¿De qué me perdí...? (Recargado)
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El caballo negro dejó de trotar por el semidesierto chihuahuense para llegar a la gubernatura.
Mis neuronas, movilizadas contra el fracking en Coahuila y unidas al Movimiento Ciudadano y Regional por el Río Sabinas –que exige su rescate, saneamiento y protección antes de que desaparezca por la explotación del gas de lutitas en la Región Carbonífera–, me plantearon tres exigencias.
1) Solicitar que se transparenten los nombres de los propietarios de los terrenos ubicados en la cuenca Sabinas-Burro-Picachos, situada en las regiones Norte y Carbonífera del estado, donde se instalarán los pozos de fracturación hidráulica para extraer este combustible.
2) Responder estas preguntas: ¿Qué posición adoptará Jericó Abramo Masso ante la sucesión gubernamental de 2029? ¿Dónde quedó el “caballo negro” en su carrera por la gubernatura?
Finalmente, mis neuronas, ya envalentonadas, me pidieron opinar sobre el intento fallido de cambiar, en uno de sus tramos, el nombre de la calle General Victoriano Cepeda por el del cronista saltillense Armando Fuentes Aguirre “Catón”.
Transparentar los nombres de los propietarios es una tarea obligada que podría encabezar, sin dificultad, el senador priista Gabriel Elizondo. Feliz y responsable, con sombrero tejano y sonrisa deslumbrante, seguramente la asumirá durante algún respiro de su extenuante labor propagandística en favor del fracking en Coahuila.
Jericó no es cualquier político. Posee una amplia y exitosa trayectoria en la administración municipal y estatal. Ha sido regidor, alcalde de Saltillo y dos veces diputado federal. Después del gobernador Manolo Jiménez, es el priista con mayor rentabilidad electoral en el estado.
Hasta enero pasado, su productividad legislativa figuraba entre las más altas de la Cámara de Diputados: 60 iniciativas de ley, 32 participaciones en discusiones parlamentarias y más de 40 intervenciones en comisiones y debates en el pleno. Ha sido el único diputado federal coahuilense que ha trabajado de manera consistente y leal por Coahuila y por el gobernador Jiménez.
Jericó tiene todos los atributos para gobernar el estado.
Sin embargo, al no pertenecer al grupo político del gobernador en turno, enfrenta el mismo dilema que vivió al finalizar los sexenios de Rubén Moreira y Miguel Riquelme: una tensión entre sus valores, sus deberes partidistas y sus aspiraciones personales.
De ahí las preguntas que deberá responder: ¿qué hacer ante un destino que parece trágico? ¿Cómo superar la parálisis moral y política provocada por la posibilidad de buscar otra alternativa partidista? ¿Debe permanecer fiel a su lucha contra los molinos de viento y defender su sueño de ser gobernador? ¿Cómo afectaría esa decisión a sus aliados políticos y a su familia, en un estado blindado por el priismo que les cerraría todas las puertas?
¿Debe enterrar su sueño o asumir la responsabilidad política de contribuir a la gobernabilidad del estado y asegurar la victoria de su partido en 2029? ¿Qué incentivos tiene para negociar una salida que fortalezca su posición y preserve sus aspiraciones futuras?
Mientras Jericó responde, abordemos el caso del mentado caballo negro.
Después de los movimientos en el ajedrez político estatal, comentados en mi anterior reflexión editorial, el caballo negro dejó de trotar por el semidesierto chihuahuense para llegar a la gubernatura. Hoy, pese a su juventud, sus crines comienzan a pintar canas y sus patas muestran insuficiencia venosa.
Sin embargo, gracias a su galopante inteligencia, revisa las salidas de emergencia que construyó desde 2023 para mantenerse vigente y poderoso en la escena política, mientras consume una mezcla de los mejores pastos traídos de Texas: ryegrass, estrella y pangola.
Para cumplir la última exigencia de mis alocadas neuronas, apunto que la propuesta del Cabildo saltillense por modificar la nomenclatura reveló una deficiente política de memoria pública que requería una consulta amplia y una mayor sensibilidad histórica.
Saltillo no necesita escoger entre Victoriano Cepeda y Armando Fuentes Aguirre “Catón”. Puede y debe honrar a ambos, respetando la naturaleza y la dimensión de sus respectivas aportaciones. Mientras Cepeda representa la defensa armada de la República, el liberalismo del siglo 19 y la formación institucional del estado; Fuentes Aguirre posee una notable trayectoria en el campo cultural y periodístico.
Reconocer a “Catón” es legítimo. Borrar o disminuir a Victoriano Cepeda para hacerlo no lo era. Una ciudad madura amplía su memoria; no homenajea a sus figuras contemporáneas desalojando de sus calles a sus héroes históricos.
Enhorabuena al Cabildo saltillense por entender su error y rectificar por el bien de la memoria histórica de nuestra ciudad.