¿La inteligencia artificial nos está haciendo pensar menos? Experto explica los riesgos de depender de la IA
La IA puede ampliar nuestras capacidades, pero su uso automático conlleva un gran riesgo: la dependencia cognitiva
La Inteligencia Artificial (IA) está por todas partes. Videos, imágenes, textos, pensamientos, ideas... En una época donde esta herramienta va ganando fuerza en el uso cotidiano, resalta una pregunta: ¿qué conviene delegar a la IA y qué deberíamos seguir haciendo nosotros?
Según el informe mundial de Common Sense Media 2026 publicado en junio pasado, 86% de los niños entre 9 y 17 años la usa; un 70% de adolescentes la aplica para la escuela, y de ellos, dos de cada tres le delegan pensamiento crítico.
“El problema no es usar la inteligencia artificial; lo es cuando la usamos para evitar pensar”, explica Héctor Pérez-Urbina, especialista con 20 años de experiencia entre la investigación y la aplicación de tecnología, doctor en IA por la Universidad de Oxford y máster en Ética de la IA por la Universidad de Cambridge.
Tras una década en Google, decidió dejar la compañía para enfocar su trabajo en la ética de la inteligencia artificial y fundó Tlanextli Group, organización desde la que promueve el florecimiento humano mediante el uso responsable de la tecnología, con especial atención en la soberanía cognitiva.
Bajo la premisa clave de que estamos aprendiendo a delegar tareas a la inteligencia artificial, pero también necesitamos aprender qué no debemos delegarle, VANGUARDIA conversó en exclusiva con Héctor Pérez-Urbina sobre los desafíos que plantea esta tecnología y nuestra relación con ella.
- ¿Cómo describes tu posición actual respecto a la IA y por qué?
Sigo siendo tecno-optimista, pienso que la tecnología nos puede facilitar la vida. Pero ya no soy tan ingenuo como antes. Ahora me considero un tecno-optimista crítico; es decir, alguien que está a favor del uso de la tecnología, pero de manera sensata.
- ¿Por qué dices que se está fraguando una “tormenta” alrededor de nuestra capacidad de pensar?
Por primera vez tenemos herramientas capaces de realizar una parte importante del trabajo cognitivo que antes teníamos que hacer por nosotros mismos. Por un lado, nuestra sociedad valora mucho la eficiencia, tal vez incluso más que la eficacia. Y por otro, los seres humanos tendemos a ahorrarnos el esfuerzo mental cuando podemos hacerlo. Esta situación crea las condiciones idóneas para que deleguemos cada vez más nuestro pensamiento a la IA. Cuando delegamos de manera sistemática a la IA, dejamos de ejercitar ciertas habilidades cognitivas que pueden comenzar a deteriorarse. Algunas de estas habilidades, como el análisis, la planeación, la síntesis y el razonamiento, son críticas para mantener nuestra agencia y autonomía, y para lograr nuestro florecimiento como seres humanos. Esto ya no es solo una hipótesis. La OCDE acaba de publicar PISA 2025 y encontró una asociación entre el uso de IA para tareas escolares específicas y menores puntajes en ciencias. Se aclara que no es todavía causalidad probada, pero es exactamente el tipo de señal de alerta al que tenemos que poner atención.
- ¿Qué consecuencias puede tener esta dependencia tecnológica en la cognición y el aprendizaje?
La dependencia excesiva puede tener consecuencias importantes tanto para la cognición como para el aprendizaje. Si usamos sistemáticamente la IA para hacer el trabajo cognitivo que necesitamos aprender a hacer, nuestro aprendizaje puede ser mucho más superficial. Y aquí hay un fenómeno curioso: Al usar la IA para aprender ¡pensamos que estamos aprendiendo! Cuando leemos una respuesta de la IA, tan fluida y pulida, existe una ilusión de competencia: confundimos el entender la respuesta con la capacidad de generarla por nosotros mismos.
En cuestión de cognición, me temo que el riesgo es más grave. No solo dejamos de desarrollar habilidades cognitivas claves, sino que las habilidades cognitivas que hemos desarrollado a lo largo de los años comienzan a atrofiarse. Tal vez hoy eres buenísimo para resumir textos o para hacer planes complejos. Si no continúas ejercitando estas habilidades, mañana no lo serás tanto. Precisamente las habilidades que te distinguen en la escuela y en el trabajo comienzan a deteriorarse.
Si se da una erosión de cognición masiva, podríamos ver una homogeneización de la expresión. Todo empezaría a sonar y verse parecido. Libros, películas, fotos en Instagram y videos en TikTok. Esto es algo que ya comienzo a ver en LinkedIn, por cierto. Lo más grave es que este fenómeno podría venir acompañado de una homogeneización del pensamiento mismo. No solo nos expresaríamos parecido, sino que también pensaríamos parecido. Esto es grave no solo por la pérdida de la diversidad y de la riqueza de la expresión y del pensamiento, sino porque de manera colectiva nos pone en una situación precaria para poder afrontar retos futuros.
- ¿Cómo podemos darnos cuenta de que estamos atrofiando habilidades que la IA está haciendo por nosotros? ¿Cuáles son las señales clave?
Una cosa que me gustaría aclarar es que no todo tipo de atrofia está mal. Por ejemplo, yo no tengo ningún problema con usar una calculadora, y no me importa que mi habilidad para hacer aritmética en la cabeza se atrofie. Todo depende del tipo de habilidad. El problema viene cuando ciertas habilidades críticas para mi agencia y mi autonomía, como la capacidad de atención, comienzan a deteriorarse.
En específico la pérdida de la capacidad de atención tiene señales claras. ¿Nos da flojera ver un video largo? ¿Hace cuánto que no leemos un artículo (¡o libro!) completo? ¿Podemos ver un episodio completo de nuestra serie favorita sin sentir la necesidad de ver nuestro teléfono? Responder honestamente estas preguntas nos puede dar señales de que la capacidad de atención se está erosionando.
- ¿Cuáles son las preguntas clave que debemos hacernos antes de usar la IA para resolver una tarea, investigar o tomar una decisión?
Yo me hago tres preguntas.
Primero, ¿por qué voy a usar IA en esta ocasión? ¿Qué es lo que quiero obtener? ¿Busco una respuesta rápida, aprender algo nuevo, desarrollar una idea? No hay respuesta incorrecta, simplemente sé muy intencional en tu uso de la IA.
Segundo, ¿logré obtener lo que quería? ¿Realmente logré aprender? ¿Desarrollé mi idea o adopté ciegamente lo que me sugirió?
Tercero, ¿qué habilidad cognitiva dejé de ejercitar? Como lo comentaba, no todas las habilidades son iguales. No vamos a poder ejercitar todas las habilidades cognitivas importantes todo el tiempo, pero es importante estar consciente de ello para remediarlo.
- ¿Cómo podemos volver a querer pensar, en lugar de buscar siempre la respuesta inmediata?¿Cómo podemos dejar de querer tanto la inmediatez?
Así como a mucha gente le gusta ejercitarse físicamente, debemos encontrarle el gusto a ejercitarnos mentalmente. Debemos cambiar la actitud que tomamos cuando nos encontramos ante un tema complicado o confuso. Cuando sintamos el malestar de la disonancia cognitiva, es precisamente el momento para decirnos “¡por fin un reto!”, en lugar de dejar que la pereza o la apatía tomen las riendas.
Cuando era niño, me encantaba ver Dragon Ball y Supercampeones. En lugar de tener miedo al fracaso o al esfuerzo, tanto Gokú como Oliver, se emocionaban al enfrentarse a un contrincante fuerte. Esa es la actitud que debemos cultivar. Ahora como adulto, cuando tengo que hacer algo complicado, literalmente finjo emoción. En serio. A lo largo de los años he ido asociando lo desafiante con lo emocionante, y ahora esta actitud me resulta mucho más natural. Cuando encuentro un artículo difícil, lo imprimo, me encierro en mi oficina con un café y pienso “¡por fin un reto!”.
- Si alguien ya está muy inmerso y dependiente de la IA en su vida cotidiana, laboral o académica, ¿qué puede ayudarle a regresar al camino de la independencia y la individualidad?
Un remedio muy eficaz para comenzar es simplemente iniciar un proyecto sin IA. Empieza un nuevo libro. Aprende a dibujar. Escribe una historia. Esta clase de actividades ejercitan nuestras habilidades cognitivas y combaten la dependencia.
Sobre la individualidad, sugiero usar la IA tomando en cuenta nuestro contexto y perspectiva. Esto combate la tendencia de la IA de producir respuestas promedio o genéricas.
- Si nada es completamente bueno o malo, ¿qué relación saludable deberíamos construir con la IA?
Una relación saludable con la IA es la que se construye con las mismas tres preguntas que mencioné. Si te haces esas preguntas frecuentemente, ya estás construyendo una relación consciente e intencional, no una de dependencia automática. Cada quien decide qué es aceptable y qué no. Para uno será aceptable usarla para redactar correos pero no para pensar una estrategia; para otro será al revés. Lo que no puede hacerse es actuar por costumbre.
- ¿A partir de qué edad recomendarías que los niños empiecen a manipular y conocer la IA? ¿y cuál sería el acompañamiento idóneo?
Creo que los niños deben conocer sobre la IA desde los 7 u 8 años. Además de saber que existe y para qué sirve en términos generales, deben entender que no es una persona aunque suene como tal: “No puede sentir, no puede ser tu amiga.” A medida que crece, recomiendo comenzar a hablarle sobre riesgos específicos: cuestiones de veracidad, privacidad, sesgo, seguridad, etc. Al mismo tiempo, recomiendo usarla junto con él o ella para estimular su creatividad y explorar sus intereses: “Vamos a ilustrar la historia que escribiste”, “Vamos a preguntarle sobre el insecto que encontramos”.
Para su uso directo, me apegaría a lo recomendado por la UNESCO sobre su uso en el aula: 13 años. Recomiendo además seguir al pendiente sobre cómo la está usando. Especialmente si está construyendo con ella una relación “social”, como amiga o pareja. Hay que normalizar la conversación “Para qué hemos usado la IA últimamente”. Y hay que mantenernos al tanto sobre nuevas tendencias, capacidades tecnológicas, y riesgos.
- En este regreso a clases, ¿cómo pueden los estudiantes usar la IA sin atrofiar sus capacidades?
Antes de usarla. Tres cosas. Primero, no dejes todo para el final; la prisa favorece delegar el pensamiento. Segundo, decide qué puedes delegar y qué necesitas hacer tú para aprender de acuerdo al propósito de la tarea. Tercero, intenta realizar lo que te toca por tu cuenta; el esfuerzo inicial consolida el aprendizaje.
Mientras la usas. De nuevo tres cosas. Primero, pídele a la IA que revise tu trabajo y que señale errores o debilidades en tu razonamiento. Segundo, cuestiona sus respuestas, recuerda que no es un oráculo infalible. Tercero, explica por qué aceptas, modificas, o rechazas sus sugerencias.
Finalmente, después de usarla. También tres cosas. Primero, explícale lo que aprendiste para comprobar que realmente lo dominas. Segundo, identifica lo que todavía te resulta confuso y busca entenderlo mejor. Tercero, evalúate sin asistencia para comprobar qué recuerdas y qué puedes hacer por ti mismo.
- ¿Qué señales pueden indicar que un estudiante ya está dependiendo demasiado de la IA para pensar o aprender?
Como estudiante puedes darte cuenta de que estás desarrollando una dependencia a través de algunas señales. Tus trabajos no suenan a ti; te cuesta explicar tus tareas y no puedes identificar fortalezas y debilidades; terminas proyectos complicados demasiado rápido; tiendes a usar la IA en lugar de tomarte el tiempo de pensar cómo resolver algo; sientes la necesidad de valorar cada una de tus ideas con la IA. Si has notado alguna de estas señales, te recomiendo reconsiderar cómo estás usando la IA.
- ¿Crees que la regulación gubernamental de la IA sería suficiente o hay problemas culturales que desde casa deben atacarse? Y si sí, ¿cuáles? Pensando en disminuir la atrofia de habilidades en todas las personas.
Las soluciones que vienen desde la autoridad, como la regulación, la prohibición y las salvaguardas, no son suficientes por sí solas. Una escuela puede prohibir la IA en el salón, pero si en casa nadie habla de cómo debe usarse, el problema simplemente se traslada de horario. Es esencial contar también con los usuarios: la gente que usamos la IA tenemos que estar conscientes de los beneficios y riesgos para usarla de manera segura y efectiva. La regulación y la concienciación tienen que avanzar juntas.
- ¿Cuál sería el mensaje clave que te gustaría que los jóvenes, y también sus padres y maestros, entendieran sobre el riesgo de la brecha cognitiva?
Mi preocupación principal es que en los próximos años el mundo se va a dividir entre los que usan la IA para pensar más y aquellos que la usan para pensar menos. ¿De qué lado quieres estar? ¿Quieres convertirte en un “súper humano” único o en un “engrane humano” reemplazable?
- Como maestro, ¿qué recomiendas hacer frente a la “tormenta” de la IA?
Lo principal es afrontar este reto sin miedo. La IA abre un mundo de posibilidades. Aprendamos a usar la IA para nuestro beneficio, no solo a corto sino a largo plazo. Usémosla para florecer.