¿Cómo distinguir entre amor sano y amor tóxico?
COMPARTIR
Cuando alguien siente que no puede vivir sin otra persona, es más fácil que tolere malos tratos, chantaje emocional o control
El presente artículo está escrito para que adolescentes y jóvenes comprendan que el enamoramiento, cuando no se conoce ni se regula, puede transformarse en amor tóxico.
El amor, desde el punto de vista biológico, es una de las experiencias emocionales más intensas y maravillosas del ser humano. Puede dar sentido, motivación y conexión. Pero también puede ser profundamente destructivo cuando se vive sin conciencia, sin límites y sin equilibrio emocional.
TE PUEDE INTERESAR: Más países dicen NO a las redes sociales para menores de edad
Por eso es fundamental educar a nuestros hijos –y educarnos a nosotros mismos– para aprender a vivir el amor de manera saludable.
Cuando eres adolescente o joven, el amor puede sentirse enorme, intenso, absorbente. A veces parece que todo gira en torno a esa persona. Y aunque enamorarse es una de las experiencias más bonitas de la vida, también puede volverse peligroso cuando deja de ser amor y se convierte en una obsesión. A eso lo llamamos amor tóxico.
En psicología se describe como un estado mental en el que el cerebro entra en algo parecido a un “modo amor total”. En ese estado, la persona deja de pensar con claridad porque todo su mundo emocional depende de su relación. No es sólo que alguien te guste mucho. Es cuando empiezas a dejar de ser tú para sostener a alguien más.
El primer signo del amor tóxico aparece cuando el amor se convierte en lo más importante de tu vida, por encima de todo. Amar es normal. Necesito conexión también. Pero cuando empiezas a alejarte de tus amigos, de tu familia, de tus metas, de tus hobbies o de lo que te hacía feliz antes, algo ya no está bien.
Muchas veces esto sucede sin que te des cuenta. Empiezas a pensar que, si esa persona está contigo, todo está bien. Y si no está, todo está mal. Tu estado de ánimo comienza a depender por completo de lo que esa persona haga, diga o sienta.
A nivel cerebral, esto tiene una explicación. Cuando te enamoras, el cerebro libera sustancias, como la dopamina, que generan placer y emoción. El problema aparece cuando el cerebro empieza a necesitar esa “dosis emocional”, como si se tratara de una adicción. Ya no buscas sólo amor; buscas la sensación que esa persona te provoca.
El segundo signo del amor tóxico aparece cuando empiezas a perder tus límites. En una relación sana puedes amar mucho a alguien sin dejar de ser tú. Puedes decir “sí” a lo que te hace bien y “no” a lo que te daña.
En el amor tóxico ocurre lo contrario. Empiezas a hacer cosas que no quieres. Aceptas situaciones que sabes que están mal. Cambias tu forma de ser sólo para que la otra persona no se vaya. Incluso puedes empezar a creer que todo es tu culpa cuando algo sale mal.
Poco a poco, algunas personas comienzan a pensar que no son suficientes: que no son lo bastante atractivas, inteligentes, interesantes o valiosas. La autoestima empieza a depender por completo de la relación.
Esto es especialmente peligroso en adolescentes y jóvenes, quienes están construyendo su identidad. Cuando tu valor depende de otra persona, cualquier problema en la relación puede sentirse como si tu mundo se estuviera rompiendo.
El tercer signo –y el más grave– es la dependencia emocional extrema. Cuando hay conflictos o peleas, la persona siente que no puede respirar, que su vida no tiene sentido sin esa relación. En una ruptura, puede surgir la sensación de que todo terminó, que ya no hay futuro, que nada vale la pena.
Esto ocurre porque la persona dejó de construir su propia vida y puso todo su valor emocional en otra persona.
Hay algo que debes entender: el amor tóxico a menudo atrae a personas manipuladoras. Cuando alguien siente que no puede vivir sin otra persona, es más fácil que tolere malos tratos, chantaje emocional o control.
TE PUEDE INTERESAR: ¿Las redes sociales, acercan o alejan el amor?
El amor sano es completamente diferente: el amor sano no te borra, te hace crecer; no te pide que dejes de ser tú; no te hace vivir con miedo constante a perder a alguien; no te hace sentir menos.
El amor sano suma. El amor tóxico resta.
Amar a alguien no significa dejar de amarte a ti. La relación más importante de tu vida es la que tienes contigo mismo. Cuando tú te respetas, te valoras y sabes quién eres, es más difícil que alguien te haga daño.
Buscar amor está bien. Querer amar está bien. Pero convertir el amor en tu única razón para existir puede destruirte.
El amor real no te pide que desaparezcas.
Te pide que seas tú... y que elijas compartir tu vida con alguien que también sabe ser quien es.