¿Dónde está Xóchitl? Tres actos (2)
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Pasada la efervescencia ilusionante de su emergencia, surge una pregunta: ¿Dónde está Xóchitl? Lo pregunto, porque del 3 de septiembre, fecha en la cual obtiene la candidatura del Frente Amplio por México, hasta el 5 de noviembre, inicio de las precampañas, Gálvez desapareció.
¿Qué ocurrió en el campo adversario? AMLO retomó control de la narrativa pública y mediática relacionada con la sucesión presidencial: su aprobación popular permanece alta; su liderazgo moral -transexenal- es incuestionable; Morena mantuvo su unidad tras elegir a sus nueve candidatos a gobernadores; Marcelo Ebrard regresó cómo hijo pródigo al redil de su pastor y Samuel García -de Movimiento Ciudadano- inició su trabajo de esquirol para mermarle votos a Xóchitl.
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También, AMLO ha sido exitoso en construir un cerco informático para evitar que medios de comunicación y redes sociales hablen sobre Xóchitl y sus actividades.
Tres son las explicaciones, respecto a la súbita desaparición de Gálvez. Una; las 250 organizaciones civiles que apoyaron la creación del Frente Amplio por México; entre las cuales están el Congreso Ciudadano -que aglutina a organismos como Frente Cívico, Redes Ciudadanas- Chalecos México y otras, no tuvieron la capacidad de fusionarse orgánica y estratégicamente a la lógica del PRI, PAN y PRD para fortalecer, hasta el día de hoy, la candidatura de Xóchitl.
Cierto: crearon las condiciones para armar el Frente, armar redes de apoyo a nivel nacional, organizar eventos en distintas partes de la República, pero nada más.
Esa desarticulación con los partidos políticos es evidente: ninguno de los 20 mil puestos públicos en juego para 2024 llevará el sello ciudadano.
Para muestra un botón: PRI, PAN y PRD inscribieron una coalición parcial llamada Fuerza y Corazón X México derivada de los trabajos del Frente Amplio por México, para buscar la mayoría en el Congreso y en el Senado. Esa coalición es estrictamente partidista. Y decidirá también las candidaturas a las gubernaturas, congresos locales y presidencias municipales para 2024.
Sin el sustento de la sociedad civil organizada, la candidatura de Xóchitl -de naturaleza más ciudadana que partidista- quedó en manos de los partidos políticos.
Dos; la lógica de la partidocracia asfixió la candidatura de Xóchitl a la presidencia de la República, para privilegiar la búsqueda de la mayoría en el Congreso y el Senado.
Tal fue su ventajosa codicia que, en un inicio, los partidos terminaron fracturados: el PRD anunció el pasado 20 de noviembre, que al no ser considerados -por el PRI y el PAN- en el reparto de candidaturas, irán solos sin abandonar la candidatura de Xóchitl Gálvez.
A última hora, por presión moral de los organismos de la sociedad civil ligados al Frente Amplio por México, PRI, PAN y PRD lograron un acuerdo de unidad que cristalizaron con la inscripción ante el INE, de la Coalición parcial Fuerza y Corazón por México.
Sin embargo, la dirección de dicha coalición es clara: privilegiar el Congreso y el Senado por encima de la candidatura de Gálvez. Por ello, destinará 272 millones de pesos a la campaña presidencial de Xóchitl y 281 millones a las campañas de diputados federales y senadores.
Tres, el trabajo de aislamiento o invisibilización de Xóchitl por parte de sus adversarios ha sido efectiva. El esfuerzo de los partidos por ubicar su candidatura en un segundo orden, también. De ahí la pregunta: ¿Qué puede hacer para reconstruir su imagen y dar el salto a una política que conjunta sus virtudes para convertirse en la candidata con visión estadista, que pueda trascender el dilema neoliberalismo versus populismo y nos permita imaginar el otro México posible y luchar, codo con codo, para construirlo?
La historia reclama ese cambio en Gálvez. Y está obligada a hacerlo. Por el bien de todos y del futuro del país.
Por ello, la noticia del posible arribo de Miguel Ángel Riquelme Solís como su coordinador de campaña, a partir del 25 de este mes, es el mejor estímulo que puede tener para lograrlo.
Ella encontrará en Riquelme, un político de acero templado en situaciones de crisis, en las cuales aprendió a ser un operador electoral, diligente, metódico y estratégico y, a la par, un político pragmático, conciliador y estadista. Exitoso y de profundo legado, en ambos casos.
Ella, sin duda, encontrará en Riquelme, su mejor aliado, porque la ayudará a reconstruirse y a protegerse, para derrotar a la 4T en 2024.
Nota: El autor es director general del ICAI. Sus puntos de vista no representan los de la institución.