúspide está la poderosa lideresa de colonia o el dirigente sindical. Unos saben jugar el juego, pero la mayoría son rehenes del sistema, obedecen, agachan la cabeza y se contentan si les cae alguna migaja.
En otro nivel, tenemos a los accionistas activos. “Accionistas Serie A”, que invierten más allá de sus obligaciones como ciudadanos: aportan votos para que el Consejo de Administración conserve su sitio y para que el Director General en turno, al que llaman Gobernador, pueda desempeñar su cargo. En este grupo, hay líderes sindicales, asociaciones civiles, regidores, alcaldes, diputados que barren calles para juntar adeptos y en su momento presentar su ofrenda de votos al Consejo de Administración.
En otro nivel, mucho menos visible, tenemos a los que aportan dinero para que la maquinaria pueda obtener votos. Tienen que pagarse sueldos, gasolinas, asesores de imagen, brigadistas y expertos en redes sociales. Estos accionistas esperan que retorne, aumentada, su inversión al “proyecto”. A muchos terminan viéndoles la cara, pero tienen que seguir jugando el juego hasta que recuperen o desistan, son pacientes y esperan que el próximo Director General los tratará mejor. Estos accionistas tienen más voz y su voto pesa un poco más que los anteriores.
Existen también los que arriman votos y dinero. Suelen enojarse y patalear, exigen a gritos que se les pague con cargo público, efectivo o contratos de gobierno. Tan pronto les pagan, todo vuelve a la normalidad. Pero si no les pagan les quedan dos opciones: conservar la esperanza y esperar al siguiente Director General o renunciar a la empresa, fundar una propia o unirse a una tercera que busque robarle el negocio a la empresa madre, que en Coahuila lleva 94 años.
Así es Coahuila S.A., empresa cuyo Presidente del Consejo de Administración se llama Rubén Moreira Valdez, su Director General, ya de salida, responde al nombre de Miguel Riquelme, cuenta con treinta y ocho subsidiarias de disparejo tamaño, y tres divisiones de negocio. Dentro de la empresa todos ganan, claro está, algunos más que otros. Los que estamos fuera de la empresa nada más nos toca pagar. Algunos pensamos que nos corresponde señalar entuertos y protestar abusos, en público o en privado; otros deciden mirar a otro lado y seguir con su vida.
Como en toda empresa, en Coahuila S.A. suele haber problemas, y como en toda empresa, todo se arregla con dinero, por ejemplo: Guillermo Anaya decía que iba a meter a Rubén Moreira a la cárcel, hoy caminan de la mano y apoyan al mismo aspirante a Director General. Jericó Abramo amenazó con arrebatar el poder a la cúpula, hoy le levanta la mano al elegido como próximo Director General. Tal parece que a Jericó le reactivaron sus rentas y con ellas recuperó su pasión y corazón institucional y revolucionario.
Les presento a Coahuila S.A. En esta empresa no importa la democracia ni la transparencia. Las reglas son claras, aunque no sean las señaladas en la Constitución o en sus leyes secundarias. Aquí manda el Director General en consultas con el Presidente del Consejo de Administración. Algunos otros actores tienen asiento en el Consejo. Se les permite opinar y a veces votar, pero no tienen derecho a veto. Suelen ser los exgobernadores o los patriarcas de las familias más acaudaladas de Saltillo y Torreón. Por más que quieran, las élites de las regiones Centro y Norte, no juegan en esas ligas. A ellos les toca aportar, ganar en proporción y sólo en su jurisdicción.
Twitter: @chuyramirezr
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