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Día de la Raza posmo

Opinión
/ 12 octubre 2021
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En esta fecha, en una época más venturosa, estaríamos celebrando la empresa de aquel navegante italo-ibérico que protagonizó el primer Shark Tank, ante los Reyes Católicos de España.

Y si hablo de mejores épocas no lo digo como alguien que está instalado en la perpetua añoranza del pasado porque no soporta “la decadencia actual”. ¡Para nada! Muy al contrario, me parece que es ésta una maravillosa época para estar vivo.

Sin embargo, el presente también tiene lastres muy pesados y uno de ellos es la monserga de la posverdad.

Posverdad o postverdad, es toda afirmación basada en opiniones o sentimientos y que es defendida con la misma vehemencia que si estuviera fundada en datos objetivos.

Gracias a la posverdad la gente discute más porque siente que su creencia es tan valiosa como los datos que arroja la evidencia. Hoy en día la pinche opinión de cualquier mentecato tiene tanto peso como la más contundente y demostrable de las verdades. ¡Saludos, a los antivacunas!

De no ser por la corriente ‘posmo’ estaríamos celebrando hoy el evento que detonó el encontronazo cultural que dio como resultado... Bueno, mírese al espejo y celébrese como el crisol étnico cultural que es, porque lo cierto es que si nos faltara lo español o sin el ingrediente prehispánico, esta receta no habría quedado tan de rechupete.

Renegar de lo uno o de lo otro es profundamente patético. Reniega el whitexican que se siente más gringo que la NFL, pero también el indigenista a ultranza que por alguna razón se pone del lado de los desposeídos, sin el menor repaso a la muy compleja historia de la Conquista.

Sin embargo, gracias a la posverdad hoy es de muy mal gusto exaltar la hazaña del marino genovés (?), porque ello va a provocar necesariamente que alguien se sienta ofendido, ofendida u ofendide.

Nuestro Gobierno Federal decidió además arroparse con la indumentaria de los pueblos caídos durante la Conquista, porque le viene a la perfección con el rol que le gusta interpretar: el del pueblo históricamente ultrajado, a punto de ser redimido gracias a la poderosa intercesión (no podía ser de otra manera) de la 4T, régimen redentor que pone fin a la injusticia que ha oprimido por siglos a los más humildes.

A propósito de resarcir al pueblo, el fin de semana se vio a Emilio Lozoya comiendo en lujoso restaurante, al parecer muy a toda madre y muy quitado de la pena, pese al inconveniente de portar un brazalete que lo convierte en el testigo consentido del gobierno de AMLOVE.

Y de Andrés Manuel Tezozómoc López hablando, fue en consonancia con su discurso y doctrina que el gobierno de la CDMX, en una acción más que arbitraria y pusilánime, retiró el monumento a don Christopher Columbus del Paseo de la Reforma.

Se planeaba poner en su lugar una gigantesca cabezota de una mujer indígena (recuérdeme cuál es la palabra correcta para no decir “indígena”). Nadie en concreto, sólo una mujer sin historia, sin identidad; de ningún pueblo, tribu o nación precolombina en particular, porque así se revindica a los pueblos prehispánicos y a las mujeres, mientras que Colón, obviamente carece de cuaquier mérito para ocupar un sitio en los libros de Historia, sino que fue una clara imposición del hetero patriarcado imperialista, cae con horrido estruendo del pedestal en que inmerecidamente estuvo durante los últimos 500 años (es figurativo, ya sé que la estatua no es tan vieja).

Pero al parecer, la tal cabezota (Extrapalapaquétl) tampoco fue del agrado de todes porque sucede que el autor es un machirulo que tuvo la osadía de nacer con pito y un par de testículos que son un oprobio cuando lo que se busca es dignificar a la mujer.

¡Hombre, pos qué progresistas! Yo no sé cómo no les preocupa, aunque sea un poco, ser de un pensamiento tan progre, tan avanzado, tan “woke” que es inminente que en cualquier momento lleguen los extraterrestres para llevárselos a su planeta y aprender de ellos.

No caiga en la tentación de comparar el retiro del monumento a don Cristóbal con el de las estatuas de los “héroes” confederados de la Guerra Civil en los Estados Unidos. Esos señores peleaban única y llanamente por preservar su derecho a tener esclavos principalmente negros. Lo que constituye una afrenta viva, así que no hay punto de comparación.

En fin que, antes de la llegada de la posverdad, estábamos muy contentos, como en efecto estaban los aztecas antes del arribo de los gachupines. Pero ninguno de esos dos pueblos primitivos éramos nosotros. Se supone que somos la síntesis y por ende, algo mejor. Hagámoslo patente y celebremos a la raza, diciendo como el Piporro: “¡Ah, raza!”.

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