Dinámica poblacional: ¿por qué es importante?
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La Encuesta Intercensal 2025, elaborada por el Inegi, contiene datos de gran valor para la toma de decisiones en el sector público. Pero para eso es necesario usarla
El seguimiento permanente de los fenómenos naturales y sociales, se ha dicho en todos los tonos posibles, no es –no puede ser– un despropósito ni un hecho anecdótico. Lejos de esta posibilidad, el análisis estadístico es una herramienta privilegiada para la toma de mejores decisiones.
La lógica detrás del señalamiento anterior es simple: la existencia de un sistema de monitoreo de variables específicas implica invertir una importante cantidad de recursos públicos. Y para que esa inversión se justifique, el producto de dicho monitoreo debe tener una utilidad concreta.
Huelga decirlo: el que un dato sea útil no se demuestra produciendo coloridas gráficas para ser exhibidas en las paredes de las oficinas públicas. La utilidad se manifiesta al convertirse en insumo de las mejores decisiones posibles. Y las mejores decisiones se miden en función de los beneficios que arrojan.
Se trata de un círculo virtuoso que, al ser alimentado de forma constante, se convierte en el motor de eso a lo que llamamos progreso.
El liminar anterior viene al caso a propósito del reporte que publicamos en esta edición, relativo a los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. En particular, por el dato relacionado con el proceso de “envejecimiento” de la población coahuilense producto de un hecho puntual: el número de personas que nacen anualmente en nuestra entidad ha comenzado a disminuir.
En efecto, entre 2020 –año en el cual se realizó el último Censo General de Población y Vivienda– y 2025, el promedio de hijos nacidos vivos bajó de 2.1 a 1.9 por cada madre, lo cual se tradujo en la reducción de la población de 0 a 14 años, que pasó de 26.2 a 23.3 por ciento del total. Al mismo tiempo, el grupo de 60 años o más aumentó de 11.1 a 13 por ciento.
El dato estadístico, es importante decirlo, no es “bueno” ni “malo”, es decir, que la población general “envejezca” no es una anomalía o un “problema” que deba ser corregido. La actitud requerida ante esta realidad es más compleja: se requiere comprender que los fenómenos poblacionales demandan el diseño de políticas públicas que respondan a las consecuencias de estos.
Porque así como la estadística no es un hecho anecdótico, los fenómenos demográficos no son sólo una curiosidad intelectual. Que la población de una entidad crezca, disminuya, envejezca, padezca ciertas enfermedades o muestre propensión al desarrollo de ciertas conductas son indicadores de fenómenos que requieren ser atendidos en sus efectos.
En el caso específico de los resultados de la Encuesta Intercensal, lo que los datos indican es que los responsables de las instituciones de educación, salud y finanzas, en primer lugar, deben comenzar a prospectar el futuro para tratar de anticipar las problemáticas a las cuales deberemos enfrentarnos en unos años.
Pero para eso, desde luego, es indispensable, en primerísimo lugar, que nuestros políticos y servidores públicos entiendan, de una buena vez, que la estadística tiene una utilidad concreta.