Distrito centro: ¿demarcación o gentrificación?

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Opinión
/ 6 abril 2025

“A veces ciudades diversas se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre y mueren sin haberse conocido, incomunicadas entre sí”

Italo Calvino

El origen etimológico de la palabra distrito, según el diccionario, se remonta al latín tardío districtus, y este derivado del latín distringĕre que quiere decir “mantener apartado”. Esto quiere decir que se mantiene apartado porque en cada una de las demarcaciones en que se subdivide un territorio o una población, se distribuyen y ordenan las diversas funciones en una ciudad, los derechos civiles, así como los servicios administrativos que la componen.

En otro sentido, el denominado Centro Histórico es precisamente su centro fundacional, donde germina, donde se asienta históricamente. De ahí que sean dos conceptos: Distrito y Centro Histórico, con delimitaciones semánticas y geográficas tangibles e identificables. Carrión afirma que, para entender al centro histórico en una región como la nuestra, es decir, en América Latina, no solamente como una realidad espacio-temporal sino también como concepto, es importante reconocer su peculiaridad histórica que, en este entorno, tiene un sentido social muy particular, para lo anterior, el autor define tres categorías clave: el espacio, el tiempo y el patrimonio.

Así pues, el centro histórico contiene en sí mismo y en su relación con la realidad: el espacio (o el territorio); y el tiempo (cuando se le denomina histórico). Entonces el centro es lo urbano, este escenario concebido como un lugar y su relación con lo histórico, que lógicamente se refiere al tiempo transcurrido y los sucesos significativos que se expresan en la tercera y última categoría que define el autor: lo patrimonial.

En sus inicios, el patrimonio se refería solamente a los monumentos o lo monumental, sin embargo, la visión de estos monumentos enmarcados en un entorno que incorpora la estructura urbana y la arquitectura como un conjunto monumental con estos atributos, también es denominado conjunto urbano patrimonial, es decir, una demarcación distrital de la zona, que la separa de otros lugares también inscritos en las ciudades, pero que debido a sus características físicas o tangibles e intangibles, se diferencian del resto.

En Latinoamérica, generalmente las decisiones que impactan a las ciudades son tomadas por las entidades públicas, con suerte, autoridades de la misma ciudad que se espera que conozcan las problemáticas y necesidades del sector sobre el cual se está planeando. Sin embargo, Arango y López, aseguran que los proyectos urbanos en donde no se involucra a la población en el desarrollo de soluciones para proyectos urbanos, deriva en que al ejecutarlos, adquieran usos diferentes a los planeados, que sean abandonados o que lleguen a generar mayores problemáticas que las que pensaban solucionar.

En nuestra ciudad, la participación ciudadana es todavía muy débil, se han hecho esfuerzos por invitar actores pero no lo suficientemente relacionados a todos los sectores de la sociedad, además, en ocasiones, estos planes son referidos a expertos que se encuentran en otras ciudades, que no tienen las mismas características que la nuestra, esto no quiere decir que nunca sean exitosos, sin embargo, el diseño urbano participativo incentiva la vinculación y la cohesión del tejido social, hace comunidad.

Modificar la denominación de una zona, prometer que será un referente de innovación urbana, sin tomar en cuenta a sus propios habitantes, seguirá provocando segregación, el encarecimiento del uso de suelo y la gentrificación que expulsa así a sus pobladores originarios con su cultura, sus tradiciones y sus costumbres. La gran discusión de los centros históricos, es precisamente tener como punto de partida el presente, considerando el pasado y viendo hacia el futuro con decisiones centradas en las personas, o como afirma Carrión: la importancia de recuperar la noción de antigüedad, anterior y posterior al origen de una ciudad, posibilita retomar el ancestro socio cultural y proyectarlo hacia el futuro en el entorno más cambiante de una ciudad como es el Centro Histórico.

Argelia Isabel Dávila del Bosque es doctora en Arquitectura y Urbanismo por la UAdeC, grado que obtuvo con Mención Honorífica en 2024 y con el Premio a la Mejor Tesis Doctoral en 2025. Desde 2020 es profesora investigadora con perfil PRODEP en la Facultad de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, donde fundó y coordinó el programa de posgrado acreditado ante el Sistema Nacional de Posgrados de SECIHTI.

Su trabajo enlaza investigación académica y creación artística. Fue becaria del PECDA Coahuila en 2012 en el área de patrimonio y, en 2021, en la categoría de creadora con trayectoria. Coordinó Umbrales. El centro de Saltillo. Visiones desde la transdisciplina, libro que obtuvo el primer lugar nacional en publicación editorial en 2023. En 2025 publicó Hybris Vernacular, obra que también recibió el primer lugar nacional de diseño en la categoría de publicaciones. Como periodista cultural, ganó el Premio Armando Fuentes Aguirre “Catón” en su 23ª emisión, categoría Prensa. Además coordina la plataforma In Signia, dedicada al estudio, promoción y preservación del patrimonio y los símbolos que conforman la identidad de Saltillo. Colaboradora en revistas de divulgación nacionales y regionales, es evaluadora de artículos científicos, proyectos artísticos y programas de posgrado. También se desempeña como analista, gestora y asesora en reglamentación urbana. Sus líneas de investigación se centran en el patrimonio, los imaginarios urbanos y los emblemas simbólicos, así como en la concepción, circulación y consumo de la imagen y su papel en la construcción de la cultura.

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