Cuentecillos para despedir el 2025
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¡Feliz Año Nuevo, queridos cuatro lectores míos! He aquí una sucesión de alegres cuentecillos para enmarcar la fecha... Una linda chica subió al autobús de pasajeros. Desolada se dio cuenta de que no había ningún asiento disponible. Se resignaba ya a viajar de pie cuando un caballero de avanzada edad se puso en pie y le dijo cortésmente: “Señorita: permítame usted cederle mi lugar”. Ella aceptó agradecida el gentil ofrecimiento. Llegados al final del trayecto se dirigió al maduro pasajero: “No tengo con qué pagarle su amabilidad”. Respondió con un suspiro pesaroso el provecto señor: “Usted sí tiene con qué pagarme. Yo soy el que no tiene ya con qué cobrar”... Un hechicero estaba en su tugurio con su mujer. Se ocupaba en arreglar las cosas de su oficio: sus calaveras, su lechuza disecada, sus peroles, sus maléficas yerbas. En eso alguien llamó a la puerta. El hechicero abrió. Quien había llamado era un horrible sapo. El brujo se volvió hacia su esposa y le dijo: “Es aquel hombre con el que me fuiste infiel. A pesar de lo que le hice te viene a expresar sus buenos deseos por el Año Nuevo”... La abuelita estaba tejiendo en su mecedora. En eso se oyó sonar el timbre de la puerta. La abrió la señora, y se alegró al ver a su nieta mayor, a quien hacía bastante tiempo no veía. Se desconcertó al verla: la chica estaba pintada como coche; vestía en tal manera que por arriba se le veía hasta abajo y por abajo se le veía hasta arriba; lucía medias de malla, zapatos de cintas con tacón aguja, y traía bolsa de lentejuelas y chaquira. “Hola, abue –sonrió la muchacha–. ¿Soy o me parezco?”. “Ay, hija –contestó la señora–. Si no lo eres sí que lo pareces”... Un ovni aterrizó en el jardín. Del platillo volador bajó un marciano. Le ordenó al señor que andaba ahí cortando el pasto: “Llévame con tu jefe”. “No puedo –respondió el señor–. Fue a pasar estos días en casa de su mamá”... Aquellos esposos se iban a divorciar. Acordaron divider por mitad lo que tenían, pero se encontraron con el problema de que los hijos eran tres. “Hagamos una cosa –propuso la señora–. Sigamos juntos hasta tener otro hijo. Entonces nos repartiremos dos y dos”. Acotó el marido, en broma: “¿Y si tenemos gemelos?”. “¡Ay, sí, gemelos! –se burló la esposa–. Si nada más lo hubiera hecho contigo ni siquiera tendríamos los tres hijos que tenemos”... Dulcibel llamó por teléfono a su madre. “Mamá –le dijo–. Te hablo para informarte que me acabo de casar”. “Caramba” –acertó a decir la señora. Añadió la chica: “Y que la semana próxima tendré bebé”. “Caramba” –repitió la mama, cuyo catalogo de exclamaciones era más bien corto. Siguió la hija: “Quiero que sepas que mi marido pertenece a una banda de secuestradores y extorsionadores. Además es alcohólico y drogadicto”. “Caramba” –volvió a decir la perseverante madre. “Ahora andamos escasos de dinero –declaró la muchacha–. ¿Podemos ir a vivir con ustedes?”. “Claro –replicó la señora–. Pueden ocupar nuestra recámara. Tu papá dormirá en el sillón de la sala”. Preguntó la muchacha: “¿Y tú?”. Respondió la señora: “Por mí no te preocupes. Terminando la llamada me voy a caer muerta”... La parejita de novios ocupó la suite nupcial de un hotel de la localidad. Él vistió su elegante piyama, ella su vaporoso negligé, y fueron a la cama. El enamorado galán se acercó a su dulcinea. Iba a besarla, pero en ese momento la chica exclamó con disgusto: “¡Joder! ¡No hay una sola cama en todo este hotel que no rechine!”... Deseo a mis cuatro lectores un 2026 lleno de salud, paz y bienestar. Que vivan muchos años, y que yo lo vea... FIN.
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