Cómo hacer amigos

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Opinión
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Hacer amigos requiere acercarnos, tolerar cierta incomodidad inicial y dar tiempo al vínculo, algo difícil cuando esperamos de las personas la rapidez de una pantalla

Las personas con las que da gusto estar

Durante la pandemia de COVID-19 perdimos muchas oportunidades de convivir, y hoy el exceso de pantallas puede seguir desplazando conversaciones y encuentros. Cuando la interacción disminuye, también escasean las ocasiones para practicar cómo escuchar, iniciar un diálogo o resolver un desacuerdo. A veces parece que hemos olvidado cómo hacer amigos y cómo cultivar una presencia que invite a la amistad.

La dimensión del problema merece atención. En 2025, la Comisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre Conexión Social informó que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad, una proporción que se eleva a alrededor de una de cada cinco entre adolescentes y adultos jóvenes. Estas cifras hablan de una problemática con causas múltiples, pero también nos invitan a recuperar oportunidades para encontrarnos.

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Una pregunta puede ayudarnos: ¿cómo se sienten los demás después de conversar con nosotros? Hay personas que transmiten tranquilidad, permiten hablar sin miedo y muestran interés genuino por nuestra vida. Con el fin de cultivar ese encanto cotidiano, existen cinco hábitos para recuperar nuestras relaciones sociales y convertirnos en una compañía agradable que fomente la amistad.

El primero es escuchar sin apresurarnos a demostrar cuánto sabemos. Cuando alguien comparte una preocupación, resulta tentador interrumpirlo con nuestra propia historia o con una solución inmediata. Sin embargo, dejarlo terminar y preguntarle cómo está viviendo la situación permite comprenderlo mejor. Una amistad empieza a fortalecerse cuando cada persona encuentra espacio para expresarse, sin competir por la atención ni sentirse examinada.

El segundo consiste en aceptar las pequeñas imperfecciones. Olvidar un nombre, equivocarse al contar algo o reconocer que desconocemos un tema forma parte de cualquier conversación. Quien admite sus errores con naturalidad y sabe disculparse facilita que los demás también se relajen. Podemos reírnos de un tropiezo propio sin descalificarnos, corregir lo necesario y seguir adelante. Esa sencillez vuelve más cercana nuestra presencia.

El tercer hábito es conservar el criterio propio con respeto. Querer agradar a todos puede llevarnos a aceptar compromisos que nos pesan o fingir opiniones para encajar. Expresar un desacuerdo con serenidad, explicar nuestras razones y escuchar las ajenas permite construir relaciones más honestas. La amistad necesita confianza para decir lo que pensamos y disposición para revisar nuestras ideas, sin convertir cada diferencia en una competencia.

El cuarto consiste en hacerle sentir al otro que su vida nos importa. Preguntar cómo salió una entrevista, recordar una preocupación o interesarnos por un proyecto demuestra atención. También cuenta guardar el teléfono cuando alguien quiere hablarnos. Pensemos en la diferencia entre recibir respuestas distraídas y conversar con una persona que escucha, pregunta y recuerda. Esos detalles pueden convertirse en el comienzo de una amistad.

El quinto hábito es establecer límites con amabilidad. Estar disponibles a toda hora puede agotarnos y alimentar resentimientos. Hay que explicar que necesitamos descansar o que podremos conversar mañana, lo cual nos permite cuidar nuestras fuerzas y ser claros con los demás. Una relación se beneficia cuando podemos decir que algo nos incomoda sin humillar, castigar con el silencio ni hacer sentir culpable a la otra persona.

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Para recuperar la convivencia necesitamos ocasiones reales de encuentro: una caminata compartida, una actividad comunitaria, una comida sin celulares o una invitación sencilla. Padres y maestros pueden abrir esos espacios y mostrar, con su ejemplo, cómo escuchar, discrepar y reparar un error. Las habilidades sociales se ejercitan en la relación cotidiana. Hacer amigos requiere acercarnos, tolerar cierta incomodidad inicial y dar tiempo al vínculo, algo difícil cuando esperamos de las personas la rapidez de una pantalla.

Quizá hoy podamos escribirle a alguien para encontrarnos, saludar a un vecino o retomar una amistad descuidada. Después, prestemos atención a la persona que tenemos enfrente. El deseo de volver a vernos puede nacer de algo tan sencillo como haberse sentido escuchado, respetado y acompañado.

Es licenciado en Educación con Maestría en Desarrollo Organizacional por la UdeM. Maestría en Psicopedagogía Clínica en España. Cuenta con doctorado en Currículum e Instrucción por la Universidad del Norte de Texas y estudios de Postrgrado en Educación, género, aprendizaje y cerebro en el programa de Velma Smichdt por la Universidad del Norte de Texas.

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