Crecimiento con pies de barro: una economía a dos velocidades
En días recientes, el INEGI en México dio a conocer los datos del PIB por el lado del gasto, correspondientes al cuarto trimestre de 2025. Al analizar a detalle estas cifras macroeconómicas, se aprecia una radiografía sumamente reveladora y a la vez fuertemente polarizada de nuestra economía.
La Oferta y Demanda Global creció un robusto 4.3% a tasa anual, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) registró un avance mucho más modesto del 1.8% en este mismo periodo. El verdadero valor analítico de este reporte radica precisamente en diseccionar qué componentes están impulsando este barco y cuáles actúan como una pesada ancla.
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Uno de los motores del crecimiento económico a finales del año pasado – a pesar de que ha venido perdiendo vigor - fue el consumo privado. Este rubro presentó un sólido incremento anual del 4.0%. El PIB, el consumo aportó por sí solo 2.8 puntos porcentuales, siendo el elemento que mayor contribución tuvo.
Al contextualizar este comportamiento, notamos una notable historia de recuperación: el consumo de los hogares venía de registrar caídas en el primer y segundo trimestre (-1.0% y -0.3%), para luego acelerarse hacia la segunda mitad de 2025.
Por el contrario, el gran freno estructural que padecemos sigue siendo la Formación Bruta de Capital Fijo, es decir, la inversión. Durante el cuarto trimestre, este indicador se contrajo un 3.9% a tasa anual, restándole directamente 0.9 puntos porcentuales al crecimiento del PIB. Lo verdaderamente alarmante es la tendencia recesiva. Al revisar el histórico reciente, la inversión encadenó trimestres consecutivos en terreno negativo durante todo 2025.
Mientras que, en el sector externo, las exportaciones lograron aportar 0.9 puntos porcentuales al crecimiento global, su dinamismo comercial se ha enfriado dramáticamente, pasando de crecer a un ritmo espectacular de doble dígito (13.0%) a inicios de 2025, a registrar un avance de apenas 2.1% anual en el último trimestre.
Resulta inevitable detenernos en el comportamiento del sector externo, el cual ha demostrado una notable resistencia frente al clima de aguda incertidumbre comercial detonado por las presiones y la retórica arancelaria de la actual administración de Donald Trump. A pesar de la desaceleración ya mencionada en las ventas externas, el simple hecho de sostener números positivos en un contexto tan adverso subraya la profunda integración y la resiliencia competitiva de la planta productiva nacional.
El formidable repunte del 10.3% anual de las importaciones en la recta final del año. Es un síntoma de la fortaleza de la demanda agregada interna y evidencia que los flujos comerciales de nuestra economía continúan operando con gran tracción a pesar de las constantes amenazas externas.
De forma simultánea, el consumo de gobierno se mantuvo bastante discreto, logrando un crecimiento anual de 1.4%, traduciéndose en una aportación marginal de 0.2 puntos.
En conclusión, cerramos el 2025 con una economía nacional que se mantiene a flote casi de manera exclusiva gracias a la fortaleza artificial del consumo privado basada en programas sociales, incrementos al salario mínimo, y en menor medida por las remesas.
Aunque esta resiliencia de los hogares brinda un alivio invaluable en el corto plazo, el letargo continuo de la inversión productiva constituye una innegable señal de alerta para la economía mexicana.