Cuestiones presentes y pertinentes
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México todavía experimenta la necesidad de cerrar los ojos y golpearse a sí mismo
No son pocas las cosas que sorprenden en los días que están pasando a nivel internacional, nacional y regional. No puedo mencionar más que ciertas anécdotas. Hay que recordar algunas sandeces del hombre más poderoso del mundo, que se rebaja continuamente a niveles de adolescente resentido.
Inició con cuestiones banales que se puedan imaginar: el Golfo de México ya es de América, el lago Ontario se llama De América, Nuevo México empieza a cambiarse a Nueva América, el golfo de Ormuz es Golfo Trump y forma parte de Estados Unidos, etcétera. Recibió a Xi Jinping con alfombra roja y salvas de cañón, pero lo saludó con guantes de cuero, cuando la temperatura era de 18 grados (su misma esposa iba con falda). Esto puede ser calificado de chistes u ocurrencias, pero desató una guerra sin ser guerra, que inició con el asesinato del ayatola, luego lanzó una bomba sobre 132 niñas (lo aprendió de Netanyahu).
Parece que ese país ignora la historia: el presidente George W. Bush atacó salvajemente a Irak y provocó la muerte de 146 mil civiles con el pretexto de que poseía armas de destrucción masiva; no había tales. Trump lo imita: Irán no tiene bomba atómica, sólo quiere usar energía nuclear para producir electricidad, como lo hacen Francia, Bélgica y muchos otros países. Su última locura es la compra de votos a cinco mil dólares. Y a sus berrinches contra Canadá, el primer ministro de ese país lo enfrentó y lo dejó de lado. Trump puede dar tema para muchas páginas; piensa que ganará las elecciones el Partido Republicano. Veremos.
En México se han escrito miles de artículos periodísticos, emisiones televisivas, videos y memes sobre Andrés Manuel López Beltrán. No hacían falta, perdieron el tiempo. La crítica más fuerte contra él fue obra de su propia mano: su carta a Donald Trump es tan estúpida, tan mal escrita, tan torpe que no hace falta criticarlo.
Cambiando de tema, las muchas visitas de Alito Moreno (PRI) a Estados Unidos y de Jorge Romero (PAN) a Europa son clara muestra de la decadencia de ambos partidos y de su actitud suicida, además de ser, sin exagerar, traición a la patria; ellos se exhiben claramente como son. Si nos asomamos a otros países, también golpeados por el imperio, vemos dignidad. Por ejemplo, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, inició con el respaldo de su pueblo una lucha abierta contra el sometimiento. Mientras en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva buscó sus propias soluciones. Hay que mencionar que acabó con la miseria en un enorme territorio que la sufría, y encontró muy pronto relaciones privilegiadas con las dos naciones más grandes del mundo, China e India, así como con Indonesia y otros.
Nuestro país no; México todavía experimenta la necesidad de cerrar los ojos y golpearse a sí mismo. Las declaraciones de Rubén Moreira y de su esposa son de antología: ninguno de los dos tiene memoria, pues critican a Sheinbaum por actos y posturas que ellos mismos practicaron. Y es que la memoria no es una de las cualidades del PRI. Aunque el partido tuvo cosas buenas en el pasado, es de justicia reconocerlo: como al general Lázaro Cárdenas y Adolfo Ruiz Cortines; los demás se llevaron la caja fuerte a su casa.
Un priista saltillense me dijo hace ya muchos años que para ser del PRI y si deseabas progresar, debías aprender a comer caca sin hacer gestos. Buena definición. Él murió sin recibir nada más allá de un tercer o cuarto nivel.
Me ha parecido falto de coherencia el permiso de Morena para violar su propio acuerdo en contra de la reelección y la candidatura de parientes. El mismo Porfirio Díaz estuvo contra la reelección, pero practicó lo contrario (si Juárez no hubiera muerto, dice el son, sería presidente). Resulta inadmisible permitir que el Partido Verde Ecologista, el negocio más perfecto, invención hecha en México, deje que la esposa del gobernador de San Luis Potosí lo suceda. Que le pongan un contrincante de Morena, aunque se sepa que perdería.
Son muchas las temáticas que deben tratarse, pero no caben en una página. Escribirlas es deber, vivirlas es congoja y leerlas una práctica (no masoquista, como leer a Aguilar Camín, Martín Moreno o Anabel Hernández). ¿Por qué no mejor a Rulfo, Borges, Monterroso, Cervantes, Kafka, Dostoievski?